Nos tendremos que apretar el cinturón
La guerra en Irán está teniendo sus efectos en Guatemala con el aumento del precio de la gasolina, lo que implica un duro golpe a la economía familiar de los guatemaltecos.
Las familias que tienen vehículo han aumentado el gasto de combustible, por lo que tendrán que reducir gastos en otras áreas para seguir manteniendo el mismo uso del vehículo. También podrían reducir el número de viajes para no gastar tanta gasolina.
Quienes no tienen vehículo verán afectadas sus finanzas por el incremento en los pasajes del transporte urbano y extraurbano. Y, muy seguramente, comenzarán a incrementarse los precios de muchos productos por el aumento en los costos del transporte.
Al final, todos sentiremos los efectos de una guerra que está sucediendo a miles de kilómetros de nuestro país. Las autoridades guatemaltecas no pueden hacer nada para afectar el precio internacional del petróleo.
La solución que plantean las autoridades es subsidiar la gasolina, el diésel y el gas. En 2022, se implementó una medida similar y se gastaron más de 2 mil millones.
El problema con estas medidas es que el dinero se les entrega a las empresas y no se sabe con certeza que se esté reduciendo el precio como deberían. No hay control.
En segundo lugar, lo más fácil y transparente sería quitar los impuestos a los combustibles. Es una locura cobrar impuestos a los combustibles y luego dar un subsidio para que bajen de precio.
En tercer lugar, si el aumento de precios se mantiene por varios meses, las finanzas del Estado no aguantarían. Lo mejor sería que el Gobierno dedique esos recursos a solucionar la mala infraestructura. Eso tendría efectos más beneficios y permanentes para los guatemaltecos.
*Columna publicada originalmente en Nuestro Diario