Una guerra entre la libertad y el autoritarismo

Una guerra entre la libertad y el autoritarismo
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Empresario, sociólogo y comunicador. Doctor en Sociología y Ciencias Políticas. Es Presidente de la Fundación Libertad y Desarrollo y Director General del programa Razón de Estado. 

Empresario, sociólogo y comunicador. Doctor en Sociología y Ciencias Políticas. Es Presidente de la Fundación Libertad y Desarrollo y Director General del programa Razón de Estado. 

03 Mayo 2022

Gloria a Ucrania

 

Una invasión ilegal, la muerte de inocentes, el asalto a una democracia europea y el secuestro de la libertad de un pueblo son los crímenes por los que será juzgado el tirano asesino del Kremlin.

El 24 de febrero de 2022, el mundo volvió a cambiar para siempre.

Las locuras de un psicópata que pretende reescribir la historia y cambiar el balance de fuerzas a la fuerza no es cosa nueva. La historia tiene en su sitio a los peores. Nerón, Mao Zedong, Stalin, Hitler y otros. Ahora se suma ese tal Putin.

Las tres razones por las que el dictador de Moscú terminará derrotado y en el basurero de la historia son, la primera, los invasores jamás pensaron encontrar ese valor admirable y la ejemplar determinación del pueblo ucraniano para defender su hogar y su libertad; un pueblo que esta dispuesto a todo para hacer realidad la leyenda de David contra Goliat. La segunda razón es que el occidente desarrollado, liderado por USA, le plantó cara al hijo de Putin. Y la tercera es que el déspota sobrestimó a su ejército.

Esta es la primera agresión militar a gran escala que vive un planeta totalmente conectado. Hasta el último ciudadano decente del mundo civilizado está haciendo sentir su protesta y su condena

Kharkiv, ciudad importante de Ucrania, en la frontera con Rusia, conocida por tener docenas de museos, teatros y universidades que están llenas de gente joven. Su punto de reunión más importante lleva el nombre de “La plaza de la libertad”.

Kharkiv fue atacada con odio por Putin, el tirano, pues cada día, más jóvenes rusos descubrían en esa ciudad la libertad, la coherencia social y la oportunidad que no encuentran en su país.

Putin desprecia las sociedades libres y democráticas. Es un dictador intoxicado por la vida y aislado, que mal gobierna una potencia pobre, con un pueblo envejecido, deprimido y empobrecido. Solo le quedan el gas, su petróleo, los oligarcas que invierten su botín en países libres; y un Ejército capaz de destruir, pero sin propósito ni convicción.

Su arrogancia no tiene límites. La economía rusa es más pequeña que las de Texas, Italia y Canadá; y con las severas sanciones económicas que el mundo le está imponiendo, sumadas al merecido aislamiento político de occidente, además de arruinar su ya deteriorada economía, Rusia quedará convertida en un país paria.  

Desde 1945, las naciones ya no se definen por raza, sino por la voluntad de convivir en espacios políticos libres y comunes. Es falso que la geografía de una nación debe coincidir con la raza. Los argumentos putinianos no tienen legitimidad científica ni histórica. El Occidente Libre lo debe saber. Putin es una copia vulgar de Hitler. Y este es el problema. El desquiciado del Kremlin podría llevar su locura a la locura, y hacer pagar al mundo lo inimaginable con su inevitable derrota. No hay que olvidar el peligro que representan 6000 ojivas nucleares en manos de un tirano enloquecido.    

El mundo está presenciando algo mucho más grande que la invasión a una nación libre y democrática. Ésta es una guerra europea entre la libertad y el autoritarismo. Es la batalla entre el nacionalpopulismo y la democracia liberal, los dos grandes proyectos políticos que se disputan el mundo de nuestro tiempo.

El desafío del Occidente democrático es seguir construyendo una fuerza global suficiente para estar a la altura y para llevar esta crisis a las últimas consecuencias para detener al tirano y para liberar y proteger al valiente, digno y luchador pueblo ucraniano.

Las democracias solo son débiles en apariencia. Crecen cuando están amenazadas y por eso aliadas. Esto, el dictador no lo entiende; y aunque es difícil negociar con un déspota que ha perdido la razón, éste es el momento de Occidente para hacer valer los valores de la democracia, la Justicia y la Libertad.

Hoy, Ucrania entera es “La Plaza de la Libertad”. Como debe ser. Gloria a Ucrania.