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Lies, populism, repression and the indifference of elites

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Las armas del poder:

 

América Latina se pasó los últimos 100 años en el vaivén de los ciclos, los columpios y los subes y bajas. Hemos tenido épocas de progreso y esperanza; de retroceso y frustración.

A pesar de los golpes y las traiciones a la democracia, a la ley y a la libertad, en los últimos años, si nos comparamos con décadas pasadas, se debe reconocer que hemos mejorado y avanzado en casi todos los campos de la vida; pero no lo suficiente. Y hoy, el futuro próximo está en peligro.

Los desafíos del mundo en el Siglo XXI están marcados por la insuficiencia de tantas cosas, la confusión de tantas otras, la mala leche de quienes se aprovechan de las circunstancias y la forma en que la mentira, las intrigas y la maldad caminan como fuego en gasolina.  

Las ideologías, lejos de ser material para discusiones de alto nivel en democracia, se convirtieron en la excusa que unos ponen para meter miedo y otros para exacerbar los odios porque las expectativas están lejos de la realidad.

Así, la noticia es que, en América Latina nos la hemos pasado dando bandazos, de golpe en golpe, de miseria en miseria, de mentira en mentira, acumulando insuficientes victorias y dejando atrás a demasiada gente a causa de la incultura y la brutalidad que imponen unos y otros.  

La historia detrás de esta historia es que la política se convirtió en puente y plataforma para cualquier cosa menos para trabajar en libertad con la gente por el bienestar del colectivo.

Demasiados Países en los 4 continentes están llenos de políticos que, cuando meten las manos para resolver los problemas que ellos mismos causaron, son nuestros derechos los que terminan comprometidos y nuestras libertades las que salen trasquiladas; y esto, ante la indiferencia o la complicidad de las élites.

Así, el mundo, y en especial América Latina, viven una época de confusión, desorden y desesperanza. Nos dicen que vivimos en democracia, pero la realidad es que estamos regresando a la barbarie de la ley del más fuerte y el sálvese quien pueda.

Con escasas excepciones, lo que están haciendo desde México hasta la Argentina con la democracia liberal y sus valores republicanos podría regresar a la América Latina a los peores años del Siglo XX.  

Es cierto que la democracia tiene defectos y pasa por mal momento, pero cualquier otro sistema solo produce subdesarrollo y pobreza. Por eso es tan importante dejar de llamar democracias, por un lado, a las naciones gobernadas por bandidos que se dicen de derecha; y por otro, a las naciones capturadas por populistas de izquierda radical que, también son bandidos, aunque pretendan hacerse pasar por demócratas.  

En América Latina, la de político debe ser una de las pocas profesiones para la que no hace falta tener ni la primaria. La economía, el derecho, la ciencia, la diplomacia, el honor y la decencia son materias desconocidas para esa horda de estafadores que arrasan el continente y buscan el poder político por ambición y sin escrúpulos, para hacer de naciones enteras, fincas personales. Se atreven a todo porque todo lo ignoran. Y porque nadie pide cuentas. Por eso hace tanta falta el ciudadano.

Los escándalos del gobierno peruano, la complicidad y el amiguismo del nuevo presidente de Colombia con la dictadura criminal de Caracas y la destrucción de Argentina a manos del peronismo populista son solo tres ejemplos que ratifican que América Latina navega en aguas sórdidas, turbulentas, predecibles.

Por eso hace tanta falta el ciudadano, presente, valiente, amante de la libertad; para dejar de vivir en el disparate y lograr que algún día dejemos de ser pueblos que merecemos la historia y los gobernantes que tenemos.

 

 

 

 

The use and abuse of power

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Vivimos tiempos difíciles, tiempos de prueba. 

 

La democracia fue la idea política más exitosa del Siglo XX; pero tuvimos que pasar por dos guerras mundiales y una depresión económica para aprender que el respeto y el ejercicio de ciertos valores permite y promueve la evolución del ser humano y el desarrollo de las naciones.

Esos valores encontraron casa y bautizo en esa forma de vida que se llama democracia liberal, republicana y capitalista; una forma de vida que, a pesar de sus defectos y limitaciones, ha demostrado sus ventajas y beneficios.

Las naciones modernas y desarrolladas de hoy son el resultado de la libertad y del ejercicio del respeto a esos valores que también se conocen como “Los valores de Occidente”.  

En esta segunda década del Siglo XXI ya quedó claro que la especie humana vive un cambio de era al que todavía no encontramos propósito, rumbo y claridad.

Sabemos que la libertad es el valor con el que se nace y debe ser la condición con la que se muere; sin embargo, desde hace más o menos 15 años, cada vez, menos personas en el mundo tienen la oportunidad de votar en elecciones realmente libres y democráticas.

El carnaval de los tiranos está regreso. La crueldad contra lo humano, la falta de respeto a los derechos fundamentales y el desprecio a la libertad individual son, otra vez y en pleno Siglo XXI, un fenómeno brutal, creciente y con escasa oposición.  

A las tiranías del Siglo XX – nazismo, comunismo y fascismo – se sumaron en las últimas décadas el fanatismo islámico y el populismo autoritario, de izquierda o derecha. Siempre con el mismo objetivo: someter a los pueblos, violar sus libertades y convertir naciones enteras en botín de caudillos, sociópatas y bandidos.

Es cierto que una economía global insuficiente, los altos niveles de conflictividad social provocados por la desinformación y la mentira, los impactos del cambio climático, nuestra lentitud en aprender a convivir con ciertos elementos disruptivos de la tecnología y la simbiosis que se ha producido entre la política, la corrupción y el crimen trasnacional, tienen al mundo de cabeza; pero, si no resolvemos y corregimos pronto, llegaremos al borde del precipicio.

A través del drama, la novela y los juegos del poder que ha sido la política a través de la historia, siempre fueron pequeños grupos los que marcaron los momentos estelares, para bien y para mal. Siempre fue la naturaleza humana, la forma de ser de los individuos que estaban al mando, la que definió si lo que se escribía en cada capítulo de nuestro libro, era para nuestra desgracia o para la gloria y la libertad de los pueblos.

Ahora bien, siempre fue, es, y será El Ciudadano, el que hace realidad la ilusión por la evolución y el desarrollo de su familia, de su pueblo, de su nación, a pesar de la política, con la ayuda de la tecnología, en el marco de una cultura societaria que premia la excelencia, reclama el respeto y promueve la solidaridad; una cultura que aprende de sus errores, distingue a quien lo merece, elige a sus mejores y aplaude los éxitos de unos porque sabe que son de todos.    

Ese Ciudadano debe vivir sin olvidar lo que dijo uno de los grandes del Siglo XX, respecto a que la democracia es el peor sistema político del mundo, con excepción de todos los demás; y que, en el fondo de su corazón, y aunque sea en su inconsciente, sabe que el valor, el único y el principal, del que depende su bienestar, su honor y su humana dignidad es la libertad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Facing the decline of the public sector

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La confianza, más que una virtud, es el resultado de practicar la honradez y la decencia.

 

Hace unos años encontré un proverbio que dice: No hay puerta mejor cerrada que la que puede dejarse abierta”.

Decía un maestro, “la vida buena es cuestión de confianza”; y es cierto, la vida diaria tiene otro pulso cuando se puede confiar en el doctor, en la tienda de la esquina, en la empresa en que se trabaja, en el juez, en la policía, en las instituciones del Estado.

En los últimos 20 años, o sea, casi todo lo que va del Siglo XXI, según estudios serios, la política, la economía, y ahora la salud, han venido sufriendo un descalabro de tal magnitud que ha hecho que los latinoamericanos hayamos perdido la confianza en nuestro entorno a niveles tan bajos que comprometen el desarrollo de nuestra región.

En estos estudios se demuestra que la virtud de la confianza en América Latina está mucho más deteriorada que en los países desarrollados. Sus hallazgos confirman que nuestras sociedades viven con desconfianza en su prójimo, con desconfianza en su comunidad, en las autoridades, en las instituciones públicas y privadas.

Según los expertos, este déficit de confianza compromete el desarrollo y el futuro. Nos hace sociedades débiles y sumisas, descabeza el civismo, facilita la autocracia y erosiona las libertades.  

La confianza es la base de la cooperación social. Sin ella, no hay desarrollo. La prosperidad depende de la capacidad de asociarse y esto solo se alcanza cuando hay desarrollo humano. Un desarrollo que solo dan la confianza y la asociación para alcanzar consensos que anhelan y trabajan por causas comunes. Esta es la clave del desarrollo.

Dice un querido maestro que las personas confiamos únicamente en quienes aún no nos han mentido. El problema es que, en los últimos 20 años, la América Latina se ha llenado de mentiras e indiferencia, de sus gobiernos, de sus políticos, de sus élites.

Dice el maestro que la confianza, más que una virtud, es el resultado de practicar la honradez y la decencia.

¿Quién va a confiar en los estafadores que mienten; en quienes no honran su palabra o deshonran los contratos?

Si esto es cierto en el orden económico, lo es mucho más en el orden político. Por eso, las personas – los ciudadanos – los grupos y las instituciones de la sociedad deben volver a los valores fundacionales que construyen naciones libres y prósperas. El primero, la confianza en nosotros mismos.

En estos tiempos aciagos y seculares debemos rescatar la confianza porque es la base de la unidad, el requisito de la cooperación social, la cláusula del bienestar, la razón que nos da paz y armonía  

Ante la decadencia de lo público y la indecencia de los políticos, el ciudadano se refugia en su grupo y en su familia. Ante el abandono del Estado no le queda más que confiar en si mismo, en su familia, en sus amigos, en sus compañeros; las únicas personas en este mundo a quienes, como dice el proverbio, se puede dejar abierta la puerta de su hogar.

 

 

 

 

 

 

 

The free fall of Cristina in Argentina and Castillo in Perú

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En una región donde las victorias electorales son más que todo por voto-castigo y un escaso margen de ventaja con mayorías circunstanciales, una vez más se confirma que felizmente esta nueva oleada de la izquierda populista no es una aplanadora ni está exenta de traspiés.

 

En estos días previos a las fiestas decembrinas y en pleno del mundial de fútbol, la política latinoamericana se rehúsa a darnos una tregua de descanso.

El martes 6 de diciembre, la vicepresidente argentina Cristina Fernández de Kirchner fue condenada a seis años de prisión y a una inhabilitación política de por vida por su conexión en el desfalco por 1000 millones de dólares del erario público por el caso “Vialidad”.

En una jugada melodramática, la vicepresidenta no perdió oportunidad de volver a victimizarse y salió declarando que no se va a presentar como candidata al 2023 y que se retirará “a su casa” como lo hizo en 2015. Según los cálculos de la bancada kirchnerista en el Congreso, con la caída de Fernández de Kirchner, se iba a desatar un “quilombo”, es decir, una oleada de protestas en el país. Sin embargo, eso no sucedió. Al parecer, el bad timing se debe a que el mundial de fútbol se halla más alto en la escala de prioridades de los ciudadanos argentinos en estos momentos.

Más allá de las formalidades procesales del caso, nos detendremos en las repercusiones de esta sentencia en la política argentina. Básicamente, la condena de Fernández de Kirchner puede ser el último clavo en el ataúd del “kirchnerismo”, un movimiento populista vástago del histórico peronismo que ha dominando por casi dos décadas la política del país austral. En ese sentido, la inhabilitación política de Cristina puede abrir el dique para una re-configuración de liderazgos dentro del peronismo de cara a la elección de 2023, además cuando el gobierno de Alberto Fernández se halla en sus mínimos históricos de popularidad y la derecha tiene grandes posibilidades de llegar al poder.

Por cierto, no extrañó que el corifeo del Foro de Sao Paulo conformado por AMLO desde México, Díaz-Canel desde Cuba y Xiomara Castro desde Honduras, repudiaran la sentencia a Fernández de Kirchner y le reiteraran su solidaridad.

Por otra parte, el miércoles 7 de diciembre, cuando la mayoría del Congreso peruano se preparaba para declarar la vacancia por “incapacidad moral” del presidente Castillo, éste decidió decantarse por un arrebato autoritario disolviendo el Congreso y el Poder Judicial, además de convocar a una Constituyente para los siguientes meses y decretar un Gobierno de excepción justo horas antes del debate de la moción, que culminó finalmente en la destitución y detención del mandatario.

Este “autogolpe” y posterior muerte cruzada fue el punto más álgido de un enfrentamiento de año y medio en donde Castillo no demostró la suficiente inteligencia política para hacer gobierno. Con un Congreso hiperfragmentado, un gabinete que cambió por lo menos cinco veces y por el que pasaron más de 50 ministros diferentes, un escándalo de corrupción en el que está inmersa su propia familia y finalmente la ruptura con su mentor político, el ex senderista y leninista Vladimir Cerrón, hicieron que el desesperado y tembloroso maestro rural se erigiera en autócrata por unas horas. Ahora se unirá al club de ex presidentes convictos peruanos.

Este sin duda es un revés para el nuevo eje político latinoamericano liderado por AMLO desde México, quien hace semanas expresó su solidaridad a Castillo diciendo que el peruano era víctima de la “rabia conservadora” y a quien consideraba respaldar en la próxima Cumbre de la Alianza del Pacífico cuyo lugar de celebración fue cambiado a última hora a la ciudad de Lima, luego de que el Congreso peruano prohibiera a Castillo salir del país para asistir a la cita original en la ciudad de Oaxaca, México. En el acto de entrega de la presidencia pro témpore a Castillo, AMLO seguramente tenía pensado desplegar su acostumbrada perorata anti-imperialista de unión de los pueblos latinoamericanos. Horas después de la detención de Castillo, el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, twitteó que la cumbre se suspendía[1] .

En una región donde las victorias electorales son más que todo por voto-castigo y un escaso margen de ventaja con mayorías circunstanciales, una vez más se confirma que felizmente esta nueva oleada de la izquierda populista no es una aplanadora ni está exenta de traspiés.

 

[1] La idea original de Castillo era refugiarse en la embajada de México, pero terminó en la prefectura de la policía porque el pueblo peruano se congregó en las afueras del recinto diplomático para impedirle la entrada.

How does Guatemala score in the 2022 Rule of Law Index?

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El índice deja ver que los principales retos de Guatemala están en el ámbito de la justicia y la seguridad. En materia de justicia penal, Guatemala está entre Mali y México; en justicia civil entre Nicaragua y Afganistán; en orden y seguridad entre Bolivia y Uganda y en ausencia de corrupción entre Bangladés y Perú.

 

Recientemente el World Justice Project publicó el Índice de Estado de Derecho para el 2022. Cada año aprovecho para recordar la importancia del ideal del Estado de Derecho, de la forma en que se compone el índice, de quiénes son los mejor y peor evaluados en el índice y ver en dónde se ubica Guatemala.

Definir el Estado de Derecho no es fácil y no hay un consenso general dentro de la academia. Sin embargo, en las últimas décadas ha cobrado importancia. Por ejemplo, el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea hace mención del Estado de Derecho como uno de los valores de la Unión.

También desde las ONU ha quedado plasmada la importancia del estado de derecho. Vale la pena citar un pasaje de la resolución A/RES/67/1 que dejó claro que: “Reconocemos que el estado de derecho se aplica a todos los Estados por igual y a las organizaciones internacionales, incluidas las Naciones Unidas y sus órganos principales, y que el respeto y la promoción del estado de derecho y la justicia deben guiar todas sus actividades y conferir previsibilidad y legitimidad a sus acciones”.

La Comisión de Venecia elaboró los criterios de verificación del Estado de Derecho para monitorear su cumplimiento de forma más certera. En este informe, se cita la definición de Lord Bingham quien definió el Estado de derecho o la rule of law como aquella situación en que:

“todas las personas y autoridades dentro de un Estado, ya sean públicos o privados, deben obedecer y tener derecho al beneficio de las leyes públicamente aprobadas, teniendo efecto (generalmente) hacia futuro y administradas públicamente por los tribunales”.

El World Justice Project se propone “medir” el cumplimiento del ideal del Estado de Derecho a partir de 44 indicadores que se engloban en ocho categorías más amplias. En el índice de 2022, se midieron 140 países.

Las ocho categorías a medir y el puesto de Guatemala en el ránking son las siguientes: 1) límites al poder del gobierno (75/140); 2) ausencia de corrupción (114/140); 3) gobierno abierto (65/140); 4) derechos fundamentales (74/140); 5) orden y seguridad (125/140); 6) cumplimiento regulatorio (115/140); 7) justicia civil (135/140); y 8) justicia penal (127/140).

En el ránking global, en 2022 Guatemala queda en el puesto 110 de 140 países. En 2021, Guatemala calificó en el puesto 109 de 139 países. Tanto en 2021 como en 2022, en el índice absoluto Guatemala califica con 0.44 (siendo 0 la peor nota y 1 la mejor). Su caida en el ránking es una caída en la posición relativa al agregarse un país más a la medición (lo mismo sucedía en 2021). Guatemala está entre Níger (109) y Madagascar (111).

El índice deja ver que los principales retos de Guatemala están en el ámbito de la justicia y la seguridad. En materia de justicia penal, Guatemala está entre Mali y México; en justicia civil entre Nicaragua y Afganistán; en orden y seguridad entre Bolivia y Uganda y en ausencia de corrupción entre Bangladés y Perú.

Agrego un elemento más para la reflexión. En el testo The Rule of Law de Lord Bingham, el autor establece ocho criterios para el estado de derecho. El octavo criterio establece: “El estado de derecho exige el cumplimiento por parte del Estado de sus obligaciones tanto en el derecho internacional como en el derecho nacional”. Si agregamos este elemento, ¿cómo calificaría Guatemala en este aspecto?

Once again, reforms to the State Procurement Law

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La legislación actual es deficiente, incongruente, está plagada de reformas que le han añadido inconsistencias, pero nada de lo que hoy está sobre la mesa legislativa corrige los vicios del actual sistema

La semana pasada avanzó en su primer debate la iniciativa 6065 que pretende hacer reformas a la Ley de Contrataciones del Estado, decreto 57-92. La iniciativa se presentó ante el pleno el 26 de abril de este año y hace pocos días, el 14 de noviembre, logró un dictamen favorable e hizo su paso a máxima velocidad hacia el pleno. 

¿Qué propone esta iniciativa? Básicamente elevar el techo de la compra por cotización para las municipalidades. Actualmente la Ley de Contrataciones (artículo 38) establece que la compra por cotización procede siempre que el precio de los bienes o servicios a adquirir este entre los Q90,000 y Q900,000. La iniciativa 6065 propone que, para las municipalidades, este montó pase a ser entre los Q200,000 y Q2 millones. 

Asimismo, propone modificar los rangos de precios para las modalidades de compra de baja cuantía y compra directa. La compra de baja cuantía consiste en una compra directa de bienes o servicios siempre que el monto no pase de los Q25,000. La iniciativa 6065 busca que este monto pase hasta los Q75,000 únicamente para las municipalidades.

La compra directa consiste en la compra de bienes o servicios a través de una oferta electrónica, pero sin aplicar los mecanismos de la adquisición por cotización o licitación. Actualmente esta modalidad procede en adquisiciones de montos que oscilen entre Q25,000 y Q90,000. La iniciativa 6065 busca que pasen de Q75,000 a Q200,000 para las municipalidades. 

¿Por qué importa? Básicamente porque lo que una ley de contrataciones debe buscar es que la adquisición de bienes o servicios ocurra con celeridad, pero también bajo un proceso competitivo que garantice el buen uso de los recursos públicos. Los procesos de compra de baja cuantía y compra directa son importantes, pero no incluyen los mecanismos de competencia que sí incluyen la cotización y la licitación.

Naturalmente la actual Ley de Contrataciones requiere cambios urgentes. Ya hice referencia antes a un estudio que lo aborda. Pero lo que llama la atención es que se trata del tercer intento del Congreso por parchar la ley en este sentido. 

En abril de 2021 el Congreso aprobó el decreto 4-2021. Este decreto buscaba prácticamente lo mismo: modificar los montos de cotización de Q200,000 a Q2 millones para cotización, aumentar monto de compra de baja cuantía hasta Q100,00 y el de compra directa de Q100,000 a Q200,000.

El presidente acabó vetando el decreto, pero dio dos razones. La primera, que a su juicio el monto debía incrementarse únicamente para las municipaliades y no para el resto de entidades públicas. Y dos, que le faltaba un artículo transitorio que abordara lo relativo a los eventos de adquisiciones en curso. El congreso aceptó entonces el veto. Teóricamente la 6065 los aborda, así que un eventual veto parece menos probable esta vez.

Pero luego hay que recordar que hace apenas unas semanas en el Congreso avanzaba a velocidad supersónica la iniciativa 64141, Ley de Adquisiciones. Esta iniciativa pretende reemplazar la actual Ley de Contrataciones por una nueva. Pero de nuevo tiene poco y parte de sus ejes centrales eran precisamente la ampliación de montos para cada modalidad.

Por ejemplo, la iniciativa 6141 busca ampliar la modalidad de baja cuantía hasta Q35,000, establecía la modalidad de compra simplificada para montos de Q35,000 a Q125,000 y la cotización pasaba a montos entre Q125,000 a Q2 millones (artículos 50 y 53 de la iniciativa). Varían los montos, pero la idea central es la misma. 

No quiero dejar de insistir en la necesidad de revisar y modificar la normativa de contrataciones. La legislación actual es deficiente, incongruente, está plagada de reformas que le han añadido inconsistencias, pero nada de lo que hoy está sobre la mesa legislativa corrige los vicios del actual sistema. Quizá, eso sí, sirvan para empeorar lo que ya tenemos.

Is Venezuela "fixed"? Maduro's international facelift

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Hoy el dictador se victimiza, y aduce que su gobierno ha soportado sanciones, bloqueos y amenazas de invasiones.

 

Desde mediados del 2021, la narcodictadura venezolana ha hecho todos los intentos posibles para lavar su imagen frente a la opinión pública internacional y sembrar la idea de “apertura” de un supuesto retorno a la gobernabilidad con la oposición y de estabilización económica.

Lamentablemente, en su cometido coadyuvaron varios factores geopolíticos que –tal vez por azar– se alinearon para limpiar la imagen internacional del dictador: el giro electoral hacia la izquierda que ha tenido la región desde 2021, sobre todo en Estados Unidos, Colombia y Brasil[1]; además de la subida del precio de los combustibles, producto de las sanciones a Rusia por la invasión a Ucrania a inicios de 2022.

Recordemos que en 2019, la mayoría de los países latinoamericanos (por aquel entonces gobernados en su mayoría por la derecha), y liderados por Luis Almagro en la OEA, conformaron el Grupo de Lima. Este grupo de países pedían una transición democrática en Venezuela, la celebración de elecciones libres, la liberación de presos políticos y el respeto a los Derechos Humanos. Pero como dice el popular refrán “las oportunidades las pintan calvas”, esta alineación geopolítica no duró para siempre. A partir de 2020 y hasta 2022, la correlación de fuerzas en la región cambió y Maduro supo soportar la presión que le pusieron más de 50 países del hemisferio que no reconocieron su mandato.

Así las cosas, y gracias al trabajo estratégico que hizo el Grupo de Puebla como contraparte al de Lima, integrado en un principio por los gobiernos socialistas de México y España y al que se incorporaron luego Argentina, Bolivia, Chile y más recientemente Colombia; el vecindario se ha llenado de gobiernos dispuestos a cohabitar con la dictadura en Caracas.

Uno de los principales aliados internacionales de Maduro en estos momentos es Gustavo Petro. Ambos se reunieron el pasado 1 de noviembre, después de haber reanudado relaciones diplomáticas tras siete años en que la frontera entre ambos países estuviera cerrada y se retiraran sus delegaciones diplomáticas.

El colombiano también invitó a Venezuela a reintegrarse en la Comunidad Andina de Naciones y reiteró su decisión de retirarse del grupo de países que ha pedido una investigación de la Corte Penal Internacional por los crímenes de lesa humanidad de Maduro. Petro también tiene especial interés en que Maduro reincorpore a Venezuela en el Sistema de Derechos Humanos, el cual se abandonó en tiempos de Chávez en 2013. El fin de todo este lavado de imagen de Petro a Maduro es que Venezuela participe como sede, anfitrión y garante (junto con la Iglesia católica, Cuba y Noruega) en las negociaciones entre el gobierno colombiano y la guerrilla terrorista del ELN que comenzaron este 21 de noviembre en Caracas.

Estados Unidos también ha suavizado su postura con Maduro. En mayo de este año el gobierno de Joe Biden envió una delegación a Caracas, y anunció que levantaría algunas sanciones y en un acto de buena fe, liberaron a los “narcosobrinos” de la Primera Dama venezolana, Cilia Flores, presos en Estados Unidos desde 2017.

Actualmente la situación de Maduro es completamente diferente de lo que era hace unos años. Sólo basta con ver su debut, dándose la mano y saludando a líderes de Occidente como Emmanuel Macron y John Kerry en la Cumbre del Cambio Climático de Naciones Unidas. Hoy el dictador se victimiza, y aduce que su gobierno ha soportado sanciones, bloqueos y amenazas de invasiones.

Esto recuerda tristemente a comienzos de los años 2000 cuando el dictador libio Muamar Gadafi, luego de ser considerado un paria por los países de Occidente y de ser llamado "perro rabioso de Oriente Medio" por Ronald Reagan, lentamente comenzó a ser reintegrado a la comunidad internacional y a ser visto como un aliado de Estados Unidos y Europa luego de la invasión a Irak en 2003. Hasta que estallaron las protestas en Libia en 2010 y ya sabemos cómo terminó la historia.

La pregunta es si esta “gadafización” de Maduro y este lavado de imagen internacional, desembocará en lo que creen algunos ingenuos de que ahora sí se logren las condiciones para unas elecciones medianamente aceptables en 2024 que refrende toda la comunidad internacional.

El chavismo destruyó a la sociedad venezolana hasta sus cimientos y le arrebató el futuro a su gente, pero todo ese daño quedará atrás y sin castigo porque es más importante dar la imagen de que ya “Venezuela se arregló” y esconder el polvo debajo de la alfombra.

 

 

 

 [1] También entre 2021 y 2022 la izquierda ha ganado en Perú, Chile y Honduras. Sin contar que los otros dos países más grandes del continente después de Brasil: México y Argentina, están liderados por gobiernos de izquierda.

Lose confidence in the TSE and in the elections?

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La existencia de nuestra democracia está en juego

 

Una nube gris se cierne sobre las elecciones de 2023. Por primera vez desde que se inauguró la democracia en los años ochenta, estamos en la antesala de un proceso electoral sumidos en una enorme incertidumbre por los cambios que el Tribunal Supremo Electoral pretende implementar en nuestro modelo de votación, lo que restaría transparencia y certeza al resultado de las próximas elecciones.

De forma inexplicable el TSE ha insistido en la compra de un equipo tecnológico que ha sido seriamente cuestionado en otros países en donde se ha implementado. La justificación brindada por el ente electoral es que nuestros procesos son demasiado arcaicos y que es urgente su actualización. Es cierto que nuestro sistema depende bastante del papel y que, en ese sentido, podría parecer atrasado. Pero las experiencias que se ha tenido en otros países que han implementado “tecnología más avanzada” han sido desastrosas, creando graves crisis sociales y políticas.

El sistema que funciona desde los años ochenta en Guatemala, ha sido bastante efectivo en brindar certeza a toda la sociedad sobre los resultados electorales. Esa certeza deriva de que todo el proceso está en manos de miles de ciudadanos comunes, que se encargan de verificar de forma descentralizada que el proceso de votación se hace en orden, luego realizan el conteo de votos a viva voz en cada mesa electoral y finalmente se aseguran de que los resultados sean correctamente enviados al Tribunal Supremo Electoral. Así se ha hecho durante nueve elecciones generales. ¿Por qué sería necesario modificar algo que ha funcionado bastante bien?

Se podría argumentar que este sistema “análogo” es demasiado lento para conocer los resultados electorales. Sin embargo, aun cuando parece un proceso desactualizado, en las elecciones anteriores los resultados han estado disponibles para la ciudadanía en cuestión de pocas horas.  De nuevo surge la pregunta entonces. ¿Por qué cambiar un sistema que ha funcionado casi a la perfección?

Por otra parte, la región latinoamericana esta pasando por un período complejo de inestabilidad y crisis políticas, en donde la confianza en las instituciones democráticas se encuentra en mínimos históricos.  Guatemala no es ajena a esa situación, por lo que cualquier duda que exista sobre la imparcialidad y la transparencia del proceso electoral nos podría hundir en la peor crisis política en décadas.

La democracia guatemalteca ha pasado por altibajos desde sus inicios, pero ha logrado sobrevivir hasta el momento. Somos aún una democracia bastante imperfecta y tenemos desafíos gigantescos en la consolidación del Estado de Derecho y de los principios republicanos. Pero lo que ha permitido la sobrevivencia de nuestra frágil democracia es la confianza en nuestro proceso electoral, lo que ha significado la transferencia pacífica del poder en nueve elecciones generales. ¿Qué escenarios podrían plantearse para el país si se pierde esa confianza?

Diversas organizaciones de la sociedad civil han planteado sus dudas al Tribunal Supremo Electoral. Son organizaciones serias, que tienen una larga tradición en la vida democrática del país. Lamentablemente, las respuestas del Tribunal hasta el momento no han logrado disipar dichas dudas.

Los primeros magistrados del Tribunal Supremo Electoral tuvieron una tarea titánica. Luego de décadas de inestabilidad política, golpes de estado y elecciones cuestionables, construyeron un ente electoral que gozó de mucho prestigio, al brindarle a los guatemaltecos la certeza de elecciones limpias, transparentes e imparciales. Aquellos magistrados han entrado a la historia del país con honor y prestigio.

La séptima magistratura tiene el deber ineludible de preservar el legado de aquellos primeros magistrados. Se debe preservar intacto el actual modelo electoral con el fin de brindar certeza y credibilidad a las próximas elecciones. La existencia de nuestra democracia está en juego.

The ruling of the Constitutional Court on the Guatemalan Olympic Committee

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Más allá de lo que reportan los medios, los hechos aún no están del todo claros

 

Este dos de noviembre hizo noticia una resolución de la Corte de Constitucionalidad (CC) que ordena dar posesión a una planilla a los cargos que integran el Comité Ejecutivo del Comité Olímpico Guatemalteco (COG).

Esto llama la atención porque Guatemala fue suspendida por el Comité Olímpico Internacional (COI) el pasado 15 de octubre de 2022. ¿La razón? Una disputa sobre la elección del Comité Ejecutivo del COG. Vayamos a los hechos.

El 9 de octubre de 2021, se celebraron unas elecciones en las que se presentó únicamente una planilla (los que interponen el amparo que comento hoy). Sin embargo, el 25 de octubre de 2021, el COI envió una carta al COG en la que hizo ver que estas elecciones “no fueron llevadas a cabo de manera libre y limpia, y por consiguiente, se debe considerar todo el proceso eleccionario como nulo y sin efecto”. 

A partir de esto, el COG procedió a aprobar nuevos estatutos que fueron publicados en el Diario Oficial el 30 de diciembre de 2021. En marzo de 2022, se repitieron las elecciones y salió vencedora otra planilla.

Desde entonces, ambas planillas (la ganadora en la primera elección que luego fue anulada) y la que resultó vencedora en marzo de 2022 reclaman ser el Comité Ejecutivo auténtico. ¿Quién tiene la razón? Que lo deduzca el lector a partir de los argumentos que se dan dentro del expediente.

 Argumentos de la planilla que ganó en marzo de 2022. Ellos argumentan que el Comité Olímpico Guatemalteco (COG) goza de reconocimiento constitucional. El artículo 91 garantiza su autonomía y el artículo 170 del decreto 76-97 establece lo siguiente: “En caso hubiere contradicción entre esta ley y cualquier estatuto con la carta olímpica, esta última [la Carta Olímpica] prevalecerá” (resaltado propio).

Bajo este argumento, afirman que su elección es la que cuenta porque el propio COI “reconoció” como válida la elección de marzo. Se refieren a una comunicación de fecha 8 de septiembre de 2022 donde el COI dijo: “… la Corte Constitucional de Guatemala decidió, en agosto de 2022, suspender provisionalmente una serie de disposiciones de los Estatutos y Reglamentos del CON, relacionados en particular con el proceso de elección del CON [Comité Olímpico Guatemalteco]… a pesar de las advertencias enviadas por el COI” y que “las elecciones del CON [COG] que se llevaron a cabo con éxito en marzo de 2022 de conformidad con los estatutos del CON aprobados por el COI y la Carta Olímpica. 

La planilla que ganó en octubre de 2021 tiene a su favor lo siguiente. Que, en otro fallo, de fecha 4 de agosto de 2022, expedientes acumulados 3113-2022 y 3275-2022, la CC dejó en suspenso provisional varias disposiciones de estos estatutos. Dentro de ellas, dejó en suspenso algunas disposiciones relativas a la “Comisión Electoral”, órgano que organizó las elecciones de marzo de 2022.

¿Qué resolvió la Corte? Que la planilla que resultó ganadora el año pasado (bajo los viejos estatutos) debe asumir en tres días, en buena parte, dado que varios de los “nuevos estatutos” (marzo 2022) no están en vigor por haber sido suspendidos por la propia CC como explico en el párrafo anterior. La resolución se tomó por mayoría de 4 a 1. El voto disidente lo pronunció el magistrado Roberto Molina. 

Mi opinión. Hay un aspecto procesal que vale la pena mencionar. Más allá de lo que reportan los medios, los hechos aún no están del todo claros. Por eso no comparto la decisión de la CC de ordenar la toma de posesión de una planilla en un amparo provisional. ¿Por qué? Pues porque aún no están esclarecidos los hechos dentro del proceso de amparo y esta decisión prácticamente deja sin materia el asunto de fondo.

 Por otra parte, no comparto la visión global de la Corte en ambos casos respecto de la prevalencia de la ley guatemalteca sobre la Carta Olímpica. Creo que tanto el artículo 91 de la Constitución como el decreto 76-97 dejan clara la preeminencia de la Carta Olímpica. Además, ¿qué naturaleza tiene la Carta Olímpica? ¿no es de observancia obligatoria acaso? Son asuntos sobre los que valdría la pena profundizar en foros de debate.

Vices in the ratification of the last state of calamity

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Corto

Las dos reformas a leyes ordinarias que el Congreso aprobó mediante el decreto legislativo 50-2022 son inconstitucionales


 

El 10 de octubre pasado el Presidente de la República, en consejo de ministros, declaró estado de calamidad por los efectos de la tormenta julia y para el efecto emitió el decreto gubernativo 5-2022. El Congreso, en sesión de fecha 11 de octubre, decidió ratificar el estado de calamidad mediante el decreto legislativo 50-2022.

Sin embargo, el decreto 50-2022 hizo varias modificaciones al estado de calamidad decretado por el presidente. Por una parte, modificó el artículo 4 del decreto gubernativo 5-2022 para excluir el derecho de tenencia y portación de armas durante el estado de calamidad, se reformó el artículo 7 para establecer el uso de la plataforma de Guatecompras dando como margen un periodo de 8 horas entre publicación del evento y recepción de ofertas, entre otras.

 Pero adicionalmente hizo dos cosas más. Primero, en el decreto legislativo 50-2022 donde aprueba el decreto gubernativo 5-2022, además, reforma dos leyes ordinarias. Mediante el artículo 5 reforma la ley de presupuesto del Estado para 2022 (decreto 16-2021) agregando el artículo 104 Quáter que asigna Q540 millones al Fondo de Emergencia; y, dos, el artículo 6 “modifica” el decreto 21-2022, aprobado en marzo y que dio Q3 millardos al Ministerio de Comunicaciones, para tomar de ahí los Q540 millones para el Fondo de Emergencia.

 Ahora bien, ¿cuál es el problema? En primer lugar, hay que recordar que el artículo 138 de nuestra Constitución establece que una vez que el ejecutivo declare un estado de excepción, debe dar aviso al Congreso para que “dentro del término de tres días, lo conozca, lo ratifique, modifique o impruebe”.

De este modo, el Congreso se reúne con el único propósito de emitir el decreto legislativo que determine la suerte del estado de excepción. No se reúne para otro propósito. Ahora bien, aunque el estado de calamidad se ratifique mediante un decreto legislativo, éste no es equiparable a un decreto legislativo ordinario.

 Ya dentro del expediente 919-2019 la Corte de Constitucionalidad argumentó que en virtud del artículo 30 de la Convención Americana de Derechos Humanos la ratificación de un estado de excepción debe hacerse mediante decreto legislativo y no mediante acuerdo legislativo en virtud de que se trata de una limitación de los derechos fundamentales. Sin embargo, nos recuerda que lo que está haciendo el decreto es aprobar un decreto gubernativo que emitió el presidente.

En tal sentido, si el decreto legislativo busca aprobar y/o modificar un decreto gubernativo (acto del ejecutivo), ¿puede el decreto gubernativo tener poder reformatorio sobre leyes ordinarias? Sería un peligroso precedente y una violación al principio de separación de poderes.

Recordemos un punto más. Prueba adicional de que los decretos legislativos que ratifican estados de excepción no son equiparables a las leyes en sentido estricto lo encontramos en la tan cacareada sentencia que ha invocado el pleno del Congreso en todos los estados de excepción que ha aprobado desde hace un año.

Me refiero al expediente 4466-2021, auto de aclaración y ampliación de fecha 23 de agosto de 2021. En esa oportunidad, la Corte de Constitucionalidad resolvió que el Congreso tenía a su alcance dos fórmulas para aprobar estados de excepción: en un solo acto por mayoría absoluta o en tres debates que deben ser en tres días distintos. En esta ocasión, un diputado presentó una moción privilegiada para que se aprobase en un solo debate.

Pero más importante aún, la Corte agrega: “es factible que el Congreso de la República, supletoriamente, emplee las formas que usualmente utiliza para la formación normativa a efecto de decidir si ratifica, modifica o imprueba…” (Resaltado propio). ¿Por qué “supletoriamente”? Porque la Corte está indicando que, de nuevo, no se trata de un decreto legislativo que apruebe una ley ordinaria. 

De este modo, las dos reformas a leyes ordinarias que el Congreso aprobó mediante el decreto legislativo 50-2022 son inconstitucionales. Un grupo de diputados presentó objeciones al decreto y también interpusieron un amparo. Ojalá esto se resuelva a la brevedad por el bien del orden constitucional.

 

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