La arquitectura moral de las sociedades dignas
En el programa de esta semana, reflexionamos sobre el sentido de la vida y el inicio de un nuevo año.
Dionisio Gutiérrez inició invitando a la reflexión que acompaña los primeros días de cada año, cuando “los humanos sentimos la necesidad de hacer balance, mirar lo vivido, medir lo aprendido y preguntarnos qué queremos para el futuro”. En ese ejercicio, afirmó, es clave comprender que “la felicidad, esa palabra tan perseguida como mal entendida, no es un milagro ni un privilegio, sino una ecuación humana y compleja y por eso imperfecta”.
Gutiérrez explicó que esa ecuación comienza con la responsabilidad, entendida como “la capacidad de hacernos cargo de nuestra propia vida, sin culpar al destino o a los demás”. Subrayó que “un hombre responsable no siempre triunfa, pero siempre se encuentra consigo mismo”, y que a esa responsabilidad se suma la energía vital, “ese impulso que nos levanta cada mañana con ánimo de intentarlo otra vez”, recordando que “vivir requiere coraje, pues la existencia no es un camino recto, sino una travesía de dudas y desafíos”.
También destacó la importancia de la confianza en valores que “no se compran ni se negocian, pero orientan la brújula interior cuando el mundo exterior se vuelve confuso”, así como la empatía y la solidaridad, porque “la solidaridad no es un lujo sentimental” sino “la columna social que evita que la vida común se derrumbe en egoísmo y violencia”. A esto añadió el deseo de superación, advirtiendo que “el hombre que no aspira a nada está medio muerto” y que aspirar sin virtud conduce a la autodestrucción.
Para finalizar, Gutiérrez recordó que la felicidad razonable exige virtudes eternas: “honradez, honestidad, decencia, honor”, sin las cuales “el éxito es soberbia, el poder abuso, la libertad, capricho”. Reconoció también el papel de la suerte, “esa misteriosa compañera” que no lo decide todo, pero influye, y concluyó con un mensaje de esperanza: que este año nos encuentre “con el ánimo alto, el juicio claro y el corazón dispuesto”, porque “la felicidad, cuando llega, siempre prefiere a los que se han preparado para merecerla”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Enrique Rojas, médico psiquiatra, catedrático y escritor, sobre el sentido de la vida y el inicio de un nuevo año.
Rojas reflexionó sobre la “felicidad razonable” como una meta posible, concreta y humana. Subrayó que no se trata de una emoción pasajera, sino de una construcción personal: “la felicidad razonable significa que hay que aspirar a algo concreto”, basada en “una personalidad equilibrada” y en “un proyecto de vida coherente y realista” sostenido en cuatro pilares: “amor, trabajo, cultura y amistad”.
Insistió en que el amor y el trabajo son las piezas centrales del bienestar: “no hay felicidad sin amor”, aclarando que este no se limita a la vida afectiva, sino también “al amor que uno pone al hacer las cosas”. Afirmó que “la felicidad consiste en vivir en armonía con uno mismo”.
Sobre la responsabilidad personal, Rojas la definió como una puerta de entrada al bienestar emocional, al señalar que nace de la coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace. Esa coherencia, dijo, se expresa en la integridad, entendida como “tratar de ser uno mismo” sin depender del contexto o del qué dirán, una actitud clave para “sentirse feliz”.
Ante el cansancio vital y la rutina, Rojas puso énfasis en la dimensión espiritual de la existencia. Sostuvo que una visión trascendente permite enfrentar la adversidad con mayor fortaleza: “supero las adversidades porque tengo un sentido espiritual de la vida”. Para él, una fe sólida es “la firmeza del edificio”, aquello que evita que la persona se derrumbe en los momentos difíciles.
Al mirar el comienzo de un nuevo año, recomendó realismo y autoconocimiento. Recordó que “la felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria”, entendida como la capacidad de perdonarse y perdonar. Además, invitó a sustituir las metas vagas por objetivos concretos y medibles, y resumió su propuesta en una idea clave: “administración inteligente del deseo”.
Finalmente, Rojas cerró con una reflexión sobre la vida buena, animando a cultivar virtudes y a no buscar el aplauso externo. Como lema para el año, propuso dos ideas sencillas y exigentes: “nada es difícil si hay voluntad” y “la costumbre de vencerme en lo pequeño”, convencido de que la felicidad razonable no es una utopía, sino una práctica cotidiana.
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Dionisio Gutiérrez inició compartiendo que durante 2025 perdió a su mejor amigo y una madre perdió a su hijo. Reflexionando sobre lo grande que es su dolor, apenas puede imaginar el dolor de la madre, “una entre tantas que este año vieron apagarse una luz que no volverá”. Distintas circunstancias, “el destino, la violencia, las guerras, se han llevado demasiados hijos, dando golpes que nos dejan desnudos ante la fragilidad de la vida”.
Rojas Estapé inició recordando que todas las personas lidiamos con una pérdida de un ser querido a lo largo de la vida. Sin embargo, lo natural es que “esa persona sea mayor: un padre o un abuelo. Lo malo es cuando esa persona es un hijo”. Señaló que la pérdida de un hijo es “una tragedia, un trauma y es incomprensible, y el cerebro cuando no entiende las siente inseguridad, activa el modo alerta”. Explicó que en este modo alerta, se activa “una sensación de que el mundo ya no es un lugar seguro donde vivir, porque las cosas normales ya no son normales”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que “desde la imprenta hasta la electricidad, el hombre ha convivido con el cambio”, pero advirtió que nunca antes la humanidad había enfrentado una disrupción como la actual: “Con la Inteligencia Artificial estamos ante una revolución que puede iluminar o extraviar el porvenir de la humanidad, según el uso que hagamos de ella”.
Juan David Gutiérrez advirtió que existen profesiones particularmente expuestas ante la inteligencia artificial generativa. Señaló que áreas como “diseño de imágenes, edición de texto, traducción” enfrentan un riesgo mayor, pues allí las máquinas ya realizan tareas “más rápido y en mejores condiciones”. Al mismo tiempo, reconoció que en campos como la arquitectura, la medicina, la ingeniería, el derecho y las finanzas “vienen cambios drásticos”, aunque insistió en que, al requerir juicios de valor, estos sectores verán “desplazamientos parciales del trabajo, pero no reemplazo”.
Por su parte, Santiago Gómez afirmó que la inteligencia artificial exige transformar las prácticas docentes. Señaló que “debemos modificar las conductas y las metodologías” y que la educación requiere “un reemplazo y una modificación de los ejercicios de aula” para aprovechar realmente estas herramientas.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina se ha acostumbrado a vivir “al borde del colapso y, sin embargo, seguir bailando”, y que 2026 nos encuentra con un escenario global tenso: guerras en varias regiones del mundo, élites distraídas y una economía internacional complicada.
Llamas inició advirtiendo que, de cara a 2026, persisten señales de alerta para la región: “hay riesgos evidentes: el Estado de derecho, la autocracia, el intervencionismo público”. Sin embargo, añadió que también existen “motivos más que de sobra para la esperanza”, pues observa “un cambio de rumbo claro de la mano de nuevos líderes” y de un ideario liberal-conservador renovado.

Vara inició advirtiendo que el mundo ha regresado a una lógica en la que la fuerza vuelve a determinar los intereses de las potencias. Indicó que vivimos un tiempo en el que los equilibrios del pasado se han erosionado y donde “la fuerza vuelve a ser el criterio con el que las potencias quieren imponerse a los intereses de los demás”.

Moncada explicó que la región vive “una situación muy grave”, con niveles de criminalidad comparables a los de “una guerra civil”. Señaló que la impunidad es “uno de los principales incentivos del crimen organizado”, pues “cuando no hay castigo creíble y las ganancias siguen subiendo, la violencia no tiene consecuencias”.
Por su parte, Breda explicó que América Latina enfrenta “una combinación letal de factores”: altos niveles de desigualdad, corrupción, ineficacia institucional y una amplia disponibilidad de armas. Señaló que las economías ilícitas, como “el mercado de las drogas, la minería ilegal y la extorsión”, ofrecen incentivos que “alientan la participación y el control de los grupos criminales”.

Horst inició reconociendo el retroceso de Chile en los indicadores políticos, económicos, de seguridad e institucionales. Sin embargo, espera que “en las próximas elecciones vuelva a primar una mirada de esperanza y de un Estado que abrace el desarrollo y que permita recuperar las bases del progreso económico y social”.
Por su parte, Cordero inició expresando que Chile no quiere continuidad, sino cambio. Por esa razón, y por la mala evaluación del gobierno de turno, las posibilidades de Jeannette Jara son muy bajas.

Pastrana inició señalando la gravedad que representa que Gustavo Petro esté señalado de colaborar con el crimen y la corrupción: “Es un presidente que hizo el pacto denominado El Pacto de la Picota, en el cual fue a hablar con narcotraficantes para pedir votos. Su hijo también denuncia que en la campaña hay recursos del narcotráfico. [Además], le han quitado la visa [de Estados Unidos] y está en la lista Clinton”. Ante este contexto, está en duda si Colombia será sancionada con tarifas, aranceles al café y a las flores, lo cual afectaría a más de 500 mil familias.
Dionisio Gutiérrez inició con una reflexión sobre la crisis que vive la región: “América Latina, tierra fecunda en historia, cultura y recursos, vive años de carencias y amenazas. Somos una región que soñó con libertad, justicia y progreso, pero hoy enfrenta autocracias disfrazadas ante la mirada cansada de élites indiferentes, ciudadanos resignados y una clase política que ha hecho del poder corrupción e impunidad”.
Salinas expresó que el contexto actual sugiere un panorama complicado para el futuro próximo de la región. Sin embargo, no descarta un optimismo cauteloso: “Vemos cómo se ha desenmascarado el autoritarismo en Cuba, Nicaragua y Venezuela”.
Por su parte, Arias aseguró que América Latina necesita creer y aspirar a mejores instituciones. Sin embargo, indicó que los ciudadanos también tienen un componente de responsabilidad de lo que ocurre: “Muchas veces no se elige correctamente. Por ejemplo, en el caso venezolano ha tomado más de dos décadas darse cuenta de que estamos frente a un régimen criminal”.