La incapacidad de dialogar

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Se perdió el respeto y la cordialidad en la discusión pública

 

El mundo pasa por uno de los momentos más difíciles de los últimos años. Los conflictos en Medio Oriente, la guerra en Ucrania, el crecimiento del narcotráfico y la rivalidad entre potencias mundiales son algunos de los problemas que generan más noticias y discusiones en los medios.

Las instituciones que brindaron estabilidad y certezas después de la Segunda Guerra Mundial se están desvaneciendo y no sabemos en qué terminarán los diversos conflictos globales.

En medio de toda esta incertidumbre, surge una de las características más distintivas de nuestro tiempo y es la incapacidad de sostener diálogos constructivos, respetuosos y enriquecedores entre personas que piensan distinto. 

Los conflictos que nos aquejan como sociedad no son abordados con análisis balanceados, tratando de comprender los distintos puntos de vista, sino desde la lógica de la trinchera, la guerra y la creación de enemigos. 

Nos hemos convertido en personas intolerantes y sectarias, incapaces de sostener un diálogo constructivo. Se recurre a la descalificación y a la satanización del que piensa distinto, utilizando estrategias de difamación. Estamos viviendo una guerra discursiva que nos quiere obligar a tomar partido por bandos extremistas.

Todo aquel que desea apelar al análisis con matices, a la cordura y a la mesura, es considerado un traidor y pasa a ser sospechoso de no estar comprometido con la causa de cualquiera de los extremismos. 

Lo que más preocupa es que esta conflictividad llega al extremo de dañar relaciones familiares, laborales o de amistad. En medio de esta guerra de narrativas, es importante recordar que las relaciones humanas son más importantes que cualquier causa extremista. 

 

*Columna publicada originalmente en Nuestro Diario

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