A medio camino

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Al Gobierno se le termina el tiempo para dejar un legado

 

El presidente Bernardo Arévalo cumple su segundo año de gobierno y la ciudadanía no parece muy contenta con los resultados. Hay cosas positivas, pero también hay muchas tareas pendientes.

Entre las cosas positivas se encuentran el remozamiento de escuelas, el abastecimiento de hospitales y el respeto a la institucionalidad democrática. 

No estamos ante un Gobierno que pretenda apoderarse de todas las instituciones del Estado para cometer actos ilegales, perseguir opositores y perpetuarse en el poder, como lo pretendió el Gobierno anterior. 

También se debe resaltar que el Gobierno logró que Estados Unidos nos incluyera dentro de un reducido grupo de países con condiciones comerciales favorables. Fue un éxito que beneficia a la economía nacional.

Sin embargo, también hay cosas que se han hecho mal. La inseguridad se incrementó, varios tramos carreteros se encuentran en pésimas condiciones y los presupuestos aprobados han sido irresponsables, con negociaciones oscuras en el Congreso.

La ciudadanía percibe que el Gobierno es incapaz de resolver problemas rápidamente y de mejorar significativamente ciertos servicios públicos. La fuga masiva de la prisión y el robo de armas del Ejército fueron dos duros golpes a la imagen del Gobierno.

Lo que más preocupa del Gobierno es que ya se resignó a no impulsar reformas profundas en el servicio civil o en las contrataciones del Estado. Si bien hay una propuesta de este último tema, no se está impulsando con la urgencia necesaria. 

El tiempo se le está terminando y corre el riesgo de no dejar un legado perdurable para el país. En unos meses, el país entrará en la dinámica de elecciones y nuevamente se habrá perdido una oportunidad para el país.

 

*Columna publicada originalmente en Nuestro Diario

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