¿Cómo está la salud moral de América Latina?
En el programa de esta semana analizamos las próximas elecciones en Colombia y la influencia del narcotráfico en la política
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre una de las amenazas más graves que enfrenta América Latina: la alianza entre el crimen organizado y el poder político. “Cuando el crimen organizado y los políticos se dan la mano, la política se degrada y la democracia se desfigura”, afirmó. Y explicó que, en esas circunstancias, “el Estado, que nació para proteger a los ciudadanos, se vuelve instrumento de imposición; la ley, que debía ser límite, se convierte en coartada; y la política, que es el arte de ordenar la convivencia, degenera en oficio turbio donde prosperan los peores”.
Señaló que donde el crimen contamina la política, los líderes que ascienden no son “los capaces ni los virtuosos, sino los audaces en el engaño, los hábiles en la intimidación, los cínicos en la mentira”. Es así como la política se transforma en refugio de oportunistas que “confunden el poder con la impunidad”, afirmó.
Gutiérrez subrayó que este fenómeno “viene siempre acompañado de populismo autoritario”, un populismo que “no gobierna con programas, gobierna con enemigos”. Señaló que las consecuencias son “Estados capturados, economías deformadas, sociedades fragmentadas y generaciones enteras condenadas a vivir entre el miedo y la resignación”.
Asimismo, advirtió que cuando el populismo autoritario se asocia con el crimen organizado, el daño es aún más profundo: “No solo roba recursos, roba futuro. Corrompe todo lo que toca”. Y explicó que estos regímenes “no buscan gobernar bien, buscan gobernar siempre”, por lo que necesitan “destruir los contrapesos, domesticar la justicia, intimidar a la prensa y anestesiar a la ciudadanía con la mentira populista o con la imposición autoritaria”.
En el caso de Colombia, señaló que Gustavo Petro “fue un desastre político, institucional y moral”. Señaló que “bajo su mandato se debilitó la autoridad del Estado, se legitimaron actores criminales con disfraz de diálogo y se sembró discordia donde debía haber armonía”. Ahora, que intenta dejar en su lugar a Iván Cepeda, advirtió que él profundizará en “la deriva populista y el conflicto para seguir hundiendo a Colombia”.
Para finalizar, Gutiérrez expuso que esta situación sí tiene salida: “Está en el ciudadano que cree en la libertad, en la ley y en la democracia republicana”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a María Clara Posada, candidata al Senado de Colombia por el Centro Democrático, y a Pedro Trujillo, doctor en ciencia política y especialista en seguridad, sobre las próximas elecciones en Colombia y el involucramiento del narcotráfico en la política.
Posada inició señalando que a pesar de que Gustavo Petro “se hizo elegir con las banderas de la paz total”, en realidad ha gobernado con impunidad y ha ofrecido “ventajas unilaterales a los grupos narcoterroristas”. Es así como para ella, el peor legado que deja Petro es el de pensar que en Colombia “ser criminal paga” y abraza a quien incumple la ley y “no al que ha sido respetuoso de ella”.
Respecto al peligro que representa Iván Cepeda, comentó que él “no ha disimulado que va a profundizar las reformas de Petro”, las cuales “han sido nocivas para los avances sociales y en materia de seguridad”. Además, subrayó su persecución hacia el presidente Álvaro Uribe.
A pesar de este legado y esta ruta que se busca perpetuar, Posada aseguró que Colombia tiene la oportunidad de recuperar su rumbo el 8 de marzo: “Ese día los colombianos debemos salir masivamente a las urnas (...) y podamos enfrentar de forma contundente el comunismo que quiere perpetuarse en Colombia”. De lo contrario, si llegara a ganar Cepeda, el país avanzaría en el modelo socialista de Petro y promovería cambiar la Constitución de Colombia, añadió.
Por el contrario, aseguró que el Centro Democrático “es un partido de certezas, (...) que da resultados”. Además, señaló que trabajan bajo cinco valores principales: “la seguridad democrática, la economía fraterna, la inversión, el Estado austero y el diálogo popular”.
Por otro lado, la entrevista a Pedro Trujillo se centró en el crimen organizado y su involucramiento en la política.
Trujillo inició señalando que el fracaso en la construcción de democracias republicanas funcionales en América Latina puede explicarse a partir de dos fenómenos. Primero, el haber dejado entrar al crimen organizado, y segundo, por una generación joven desencantada, poco reflexiva que participa menos por el desencanto democrático: “Converge el crimen tradicional en la política con una suerte de olvido, de despreocupación de gente joven que quiere soluciones inmediatas”.
En el caso de la penetración del crimen organizado en las instituciones del Estado, señaló que se debe al desplazamiento de las élites económicas en la vida pública: “Tradicionalmente los partidos políticos eran ayudados por empresarios, por organizaciones que a veces buscaban sus intereses, pero no siempre había un interés inmediato, pero ha ocurrido que ese sector se ha desplazado. [Ahora], quien apoya a los partidos políticos es fundamentalmente el narcotráfico, el crimen organizado y la corrupción que ellos mismos generan”.
Respecto a los casos de países que apoyan abiertamente la narcodictadura de Caracas, como México y Colombia, Trujillo señaló que “deberían quedar muy mal” ante la comunidad internacional. Además, aseguró que ambos países en cuestión “ya son narco-democracias”. El riesgo que enfrentan estos países es la “perfección” de estas. En su opinión, considera que México está más “narcotizada” en la política que Colombia.
Para finalizar, Trujillo señaló que para que Venezuela recupere su libertad es necesaria una hoja de ruta: “Una hoja de ruta clara, elecciones antes de fin de año y que el gobierno que tenga que llegar democráticamente llegue”.
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Dionisio Gutiérrez inició señalando que hay presidentes que se despiden dejando obras y otros, “dejando excusas y heridas”. Bajo esa premisa, afirmó que Gustavo Petro está por salir del gobierno de Colombia “con más penas que glorias”, dejando a un Estado “manchado de vergüenza, corrupción y populismo”. Recordó que Petro “ejerció el poder con imposición ideológica como forma de gobierno” y que “no fue un accidente”. Fue un proyecto que quiso avanzar “la agenda de la izquierda radical”, y que no logró consolidarse porque “en Colombia sobreviven instituciones que, maltrechas pero firmes, pusieron límites”.
Raisbeck inició señalando que Iván Cepeda, el candidato del oficialismo, es “más peligroso que Petro”. Señaló que Petro, pese a sus intenciones antidemocráticas, es una persona poco disciplinada, lo que le deja un margen de acción limitado. Por el contrario, Cepeda es alguien “muy metódico”, con una educación familiar marxista revolucionaria: “Él tiene claro que va por una constituyente para cambiar la Constitución”, aseguró.
Por su parte, Vallejo señaló que el daño más profundo que deja Gustavo Petro en Colombia es haber permitido “que el crimen ligado al narcotráfico tomara tanto espacio en el país”. Lo cual se refleja en las “extensas poblaciones donde la guerrilla y el narcotráfico son los que mandan”, pero también en el dinero que destinan estos grupos a “la justicia, en el Congreso” y en las demás esferas políticas.
Dionisio Gutiérrez inició con una advertencia necesaria sobre Iberoamérica, recordando que “la historia de la región es una crónica de ausencias voluntarias y silencios cómplices”. Señaló que, durante décadas, las élites económicas, académicas y sociales “optaron por mirar la política como un lodazal desde la orilla”, convencidas de que otros se harían cargo del desorden, mientras ese lodazal crecía hasta “terminar inundándolo todo”.
Antonetti inició asegurando que el abandono de las élites es algo con lo que se ha peleado “desde hace varias décadas”. A su juicio, “la vieja política se ha quedado en discursos que ya no sirven”, y está atrasada por no ir “al ritmo de las nuevas tecnologías”.
Por su parte, Henaro comenzó su intervención señalando uno de los problemas que enfrenta la región: “Cuando las élites capturan árbitros, normalizan la impunidad y sustituyen las instituciones por operativos, es cuando el país se vuelve un Estado débil”. Asimismo, afirmó que la democracia no es posible cuando no existen división de poderes, un Estado profesional y meritocrático y élites que vertebren el proceso político.


Aznar expresó que este libro intenta “comprender, estudiar y explicar lo que estamos viviendo. Un cambio de era que está fundamentado en dos grandes cuestiones: [primero], el fin del orden internacional (…) y su sustitución por la competencia entre poderes y, segundo, la revolución tecnológica que estamos viviendo”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que la historia, “que tiene memoria larga y castiga la terquedad”, demuestra que es una locura pretender que los tiranos conduzcan una transición democrática. Advirtió que pedirle a una dictadura que administre la libertad es “como pedir al lobo que presida el congreso de ovejas, o encomendar al pirómano la reconstrucción del pueblo que él mismo redujo a cenizas”. En ese contexto, señaló lo que ocurre en la Venezuela de Delcy, Cabello y Padrino, donde los dictadores solo descubren su supuesta vocación democrática cuando “el miedo les toca la espalda”: “Nunca es por virtud, siempre es por pánico. No se convierten, se disfrazan. No rectifican, calculan”.
Quiroga inició asegurando que una transición encabezada por Delcy Rodríguez es “insostenible”, pues la captura de Maduro lo quita de la ecuación, pero “sigue el resto y su naturaleza no cambia”. Además, señaló que la cooperación de Rodríguez con Estados Unidos ahora se debe a la capacidad coercitiva que ejerce el país norteamericano sobre ella. Sin embargo, al momento de levantar esa capacidad coercitiva, su naturaleza seguirá siendo la misma: “corruptos, delincuentes, asesinos”.

Antonio Ledezma advirtió que la caída de Nicolás Maduro no puede interpretarse como el fin del régimen, sino como el descabezamiento del
Dionisio Gutiérrez inició invitando a la reflexión que acompaña los primeros días de cada año, cuando “los humanos sentimos la necesidad de hacer balance, mirar lo vivido, medir lo aprendido y preguntarnos qué queremos para el futuro”. En ese ejercicio, afirmó, es clave comprender que “la felicidad, esa palabra tan perseguida como mal entendida, no es un milagro ni un privilegio, sino una ecuación humana y compleja y por eso imperfecta”.
Rojas reflexionó sobre la “felicidad razonable” como una meta posible, concreta y humana. Subrayó que no se trata de una emoción pasajera, sino de una construcción personal: “la felicidad razonable significa que hay que aspirar a algo concreto”, basada en “una personalidad equilibrada” y en “un proyecto de vida coherente y realista” sostenido en cuatro pilares: “amor, trabajo, cultura y amistad”.
Dionisio Gutiérrez inició compartiendo que durante 2025 perdió a su mejor amigo y una madre perdió a su hijo. Reflexionando sobre lo grande que es su dolor, apenas puede imaginar el dolor de la madre, “una entre tantas que este año vieron apagarse una luz que no volverá”. Distintas circunstancias, “el destino, la violencia, las guerras, se han llevado demasiados hijos, dando golpes que nos dejan desnudos ante la fragilidad de la vida”.
Rojas Estapé inició recordando que todas las personas lidiamos con una pérdida de un ser querido a lo largo de la vida. Sin embargo, lo natural es que “esa persona sea mayor: un padre o un abuelo. Lo malo es cuando esa persona es un hijo”. Señaló que la pérdida de un hijo es “una tragedia, un trauma y es incomprensible, y el cerebro cuando no entiende las siente inseguridad, activa el modo alerta”. Explicó que en este modo alerta, se activa “una sensación de que el mundo ya no es un lugar seguro donde vivir, porque las cosas normales ya no son normales”.
Dionisio Gutiérrez inició el programa recordando que “hay momentos en la vida de las naciones en los que los ciudadanos deben mirarse al espejo y preguntarse quiénes son, quiénes desean ser”. Señaló que hoy, América Latina vive precisamente uno de esos momentos, uno en el que “la libertad, esa llama frágil y sagrada, está siendo asfixiada por manos que nunca debieron tocarla”.
Espinosa de los Monteros inició recordando que las democracias son frágiles y que, cuando el nivel de formación cívica es bajo, “acaban ganando opciones populistas” que sacan ventaja del desgaste institucional. Esto explicaría el surgimiento del populismo en la región.