No hay potencia sin libertad

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En el programa de esta semana analizamos el avance de China como potencia global, los riesgos de su modelo autoritario y la creciente dependencia tecnológica y política de América Latina.

Dionisio Gutiérrez inició señalando que China es hoy una gran potencia, aunque advirtió que poder no es lo mismo que grandeza ni garantiza liderazgo. Explicó que las naciones verdaderamente grandes no se miden solo por lo que producen o conquistan, sino por la dignidad que reconocen a cada uno de sus ciudadanos libres. En ese sentido, afirmó que “El Partido Comunista ha confundido obediencia con estabilidad, silencio con consenso y miedo con legitimidad”.

También se refirió a los problemas de los sistemas cerrados y a las consecuencias de concentrar el poder: “Cuando una sola persona piensa por millones, los errores no se corrigen, se multiplican”. Asimismo, señaló que en estos sistemas los funcionarios maquillan las cifras, los empresarios entienden que la lealtad política vale más que la innovación y la sociedad termina viviendo dentro de una ficción construida para complacer al poder.

Sobre la política exterior de China, cuestionó su manera de relacionarse con el mundo y afirmó que “China no se relaciona con el mundo como miembro responsable de una comunidad internacional, sino como un imperio que calcula puertos, minerales, rutas, votos y dependencias”. También señaló que puede generar dependencia e imponer silencio, pero no necesariamente conseguir confianza o liderazgo moral: “Puede comprar gobiernos, pero no admiración; puede generar dependencia, pero no confianza; puede imponer silencio, pero no liderazgo moral”.

Para finalizar, Gutiérrez destacó la contradicción central del proyecto chino: “Quiere los frutos de una sociedad abierta manteniendo las raíces de una sociedad cerrada”. Y concluyó que China probablemente seguirá siendo poderosa, pero que su ambición de convertirse en el país dominante del mundo se aleja por los métodos que utiliza para alcanzarla. En sus palabras, “Ninguna nación puede dirigir a la humanidad si teme a sus propios ciudadanos”. Así como también advirtió que “la fuerza puede obligar, pero no inspirar; que el dinero puede comprar influencia, pero no respeto; y que un cerebro único, por poderoso que parezca, jamás podrá sustituir la inteligencia libre de millones de seres humanos”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Eduardo Fernández, doctor en ciencia política y profesor universitario, sobre los desafíos que enfrenta América Latina ante el nuevo orden internacional, la pérdida de soberanía por la dependencia de sistemas autoritarios y la necesidad de fortalecer el Estado de derecho, la división de poderes y las democracias liberales.

Fernández advirtió sobre los riesgos de la dependencia tecnológica frente a China, especialmente por la expansión de su infraestructura digital y sistemas de vigilancia. Señaló que estas tecnologías penetran silenciosamente y generan “dinámicas de dependencia” entre los países y el proveedor, con “menos transparencia”, “más opacidad” y mayor control sobre la provisión, almacenamiento y procesamiento de la información. A su juicio, China está utilizando esta estrategia de manera deliberada: “es el país más video-vigilado del mundo” y está exportando esa tecnología, “generando ciertas dinámicas de dependencia muy peligrosas”.

Sobre las consecuencias para la soberanía, Fernández fue contundente al afirmar que en estos casos “ni hay libertad ni hay soberanía”. Explicó que, progresivamente y “sin transparencia, con mucha opacidad”, los países pierden “la capacidad de decidir sobre el futuro mismo” y también “la libertad”. Advirtió además que esta vulnerabilidad se agrava por la asimetría de información en áreas como la alta tecnología y la ciberseguridad.

Fernández también cuestionó el atractivo del modelo autoritario chino. Reconoció que su capacidad para tomar decisiones rápidamente puede resolver problemas en el corto plazo, pero advirtió que, a largo plazo, la “división de poderes, el imperio de la ley, la estructura de derechos y libertades de las personas, la cultura de la transparencia, la cultura de la competencia” van desapareciendo. Por ello, concluyó que “no es un modelo para exportar” y que, en definitiva, “resta en favor de la libertad, no suma”.

Al abordar los problemas de América Latina, Fernández sostuvo que las élites tienen una responsabilidad fundamental. Advirtió que, cuando estas fallan, “surgirá un outsider que intentará proveerlo a la sociedad”. En ese sentido, planteó una idea central: “el líder autocrático es consecuencia y no causa”. Para Fernández, el origen está en “el fallo de las élites, el fracaso de las élites a la hora de construir democracias liberales con valores republicanos”.

Sobre el papel de América Latina en el nuevo escenario internacional, Fernández advirtió que un exceso de dependencia de sistemas autoritarios puede convertir a la región “en un terreno de juego en lugar de un actor soberano con capacidad de decisión”. Sin embargo, destacó que mantiene una visión positiva: “América Latina tiene mucho futuro a pesar de los problemas. Soy optimista y creo que tiene mucho futuro”.

En materia de política exterior, Fernández identificó la previsibilidad y la confianza como condiciones esenciales para construir alianzas duraderas: “Un país serio, cuando trata de política exterior, tiene que ser predecible, tiene que ser confiable”. Advirtió que la erosión de estos principios ha dejado al mundo marcado por “riesgo e incertidumbre”, mientras que “la predecibilidad es cada vez es un bien de lujo”.

Fernández consideró además que el principal desafío de Occidente no es necesariamente militar, sino político. Aunque reconoció que las democracias occidentales “siguen siendo fuertes” en términos militares, sostuvo que “quizás sus políticos no son tan fuertes” y que sus élites “no están a la altura del tiempo histórico que tenemos”. Para él, el problema sigue siendo “de voluntad”, “de compromiso” y, nuevamente, “de predecibilidad”.

Finalmente, Fernández planteó las prioridades que América Latina debería asumir para fortalecer su posición internacional: “profundizar en el imperio de la ley, mejorar el Estado de derecho y la división de poderes”, abrirse al mundo y al comercio internacional y “esforzarse por construir mejores democracias liberales”. Advirtió que la región cuenta actualmente con “democracias electorales pero no liberales” y que el desafío es evitar que ese proceso termine conduciendo a “autocracias electorales”.

Para ver el programa completo, haga clic aquí

 

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