El poder se está reorganizando
A casi 3 meses del 3 de enero, la pregunta relevante en Venezuela es si ese tópico que muchos especialistas han denominado “transición”, efectivamente está ocurriendo. En ese sentido, en las líneas que siguen nos propondremos analizar las transformaciones más importantes que están ocurriendo en el país en las últimas semanas.
De acuerdo con las etapas establecidas por la administración estadounidense: estabilización, recuperación y transición, de momento no se avizora una ruptura ni una refundación. Sin embargo, eso no significa que los hechos no avancen.
El relevo de Vladimir Padrino López, luego de 12 años en el Ministerio de la Defensa, y la renovación de la totalidad del Alto Mando militar es una clara señal de un realineamiento interno (y también con EE. UU.). Asimismo, Delcy Rodríguez ha cambiado alrededor del 43% del gabinete y si bien no podemos anticipar si se trata de una apertura, es de notar que algunos perfiles no están vinculados al partido de gobierno e incluso pertenecen a un sector “tibio” y contemporizador de la oposición.
En paralelo se está dando otro proceso determinante: la elección de Fiscal General y de Defensor del Pueblo. Hasta hace días se habían animado a postularse varios perfiles de mucho valor y trayectoria en el país, lo que abrió las expectativas ante una decisión tan determinante en la eventual democratización del país donde por muchos años la persecución penal ha estado politizada y reservada casi exclusivamente a actores políticos. Hay que recordar que la Asamblea Nacional es en su mayoría chavista y en ella aún se encuentran varios de los perfiles más radicales del chavismo, comenzando por el hijo del convicto, Nicolás Maduro Guerra. Sin embargo, una buena noticia fue que el chavista radical Ernesto Villegas Poljak, retirara su postulación a la Defensoría del Pueblo y también que la Asamblea Nacional extendiera 48 horas más el proceso de postulación de aspirantes por “falta de consenso”.
Esto significa que, si bien puede que no estemos viendo una transición, es evidente que hay una recomposición dentro de la estructura de poder chavista en donde el bando “más político”, representado en los hermanos Rodríguez, ha parecido imponerse sobre el resto. De allí que a lo largo de esta semana hayamos visto al sector más radical del chavismo “pataleando” por haber sido desplazados de las esferas del poder. Desde el anterior Fiscal General, Tarek William Saab, el propagandista del régimen, Mario Silva, el diputado José Vielma Mora, todos han expresado un descontento velado contra Delcy Rodríguez, quien sigue determinada en su agenda económica con Estados Unidos para atraer inversiones al país.
Mientras esto sucede, la oposición venezolana vuelve lentamente al espacio público. Este fin de semana una cantidad importante de partidos políticos de la oposición (Primero Justicia, Voluntad Popular, Causa R, Acción Democrática y Encuentro Ciudadano) retomaron sus actividades, pero más importante, Vente Venezuela, la tolda de María Corina Machado, reabrió las puertas de su sede principal en Caracas. Esto era impensable antes del 3E, ya que estos partidos han sido criminalizados y perseguidos con saña por el régimen chavista, y en los últimos años muchos de sus líderes fueron forzados a la clandestinidad y al exilio.
Luego de esta fotografía cualitativa, veamos los números del país[1]:
- Delcy Rodríguez sigue estancada con una desaprobación del 44%
- La evaluación de su gobierno como “regular”, subió +9% con respecto a febrero
- Las expectativas económicas de la población con respecto la situación económica del país y la familia “va a mejorar”, registraron una caída del -13% con respecto a febrero
- La calificación sobre si la influencia de EEUU en el gobierno de Venezuela “es positiva”, también registró una caída del -9% con respecto a febrero
- En la pregunta sobre si Venezuela está mejor, peor o igual que cuando Maduro era presidente, se registró una caída de -13% entre quienes señalan que Venezuela está “mejor”, un aumento de +7% entre quienes responden que está “igual” y un aumento de +6% entre quienes afirman que está “peor”.
Si bien las expectativas económicas experimentan una leve caída, las expectativas políticas se mantienen: 58% afirma que el país se está volviendo más democrático y 52% responde que ha habido un aumento en las libertades civiles.
En cuanto a la imagen del liderazgo político de la oposición: María Corina Machado sigue a la cabeza con 53% de positivo y 29% de negativo. Y quien hace semanas se perfiló como posible candidato de la oposición moderada, Enrique Márquez, aparece apenas con un 19% de positivo y un 35% de negativo.
Esto es importante porque ante la pregunta específica de si Márquez podría ser el nuevo líder de la oposición, 38% dice que “no”, pero un 18% responde que “sí, como parte de un liderazgo compartido”. Por otra parte, ante la pregunta de si Machado debe regresar al país, 52% contesta afirmativamente.
Si bien en lo político se respira con más libertad, el problema de fondo sigue existiendo: el liderazgo político con mayor respaldo popular no tiene las capacidades de incidencia institucional para democratizar el sistema. Y, por otra parte, quienes tienen capacidad de incidencia institucional, no concentran la preferencia popular. El dominó sigue trancado.
En momentos como este, donde todo se reacomoda y pasan tantas cosas al mismo tiempo y donde no parece haber una síntesis, los actores menos representativos suelen ser los más decisivos. Es un proceso sin forma todavía que hay que ver en qué desemboca y que vale la pena monitorear con herramientas y variables objetivas.
Pero algo sí está claro: ya no es un solo actor el que define las reglas, hay una tutela extranjera que está pujando por cambios y hay ciertas señales en ese sentido, pero aún no es un sistema abierto.
[1] Encuesta de Atlas Intel / Bloomberg. Marzo 2026