Los abogados están perdiendo su prestigio
Según la Real Academia Española, un leguleyo es una “persona que aplica el derecho sin rigor” o bien una “persona que hace gestiones ilícitas en los juzgados”. En Guatemala les llamamos güizaches a los abogados que son malos y que se prestan a ilegalidades.
Para nuestra desgracia, en Guatemala abundan los leguleyos o los güizaches. Hay demasiados abogados que no tienen la formación necesaria y venden su voto en las votaciones del Colegio de Abogados para obtener favores en los juzgados y en las cortes del país.
Resulta triste y grotesco ver abogados que participan “alegremente” de fiestas y celebraciones con licor, comida y regalos para comprar sus votos. La idea de un abogado que se da a respetar cada vez es más escasa.
Pero los peores son aquellos abogados que se dedican a defender el régimen de impunidad en el país y que hacen malabares mentales para justificar actos evidentemente ilícitos que atentan contra la institucionalidad democrática del país.
Son abogados que justifican detenciones ilegales, casos sin fundamento, guerras jurídicas y hasta pretenden anular elecciones. Son abogados que con argucias pretenden descarrilar el proceso de integración de Cortes que actualmente se está desarrollando en Guatemala.
Estos abogados no tienen ética, y con cinismo pueden defender un día una postura y al día siguiente defender una totalmente contraria. No tienen ninguna coherencia y lo único que les interesa es el poder o el dinero.
Para estos abogados, no existe la justicia ni el Estado de derecho. Buscan en las leyes algún espacio para defender actos evidentemente injustos e inmorales.
Ojalá los buenos abogados den un paso al frente y rescaten el prestigio de su noble profesión.
*Columna publicada originalmente en Nuestro Diario