For freedom, MCM, and Venezuela—until the end
Esta semana, analizamos el regreso de María Corina Machado a Venezuela. Los desafíos de una transición democrática y la reconstrucción para los venezolanos.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre las tiranías que llegan al poder por medio de revoluciones, golpes de Estado o elecciones que después utilizan para destruir el derecho de los ciudadanos a volver a elegir. Advirtió que “el tirano deja de servir al pueblo y comienza a temerle. Por eso persigue, encarcela, censura, roba y mata”, y señaló que, cuando la corrupción se convierte en sistema y la violencia en método, “el régimen deja de gobernar y se dedica a administrar el miedo”.
Sobre las consecuencias de los regímenes autoritarios y a la pérdida de libertades que sufren los ciudadanos expresó: “Es entonces cuando aparecen los presos políticos, los exiliados, las familias separadas, los periodistas silenciados, los jueces sometidos y los ciudadanos obligados a fingir obediencia para poder sobrevivir”. Asimismo, afirmó que “el poder que necesita matar para conservarse ya confesó su fracaso” y que quien busca impedir elecciones libres “sabe perfectamente cuál sería el veredicto que teme escuchar”.
Gutiérrez destacó la lucha de María Corina Machado, quien “ha cruzado mares, soportado amenazas, persecución, clandestinidad y exilio, y aun así vuelve a levantarse para reclamar elecciones libres en su país”. Subrayó que ella defiende “la idea de que la libertad es el fundamento de la dignidad humana” y recordó que “la grandeza del liderazgo democrático” consiste en continuar a pesar del miedo y luchar para que el poder vuelva a pertenecer al ciudadano.
Para finalizar, señaló que mientras existan ciudadanos dispuestos a exigir elecciones libres, instituciones independientes y el derecho a escoger su propio destino, “la libertad en Venezuela seguirá teniendo una puerta abierta”, porque “un pueblo que no renuncia a ser libre conserva intacta la posibilidad de volver a serlo”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Tomás Arias, doctor en derecho y profesor universitario, y a Nehomar Hernández, periodista y escritor, sobre el proceso de transición democrática en Venezuela, el regreso de María Corina Machado y los desafíos para reconstruir las instituciones del país.
Arias afirmó que el regreso de María Corina Machado a Venezuela ha generado un cambio en el ambiente político y social del país, marcado por una progresiva pérdida del miedo: “Una sensación de pérdida progresiva, del miedo a hablar, a decir cómo se sienten, cómo vislumbran el futuro”.
Sobre el camino hacia la transición democrática, sostuvo que la sociedad venezolana está preparada para una nueva etapa, pero que esta requiere elecciones confiables. Recordó que lo ocurrido el 28 de julio de 2024, cuando se documentaron irregularidades en el proceso electoral, “no puede volver a suceder”. Para ello, consideró necesario renovar las instituciones judiciales y electorales, así como establecer un cronograma que permita avanzar hacia una nueva elección presidencial.
A pesar de la permanencia de figuras del chavismo en el poder, Arias aseguró que el régimen “tiene fecha de caducidad”.
Sobre las excarcelaciones, Arias señaló que no deben confundirse con una verdadera liberación de presos políticos: “Es una puerta giratoria, en donde algunas personas salen de prisión y otras son detenidas”.
Finalmente, Arias destacó que la presión ciudadana seguirá siendo determinante en el proceso de transición, especialmente ante el deterioro de las condiciones económicas y sociales.
Por su parte, Hernández afirmó que el regreso de María Corina Machado a Venezuela se produce en un momento delicado para el chavismo, que busca evitar cualquier escenario de inestabilidad social. A su juicio, el régimen teme “las consecuencias que acarrearía generar una conmoción social, un desorden en las calles frente a lo que se supone es un proceso de estabilización del país”. Consideró que ese temor ha permitido el regreso de Machado al territorio venezolano.
Sobre la continuidad de las estructuras de poder del chavismo, Hernández advirtió que la permanencia de los hermanos Rodríguez se sostiene, en buena medida, por el control que mantienen sobre las fuerzas de seguridad: “La estabilidad que les provee mantener bajo control a la Fuerza Armada Nacional, a los grupos paramilitares, a los grupos parapoliciales” es lo que les permite seguir contando con respaldo internacional, incluso sin legitimidad de origen.
Asimismo, señaló que el aparato represivo del régimen permanece intacto, pese a las excarcelaciones de presos políticos. Sin embargo, reconoció que Venezuela atraviesa un escenario distinto al de años anteriores: “No hemos llegado a la meta, pero tampoco estamos como estábamos hace un año”.
Finalmente, al abordar la influencia del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero en Venezuela, Hernández sostuvo que su papel internacional durante el chavismo fue mucho más allá de una labor diplomática: “Zapatero terminó siendo el canciller de Nicolás Maduro a nivel internacional”. Según explicó, el exmandatario español conectó a Europa y América en una dinámica que le permitió al régimen venezolano proyectar una imagen de legitimidad y convocar procesos electorales.
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Dionisio Gutiérrez inició analizando el momento que vive América Latina, una etapa que exige “carácter, lucidez y memoria”, tras años de gobiernos de izquierda populista que prometieron justicia y prosperidad, pero dejaron déficits desbordados, deudas abusivas, inflación, instituciones debilitadas, corrupción y sociedades exhaustas. También advirtió que “la democracia comienza a morir aunque se celebren elecciones cuando el poder se concentra, cuando el presupuesto se convierte en botín y cuando la ley se somete a la voluntad del gobernante”.
Cordero inició analizando el complejo panorama que enfrentó la llegada del nuevo gobierno en Chile, señalando que la administración recibió “un déficit fiscal muy importante” tras el incumplimiento reiterado de la regla fiscal y el agotamiento de los fondos de emergencia. Explicó que la nación arrastra “prácticamente una década creciendo a un promedio bajo el 2%”, lo que refleja “una economía estancada en la que la gente no siente progreso”, a lo que se suma “la llegada del crimen organizado en una dimensión que Chile no conocía”.
Por su parte, Ghersi analizó el panorama tras las recientes elecciones presidenciales en Perú, señalando que la mandataria “recibió un país muy complejo”. Explicó que, tras un proceso electoral sumamente atípico, “paradójicamente, no gana las elecciones en el Perú”, sino que logra el triunfo gracias a los votantes en el exterior, convirtiéndose en “el primer caso en la historia de Perú en el cual un candidato pierde dentro del país y logra remontar y ganar por muy poca diferencia, una elección con los votos en el extranjero”.
Dionisio Gutiérrez inició su reflexión sobre los gobernantes que llegan al poder sin comprender la dignidad del cargo que ocupan y que, en lugar de servir al Estado, buscan servirse de él. Señaló que, en Iberoamérica, algunos presidentes se han dedicado a manipular, dividir e intimidar, convirtiendo las instituciones en instrumentos de supervivencia personal. “Para ellos, gobernar no significa administrar el poder dentro de la ley; significa apoderarse de la ley para que nadie pueda limitarlo”.
Llamas
Por su parte, Ortiz
Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina lleva demasiado tiempo esperando que la política esté a la altura de sus pueblos. Advirtió que “una parte importante de la dirigencia política convirtió el servicio público en cueva de malhechores, el partido en agencia de colocaciones, el presupuesto en instrumento de poder o en botín y al ciudadano en alguien a quien se visita durante las campañas y se olvida al día siguiente”.
Mijares inició destacando que el creciente atractivo de China en América Latina responde más a los errores de Estados Unidos que a una supuesta superioridad del modelo chino. Destacó que Pekín ha mantenido “un paso constante” en la incorporación de recursos naturales y en proyectos de infraestructura, mientras que su política exterior “ha vendido” la idea de estar “mucho más interesada en los negocios que en la política o la ideología”. En contraste, señaló que en Washington “sus objetivos políticos y estratégicos pareciera primar”, lo que genera “resistencias y temores muy atávicos en el alma latinoamericana”.
Por su parte, Henaro advierte que la crisis de confianza en las democracias latinoamericanas no necesariamente nace de un rechazo a la democracia, sino de la frustración ante sistemas que no logran resolver los problemas cotidianos. Explicó que los ciudadanos están recurriendo a la “prueba y error”, pero alertó que ese proceso “puede llevar al desinterés de la democracia”, no porque necesariamente se busque una dictadura, sino porque “se busca algún sistema que dé resultados”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre las naciones que utilizan su fuerza para construir y mejorar la vida de sus ciudadanos, frente a los gobiernos que entienden el poder como una herramienta para someter, intimidar e imponer silencio: “No conviene confundir a los pueblos con quienes los gobiernan. El problema no son los rusos, los chinos ni los iraníes; son los sistemas políticos que concentran tanto poder que las decisiones de unos pocos condicionan la vida de millones”.
Montes de Oca inició por la importancia del estrecho de Ormuz y otras rutas marítimas, señalando que “es el 20 % de la riqueza la que se mueve no solamente de petróleo, sino también del gas que abastece a todo el mundo”. Añadió que el impacto alcanza directamente a los consumidores: “ese 20 % es lo que hace que el petróleo impacte en nuestra billetera”.
Por su parte, de León explicó que la actual presión sobre los precios de la energía responde, en buena medida, a una brecha entre oferta y demanda. Al analizar el mercado del diésel, señaló que “hay una crisis de las refinerías de diesel, particularmente en Europa y en América” y advirtió que, mientras la población y la clase media latinoamericana continúan creciendo, “quieren más petróleo y energía, pero la oferta no ha alcanzado el mismo ritmo”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre la educación y la manera en que los gobiernos suelen privilegiar las obras visibles frente a una tarea que exige tiempo, disciplina y visión de largo plazo:“La educación, en cambio, no suele prestarse al espectáculo. Exige paciencia, rigor y una visión que vaya mucho más allá del siguiente período electoral”.
Gove
Por su parte, Flores considera que los malos resultados educativos deben asumirse como “un llamado a la acción”, pues “lo que está en juego es nuestro futuro”. Al mismo tiempo, llamó a entender los cambios que atraviesan los jóvenes sin caer en el pesimismo: “No caigamos en menospreciar la capacidad de los jóvenes de adaptarse a esa nueva forma de aprender y comunicarse”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que las naciones sufren cuando aumenta el crimen, pero que se quiebran cuando las instituciones que deberían contenerlo se corrompen o son capturadas por quienes viven de violar la ley. Explicó que “una policía ineficiente puede corregirse, una fiscalía lenta puede reformarse, un tribunal débil puede fortalecerse; pero cuando policías, fiscales, jueces, alcaldes, diputados o ministros empiezan a responder a redes criminales, intereses mafiosos o políticos corruptos, el problema cambia de naturaleza. Ya no estamos frente a un Estado débil. Estamos frente a un Estado criminal”.
Lemus advirtió que la inseguridad en América Latina está estrechamente vinculada con la fortaleza de las instituciones. A su juicio, “la debilidad de las instituciones tiene mucho que ver” con la expansión de la violencia, pues “las instituciones son necesarias para contener [este fenómeno]”. Explicó que el delito puede ser contenido cuando existe “una certeza de que el delito, la violencia utilizada de forma ilegítima, va a ser castigada”.
Dionisio Gutiérrez inició abordando el alto costo que América Latina ha pagado por la alianza entre la política y el crimen, con Estados penetrados por mafias, gobiernos que negocian con organizaciones criminales y estructuras públicas que terminan sirviendo a quienes deberían combatir. Advirtió que “cuando eso ocurre, la república deja de ser casa de ciudadanos, la ley se vuelve selectiva, la justicia pierde autoridad y la política, en vez de ordenar la convivencia, administra miedo, impunidad y clientelismo”.
Sanz explicó que el crimen organizado actual es “una red de poder político, de poder económico y de control territorial”, mucho más diversificada y tecnificada que en el pasado. A su juicio, comprender su dimensión en América Latina exige reconocer “un factor de constante infiltración o alianza con estructuras políticas y con estructuras estatales”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que, a lo largo de la historia, el ser humano ha tenido que enfrentar no solo sus propios errores, sino también los “humores de la naturaleza”: sequías, inundaciones, incendios, tormentas y terremotos. Y, cuando estos fenómenos ocurren, dejan “violencia, destrucción, pobreza, migración y dolor. Cambia paisajes, vacía pueblos, arruina cosechas, obliga a familias enteras a empezar de nuevo”, señaló. Es así como recordamos que no somos dueños del mundo, sino huéspedes.
Guerra inició
Por su parte, Bolaños advirtió que uno de los principales problemas frente a los fenómenos climáticos es la dificultad de los gobiernos para pensar más allá del corto plazo. “Nos cuesta ver mucho más allá del mes” y, en el ámbito político, “nos cuesta ver más allá de los años [en el gobierno]”, señaló. A su juicio, esta limitación provoca que los países subestimen riesgos que pueden tardar años en repetirse: “Así que es un tema de miopía”.
Dionisio Gutiérrez inició con una fábula sobre un gobernante que repartía monedas que no eran suyas, mientras una multitud aplaudía sin preguntar quién había llenado la bolsa ni qué ocurriría cuando se agotara. A partir de esta historia, explicó una de las grandes desgracias de Iberoamérica:
Bonilla inició resaltando que la dinámica populista se repite bastante en el continente: “Detrás está la idea de que muchos de los problemas que enfrentamos se pueden resolver con mayor gasto público, mayor inversión del Estado”. Sin embargo, aseguró que esta es una “trampa” y las “expectativas de la gente se ven decepcionadas”. 