Con Irán libre, el mundo será un mejor lugar
En el programa de esta semana analizamos el conflicto en Medio Oriente.

Dionisio Gutiérrez inició recordando que la historia enseña que hay gobiernos que “están fuera del pacto básico de la civilización”, sistemas autoritarios “construidos sobre la violencia, el miedo y el desprecio sistemático por la vida”. Señaló que cuando un poder político “asesina a su propia gente, reprime la libertad con brutalidad cotidiana y financia y promueve el terror más allá de sus fronteras”, se convierte en un problema moral y político que el mundo no puede ignorar, y afirmó que ese es el caso del régimen iraní.
También mencionó la forma en que el poder en Teherán se ha sostenido durante décadas mediante la represión interna y la agresión externa. Recordó que dentro de sus fronteras “las protestas son reprimidas con balas, prisión y silencio forzado”, mientras la maquinaria del Estado ha “encarcelado a periodistas, perseguido a minorías y reprimido con violencia a mujeres y ciudadanos cuyo único delito ha sido reclamar dignidad y libertad”. Fuera del país, añadió, la teocracia “financia, arma y alienta a grupos que practican el terrorismo como instrumento político”, desestabilizando regiones enteras y utilizando la violencia indirecta como parte de su política exterior.
Para finalizar, Gutiérrez afirmó que las tiranías parecen eternas “hasta el día en que dejan de serlo”, y que ese día llega cuando los pueblos pierden el miedo y reclaman su futuro. Expresó que este es el momento de esperanza para el pueblo iraní, recordando que con “las voces de las mujeres que se niegan a aceptar la humillación, los jóvenes que salen a las calles y los trabajadores que exigen justicia”, han demostrado que “la libertad ya vive en su corazón”. Concluyó que “el futuro de Irán no pertenece a los tiranos. Pertenece a su pueblo”, y que cuando ese pueblo abra finalmente las puertas de la libertad, el mundo entero será un mejor lugar.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Daniel Rodríguez Carreiro, doctor en ciencia política y profesor universitario, y a Ignacio Montes de Oca, escritor y periodista, sobre el conflicto en Medio Oriente.
Carreiro inició reconociendo que la prolongación de la guerra en Medio Oriente dependerá “de lo que quiere Estados Unidos y de la capacidad de resistencia del régimen iraní”, el cual parece estar resistiendo bien hasta ahora. Agregó que a pesar de ser uno de los momentos más inestables de su historia, el régimen de los ayatolás parece no estar en su punto de quiebre.
Por otro lado, señaló que sin duda alguna, el mundo sería mejor si las tiranías de Cuba, Venezuela, Irán y otras cayeran. Sin embargo, señaló que existen riesgos en este tipo de intervenciones recientemente llevadas a cabo por Estados Unidos: “Aunque haya buenas intenciones y el régimen sea muy negativo, puede provocar una gran inestabilidad, como pasó en Irak y en Afganistán”.
A su juicio, existen tres posibles escenarios en Medio Oriente: “La supervivencia del régimen y salir fortalecido por resistir los combates; un cambio de régimen, o una inestabilidad grande donde no se produce un cambio de régimen y pase algo parecido a Siria”.
Respecto al liderazgo de Occidente, Carreiro considera que Europa atraviesa una “fase de crisis y que su relevancia se ve más erosionada”. En el caso de Estados Unidos, comentó que “todavía mantiene una situación de preponderancia y de hegemonía, a pesar de sus problemas internos”. Sin embargo, recordó que potencias como China y Rusia “están planteando sus propias demandas en el escenario internacional”.
Por su parte, Montes de Oca inició señalando que es importante ver la imagen completa, no centrarse solo en Irán: “Hay una disputa entre un accidente que está buscando un punto de equilibrio entre las viejas alianzas y los Estados Unidos y, por el otro lado, un eje compuesto principalmente por Rusia y China con algunos estados subsidiarios, con Irán como protomotor del terrorismo a nivel internacional”.
Resaltó que entender este contexto es importante porque “hay una puja enorme para saber quién gana la apuesta”. Es decir, si Estados Unidos con aliados como Israel y algunos países europeos, o Irán. Además, señaló que el desenlace de esta guerra, junto a la de Ucrania, son el gran reto de Occidente: “Ucrania por la invasión y el no respeto de las fronteras nacionales, e Irán que esparce sus conflictos por todo el mundo. Es decir, lo que se está defendiendo ahora es hasta qué punto se puede contener a los actores que están generando desequilibrios y conflictos en el mundo”.
Por otro lado, Monte de Oca resaltó que no es posible saber si el régimen iraní caerá y cómo. A su juicio, incluso sería necesaria una invasión terrestre para lograrlo, pero es un “terreno muy complicado, montañoso, con unos 15 millones de fanáticos del régimen”. Advirtió que esperar que el conflicto termine en una semana “es un exceso”.
Respecto al papel de los aliados de Estados Unidos en el conflicto y sus implicaciones en la seguridad global, mencionó que hay dos grupos: “Los europeos, que se niegan a participar en el ataque; que se niegan a ejecutar acciones ofensivas, pero colaboran en acciones defensivas. Y los países emiratos petroleros que tampoco quieren participar en los ataques por temor a represalias”.
Para finalizar, Montes de Oca afirmó que las ofensivas a Irán no se tratan solo de atacarle, sino de “cortar su retaguardia”. Es decir, a China y Rusia: “Pekín le compra petróleo y Rusia le transfiere tecnología e información y le permite seguir en la guerra”.
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Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre el momento de incertidumbre que vive el mundo y la crisis de liderazgo en el Occidente democrático: “Hay momentos en la historia en que el mundo parece sostener la respiración. No por asombro, sino por incertidumbre”. Señaló que el Occidente libre, que en otro tiempo fue “faro del orden internacional”, hoy se encuentra “distanciado de sí mismo, dividido en debates internos mientras las sombras avanzan”.
Vara inició señalando que el conflicto que debe preocuparnos más ahora mismo es el de Irán: “Es un conflicto que puede tener ondas expansivas muy importantes en el mundo”. Además, señaló que es una gran amenaza, pues cuentan con un “arsenal de misiles balísticos” y esta guerra ahora mismo resulta “muy efectiva para acabar con las capacidades económicas de un adversario”. Añadió que este programa resulta incluso como una amenaza existencial, como en el caso de Israel.
Dionisio Gutiérrez inició recordando cómo hace 67 años, la Revolución cubana se presentó al mundo como una gesta redentora, pero terminó siendo “una larga pesadilla para una nación privada de su libertad”. Señaló que aquel proceso tuvo “más éxito exportando su relato falso y criminal que el azúcar, el tabaco y el ron juntos. Cuba vendió mito mientras perdía realidad. Gritó consignas mientras agotaba cosechas. Prometió romanticismo mientras llenaba sus cárceles de disidentes”.
Lechín inició subrayando que a pesar del deseo de ver a Cuba libre, no hay información certera de “qué tan porosa está su inteligencia político-militar”, la cual tiene o ha tenido presencia en países como México, Brasil, Argentina y Chile.
Por su parte, Castro indicó que los cubanos tienen esperanza: “Somos un pueblo que ha vivido 67 años bajo una tiranía de corte estalinista que nos hizo perder hasta las esperanzas. Lo que hemos visto luego de la captura de Nicolás Maduro nos ha traído nuevamente la añorada libertad”.

Saleh advirtió que el sistema represivo en Venezuela “está intacto” y que cualquier aparente apertura responde más a tácticas de supervivencia que a una voluntad real de cambio. Aunque reconoce que el régimen chavista recibe presión externa, insiste en que “ahí están los jueces, los fiscales, los torturadores” y que Diosdado Cabello continúa “manejando ferozmente la represión y un control de la violencia como nunca antes”.
Por su parte, Avendaño sostuvo que el régimen chavista no actúa por convicción, sino por presión directa de Washington. Señaló que están “yendo en contra de todo lo que ellos en algún momento profesaron”, pero “no lo hacen por convicción, sino por presión y por miedo”. Añadió que el cumplimiento parcial de exigencias internacionales no obedece a un compromiso democrático, sino a la necesidad de supervivencia: “Han ido cumpliendo los reclamos de Estados Unidos. Incluso si eso ha implicado el desmantelamiento del propio Estado chavista”.
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre una de las amenazas más graves que enfrenta América Latina: la alianza entre el crimen organizado y el poder político. “Cuando el crimen organizado y los políticos se dan la mano, la política se degrada y la democracia se desfigura”, afirmó. Y explicó que, en esas circunstancias, “el Estado, que nació para proteger a los ciudadanos, se vuelve instrumento de imposición; la ley, que debía ser límite, se convierte en coartada; y la política, que es el arte de ordenar la convivencia, degenera en oficio turbio donde prosperan los peores”.
Posada inició señalando que a pesar de que Gustavo Petro “se hizo elegir con las banderas de la paz total”, en realidad ha gobernado con impunidad y ha ofrecido “ventajas unilaterales a los grupos narcoterroristas”. Es así como para ella, el peor legado que deja Petro es el de pensar que en Colombia “ser criminal paga” y abraza a quien incumple la ley y “no al que ha sido respetuoso de ella”.
Trujillo inició señalando que el fracaso en la construcción de democracias republicanas funcionales en América Latina puede explicarse a partir de dos fenómenos. Primero, el haber dejado entrar al crimen organizado, y segundo, por una generación joven desencantada, poco reflexiva que participa menos por el desencanto democrático: “Converge el crimen tradicional en la política con una suerte de olvido, de despreocupación de gente joven que quiere soluciones inmediatas”.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que hay presidentes que se despiden dejando obras y otros, “dejando excusas y heridas”. Bajo esa premisa, afirmó que Gustavo Petro está por salir del gobierno de Colombia “con más penas que glorias”, dejando a un Estado “manchado de vergüenza, corrupción y populismo”. Recordó que Petro “ejerció el poder con imposición ideológica como forma de gobierno” y que “no fue un accidente”. Fue un proyecto que quiso avanzar “la agenda de la izquierda radical”, y que no logró consolidarse porque “en Colombia sobreviven instituciones que, maltrechas pero firmes, pusieron límites”.
Raisbeck inició señalando que Iván Cepeda, el candidato del oficialismo, es “más peligroso que Petro”. Señaló que Petro, pese a sus intenciones antidemocráticas, es una persona poco disciplinada, lo que le deja un margen de acción limitado. Por el contrario, Cepeda es alguien “muy metódico”, con una educación familiar marxista revolucionaria: “Él tiene claro que va por una constituyente para cambiar la Constitución”, aseguró.
Por su parte, Vallejo señaló que el daño más profundo que deja Gustavo Petro en Colombia es haber permitido “que el crimen ligado al narcotráfico tomara tanto espacio en el país”. Lo cual se refleja en las “extensas poblaciones donde la guerrilla y el narcotráfico son los que mandan”, pero también en el dinero que destinan estos grupos a “la justicia, en el Congreso” y en las demás esferas políticas.
Dionisio Gutiérrez inició con una advertencia necesaria sobre Iberoamérica, recordando que “la historia de la región es una crónica de ausencias voluntarias y silencios cómplices”. Señaló que, durante décadas, las élites económicas, académicas y sociales “optaron por mirar la política como un lodazal desde la orilla”, convencidas de que otros se harían cargo del desorden, mientras ese lodazal crecía hasta “terminar inundándolo todo”.
Antonetti inició asegurando que el abandono de las élites es algo con lo que se ha peleado “desde hace varias décadas”. A su juicio, “la vieja política se ha quedado en discursos que ya no sirven”, y está atrasada por no ir “al ritmo de las nuevas tecnologías”.
Por su parte, Henaro comenzó su intervención señalando uno de los problemas que enfrenta la región: “Cuando las élites capturan árbitros, normalizan la impunidad y sustituyen las instituciones por operativos, es cuando el país se vuelve un Estado débil”. Asimismo, afirmó que la democracia no es posible cuando no existen división de poderes, un Estado profesional y meritocrático y élites que vertebren el proceso político.


Aznar expresó que este libro intenta “comprender, estudiar y explicar lo que estamos viviendo. Un cambio de era que está fundamentado en dos grandes cuestiones: [primero], el fin del orden internacional (…) y su sustitución por la competencia entre poderes y, segundo, la revolución tecnológica que estamos viviendo”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que la historia, “que tiene memoria larga y castiga la terquedad”, demuestra que es una locura pretender que los tiranos conduzcan una transición democrática. Advirtió que pedirle a una dictadura que administre la libertad es “como pedir al lobo que presida el congreso de ovejas, o encomendar al pirómano la reconstrucción del pueblo que él mismo redujo a cenizas”. En ese contexto, señaló lo que ocurre en la Venezuela de Delcy, Cabello y Padrino, donde los dictadores solo descubren su supuesta vocación democrática cuando “el miedo les toca la espalda”: “Nunca es por virtud, siempre es por pánico. No se convierten, se disfrazan. No rectifican, calculan”.
Quiroga inició asegurando que una transición encabezada por Delcy Rodríguez es “insostenible”, pues la captura de Maduro lo quita de la ecuación, pero “sigue el resto y su naturaleza no cambia”. Además, señaló que la cooperación de Rodríguez con Estados Unidos ahora se debe a la capacidad coercitiva que ejerce el país norteamericano sobre ella. Sin embargo, al momento de levantar esa capacidad coercitiva, su naturaleza seguirá siendo la misma: “corruptos, delincuentes, asesinos”.