Las dictaduras no mueren de vergüenza; mueren de presión

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Programa

En el programa de esta semana analizamos las posibilidades reales de una transición democrática en Venezuela.

 

Dionisio Gutiérrez inició afirmando que “las dictaduras no mueren de vergüenza, mueren de presión”, y advirtió que cuando esa presión es “firme, sostenida y moralmente clara”, el tirano “ensaya su viejo recurso: la simulación”. Señaló que el verdugo que sonríe “no ha dejado de ser verdugo; solo ha cambiado de gesto”, y que el tirano “no renuncia jamás por convicción, solo se repliega por cálculo, por instinto de supervivencia”.

También expuso que las dictaduras “fingen apertura cuando el cerco aprieta” y que simplemente “compran tiempo”. Explicó que se trata de “la pausa estratégica del depredador, no la conversión del culpable”, y que, cuando la presión internacional se debilita, “vuelven al método que conocen: el sometimiento brutal, la persecución sistemática, el crimen de Estado”. Por eso, aseguró que “no hay neutralidad posible frente a una dictadura que asesina y simula”, porque “la indulgencia hacia el tirano no es prudencia, es complicidad diferida”.

Para finalizar, Gutiérrez sostuvo que Venezuela “no necesita discursos cínicos de armonía; necesita libertad real”. Afirmó que el país “no requiere gestos calculados; requiere instituciones” y que merece “el retorno pleno de la libertad, la ley y la dignidad”. También hizo un llamado al mundo libre a asumir esta causa como una “prioridad irrenunciable”, porque “cuando una nación está encarcelada, la conciencia del mundo libre también lo está”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Lorent Saleh, activista venezolano, y a Orlando Avendaño, periodista, columnista y escritor venezolano, sobre las posibilidades reales de una transición democrática en Venezuela

Saleh advirtió que el sistema represivo en Venezuela “está intacto” y que cualquier aparente apertura responde más a tácticas de supervivencia que a una voluntad real de cambio. Aunque reconoce que el régimen chavista recibe presión externa, insiste en que “ahí están los jueces, los fiscales, los torturadores” y que Diosdado Cabello continúa “manejando ferozmente la represión y un control de la violencia como nunca antes”.

Sobre su experiencia personal, comentó que fue “secuestrado en Colombia (…) de forma totalmente arbitraria”, pasando dos años en La Tumba, “un centro de tortura en varios sótanos debajo del metro de Caracas”, donde sufrió “varios tipos de torturas” documentadas por organismos internacionales. Posteriormente, fue trasladado a El Helicoide, donde no solo sufrió tortura directa, sino que debió “presenciar la tortura a otras personas”, algo que describió como incluso peor. Subrayó que su caso “no es un hecho aislado, es un patrón que se ha repetido en miles de personas que aún siguen ahí”. En ese contexto, exigió “la liberación de todos los presos y el cierre de los centros de tortura”.

Respecto a la posibilidad de que los principales responsables del sistema represivo rindan cuentas, expresó que estas personas deberían “ser juzgadas por los tribunales internacionales por crímenes graves de lesa humanidad”. 

En relación con la estrategia de Washington, Saleh señaló que, a su juicio, la intención sería “usar el mismo régimen (…) para desmontar ese aparato represivo”, aunque admitió tener dudas sobre si podría lograrse de esa forma. Sin embargo, aseguró que “no puede haber desarrollo económico, no puede haber libertad económica sin un Estado de derecho”, y advirtió que los actuales líderes del régimen “jamás van a garantizar un Estado de derecho”.

Sobre el estado de la sociedad venezolana, recordó que son “más de 25 años sometidos a un nivel de violencia y represión muy fuerte” y que “casi el 30 % de la población está fuera del territorio, exiliada”. En estos momentos, espera que la comunidad internacional se mantenga vigilante.

Por su parte, Avendaño sostuvo que el régimen chavista no actúa por convicción, sino por presión directa de Washington. Señaló que están “yendo en contra de todo lo que ellos en algún momento profesaron”, pero “no lo hacen por convicción, sino por presión y por miedo”. Añadió que el cumplimiento parcial de exigencias internacionales no obedece a un compromiso democrático, sino a la necesidad de supervivencia: “Han ido cumpliendo los reclamos de Estados Unidos. Incluso si eso ha implicado el desmantelamiento del propio Estado chavista”.

Respecto a si se trata de una transición real o de una maniobra para ganar tiempo, expresó que considera que es una transición real, aunque el régimen chavista no lo quiera y esté buscando “sobrevivir a la presidencia de Donald Trump”. Añadió que “esta transición únicamente funciona bajo la amenaza militar y la presión de Estados Unidos”. Si esa presión desaparece, “no hay incentivo para que los hermanos Rodríguez cumplan con los reclamos”.

En el plano interno, Avendaño identificó el aparato represivo como el principal obstáculo, asegurando que es este el que sostiene al régimen chavista: “Si no levantas el aparato represivo no puede haber democratización. [Tampoco] puede haber ni estabilidad ni confianza”. Aseguró que este proceso debe empezar por la liberación de presos políticos, lo cual “no ha avanzado a la rapidez que se había prometido”. 

Sobre la captura de Nicolás Maduro y la reconfiguración del poder interno, considera que fueron Delcy Rodríguez y su círculo quienes traicionaron a Maduro: “Los hermanos Rodríguez lograron lo que siempre querían: tener el control del Estado”. 

Por otro lado, aseguró que es necesario que el legado de Estados Unidos en Venezuela sea un país libre y democrático: “Sería una tragedia que al final del gobierno de Trump, en Venezuela siga existiendo Delcy Rodríguez, pero más rica, mucho más poderosa y mucho más legitimada”. 

Para finalizar, ante el escenario de que la ventana de oportunidad se cierre y la dictadura continúe, sostuvo que la responsabilidad última recae en los propios venezolanos. Recordó que tras los acontecimientos recientes “ha revivido de alguna manera la sociedad civil en las calles”, porque hay conciencia de que “aunque Estados Unidos nos está ayudando y la asistencia es determinante, al final está en manos de los venezolanos para que la transición se dé de la mejor manera”.

 

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