Hispanoamérica necesita “Orden y Libertad"
En el programa de esta semana, conversamos con José María Aznar sobre su nuevo libro y los retos que enfrenta el mundo libre

Dionisio Gutiérrez inició recordando cómo la política “ha sufrido en los últimos veinte años una degradación profunda y sostenida”. A diferencia del siglo XX, cuando se entendía como “un ejercicio de honor y responsabilidad histórica”.
Señaló que los Estados, llamados a ser garantes del orden, la libertad y el progreso, “han sido progresivamente confiscados por una clase política improvisada, incapaz, oportunista y corrupta; casi siempre populista y autoritaria”. Una dirigencia que “ha confundido el poder con el aplauso, la legitimidad con la propaganda y el gobierno con la ocupación del Estado para fines personales y criminales”.
Sin embargo, reconoció que no siempre fue así. Recordó que a finales del siglo pasado y en los primeros años del siglo XXI, muchas democracias de Occidente estuvieron lideradas por “verdaderos estadistas que entendían que el progreso no es fruto de la improvisación, sino de la disciplina, la constancia y el respeto por reglas compartidas”. En ese contexto destacó el gobierno de José María Aznar en España, subrayando que entre 1996 y 2004 se alcanzaron “altas tasas de crecimiento económico, se fortalecieron las instituciones del Estado y mejoró la vida cotidiana de millones de españoles”. Resultados que “no pertenecen al terreno de la interpretación ideológica, sino al de los hechos verificables”, aseguró.
Gutiérrez resaltó que Aznar “entregó un país moderno, ordenado y respetado en el mundo” y que su paso por el gobierno demostró que “el ejercicio responsable del poder puede transformar realidades complejas sin sacrificar la libertad ni la democracia”. Además, subrayó que sigue siendo “un líder de referencia en Occidente”, con una trayectoria intelectual marcada por “una consistencia ética y política poco común”.
Para finalizar, se refirió al nuevo libro de Aznar, Orden y libertad, desde el cual analiza la complejidad geopolítica actual y lanza “un llamado urgente a recuperar los valores que hicieron próspero y respetado a Occidente”. En tiempos en que “la mediocridad y la corrupción gobiernan con micrófono en mano y la ignorancia se pasea con escolta”, este mensaje recuerda que “la libertad y la democracia son valores que deben ser protegidos por una ciudadanía presente, vigilante y comprometida”, concluyó Gutiérrez.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a José María Aznar, presidente del gobierno de España de 1996 a 2004, sobre su nuevo libro: Orden y libertad.
Aznar expresó que este libro intenta “comprender, estudiar y explicar lo que estamos viviendo. Un cambio de era que está fundamentado en dos grandes cuestiones: [primero], el fin del orden internacional (…) y su sustitución por la competencia entre poderes y, segundo, la revolución tecnológica que estamos viviendo”.
Añadió que, en tiempos de cambios culturales y sociales, es fundamental contar con instituciones sólidas: “Las democracias son frágiles, pero no son débiles si están paradas en instituciones fuertes que garantizan la separación de poderes, la propiedad, los principios políticos y económicos de la democracia liberal”. También aseguró que es importante defender estos pilares puesto que las amenazas más graves que enfrenta el mundo son en términos políticos: “Si la democracia vuelve a recuperar sus valores: la libertad, la separación de poderes, el Estado de derecho, la tolerancia, entonces la democracia y la libertad prevalecerán”
Respecto al segundo cambio fundamental que vivimos: la inteligencia artificial, Aznar comentó que presenta tanto oportunidades como peligros: “Nunca el ser humano ha tenido un instrumento tan poderoso para aumentar su conocimiento, para cambiar su vida, pero al mismo tiempo es un arma peligrosa porque está diseñado no solo para ayudar al ser humano, sino para sustituirle”. Añadió, además, el peligro que representaría el mal uso de esta tecnología. Por ejemplo, mencionó el desarrollo de armamento nuclear y su peligro si cayera en manos terroristas; la biotecnología y la manipulación genética, entre otros.
Por otro lado, al preguntarle cómo gestionar el aumento en la conflictividad social y política, Aznar contestó que hay que recordar que “la política es el arte del compromiso”. Indicó que la respuesta no tiene que pensarse en términos de confrontación, de aniquilación del adversario o de fragmentación: “Hay que buscar espacios de compromiso, espacios centrales que hagan posible la convivencia entre las personas y la resolución de los cambios políticos y sociales en el mundo”.
En cuanto a liderazgos responsables en el mundo de hoy, señaló que se necesitan líderes que entiendan los problemas actuales, pero que también tengan conocimiento histórico: “Me preocupan las visiones cortas de las cosas porque son las que más pueden perjudicar los intereses del mundo occidental y las que pueden alejar a países del sistema de alianzas más importante, estable y seguro de la libertad y la democracia”.
Para finalizar, Aznar expresó que el lector podrá encontrar en Orden y libertad “advertencias, propuestas y posibilidades de rumbo”.
Para ver el programa completo, haga clic aquí.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que la historia, “que tiene memoria larga y castiga la terquedad”, demuestra que es una locura pretender que los tiranos conduzcan una transición democrática. Advirtió que pedirle a una dictadura que administre la libertad es “como pedir al lobo que presida el congreso de ovejas, o encomendar al pirómano la reconstrucción del pueblo que él mismo redujo a cenizas”. En ese contexto, señaló lo que ocurre en la Venezuela de Delcy, Cabello y Padrino, donde los dictadores solo descubren su supuesta vocación democrática cuando “el miedo les toca la espalda”: “Nunca es por virtud, siempre es por pánico. No se convierten, se disfrazan. No rectifican, calculan”.
Quiroga inició asegurando que una transición encabezada por Delcy Rodríguez es “insostenible”, pues la captura de Maduro lo quita de la ecuación, pero “sigue el resto y su naturaleza no cambia”. Además, señaló que la cooperación de Rodríguez con Estados Unidos ahora se debe a la capacidad coercitiva que ejerce el país norteamericano sobre ella. Sin embargo, al momento de levantar esa capacidad coercitiva, su naturaleza seguirá siendo la misma: “corruptos, delincuentes, asesinos”.

Antonio Ledezma advirtió que la caída de Nicolás Maduro no puede interpretarse como el fin del régimen, sino como el descabezamiento del
Dionisio Gutiérrez inició invitando a la reflexión que acompaña los primeros días de cada año, cuando “los humanos sentimos la necesidad de hacer balance, mirar lo vivido, medir lo aprendido y preguntarnos qué queremos para el futuro”. En ese ejercicio, afirmó, es clave comprender que “la felicidad, esa palabra tan perseguida como mal entendida, no es un milagro ni un privilegio, sino una ecuación humana y compleja y por eso imperfecta”.
Rojas reflexionó sobre la “felicidad razonable” como una meta posible, concreta y humana. Subrayó que no se trata de una emoción pasajera, sino de una construcción personal: “la felicidad razonable significa que hay que aspirar a algo concreto”, basada en “una personalidad equilibrada” y en “un proyecto de vida coherente y realista” sostenido en cuatro pilares: “amor, trabajo, cultura y amistad”.
Dionisio Gutiérrez inició compartiendo que durante 2025 perdió a su mejor amigo y una madre perdió a su hijo. Reflexionando sobre lo grande que es su dolor, apenas puede imaginar el dolor de la madre, “una entre tantas que este año vieron apagarse una luz que no volverá”. Distintas circunstancias, “el destino, la violencia, las guerras, se han llevado demasiados hijos, dando golpes que nos dejan desnudos ante la fragilidad de la vida”.
Rojas Estapé inició recordando que todas las personas lidiamos con una pérdida de un ser querido a lo largo de la vida. Sin embargo, lo natural es que “esa persona sea mayor: un padre o un abuelo. Lo malo es cuando esa persona es un hijo”. Señaló que la pérdida de un hijo es “una tragedia, un trauma y es incomprensible, y el cerebro cuando no entiende las siente inseguridad, activa el modo alerta”. Explicó que en este modo alerta, se activa “una sensación de que el mundo ya no es un lugar seguro donde vivir, porque las cosas normales ya no son normales”.
Dionisio Gutiérrez inició el programa recordando que “hay momentos en la vida de las naciones en los que los ciudadanos deben mirarse al espejo y preguntarse quiénes son, quiénes desean ser”. Señaló que hoy, América Latina vive precisamente uno de esos momentos, uno en el que “la libertad, esa llama frágil y sagrada, está siendo asfixiada por manos que nunca debieron tocarla”.
Espinosa de los Monteros inició recordando que las democracias son frágiles y que, cuando el nivel de formación cívica es bajo, “acaban ganando opciones populistas” que sacan ventaja del desgaste institucional. Esto explicaría el surgimiento del populismo en la región.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que “desde la imprenta hasta la electricidad, el hombre ha convivido con el cambio”, pero advirtió que nunca antes la humanidad había enfrentado una disrupción como la actual: “Con la Inteligencia Artificial estamos ante una revolución que puede iluminar o extraviar el porvenir de la humanidad, según el uso que hagamos de ella”.
Juan David Gutiérrez advirtió que existen profesiones particularmente expuestas ante la inteligencia artificial generativa. Señaló que áreas como “diseño de imágenes, edición de texto, traducción” enfrentan un riesgo mayor, pues allí las máquinas ya realizan tareas “más rápido y en mejores condiciones”. Al mismo tiempo, reconoció que en campos como la arquitectura, la medicina, la ingeniería, el derecho y las finanzas “vienen cambios drásticos”, aunque insistió en que, al requerir juicios de valor, estos sectores verán “desplazamientos parciales del trabajo, pero no reemplazo”.
Por su parte, Santiago Gómez afirmó que la inteligencia artificial exige transformar las prácticas docentes. Señaló que “debemos modificar las conductas y las metodologías” y que la educación requiere “un reemplazo y una modificación de los ejercicios de aula” para aprovechar realmente estas herramientas.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina se ha acostumbrado a vivir “al borde del colapso y, sin embargo, seguir bailando”, y que 2026 nos encuentra con un escenario global tenso: guerras en varias regiones del mundo, élites distraídas y una economía internacional complicada.
Llamas inició advirtiendo que, de cara a 2026, persisten señales de alerta para la región: “hay riesgos evidentes: el Estado de derecho, la autocracia, el intervencionismo público”. Sin embargo, añadió que también existen “motivos más que de sobra para la esperanza”, pues observa “un cambio de rumbo claro de la mano de nuevos líderes” y de un ideario liberal-conservador renovado.

Vara inició advirtiendo que el mundo ha regresado a una lógica en la que la fuerza vuelve a determinar los intereses de las potencias. Indicó que vivimos un tiempo en el que los equilibrios del pasado se han erosionado y donde “la fuerza vuelve a ser el criterio con el que las potencias quieren imponerse a los intereses de los demás”.

Moncada explicó que la región vive “una situación muy grave”, con niveles de criminalidad comparables a los de “una guerra civil”. Señaló que la impunidad es “uno de los principales incentivos del crimen organizado”, pues “cuando no hay castigo creíble y las ganancias siguen subiendo, la violencia no tiene consecuencias”.
Por su parte, Breda explicó que América Latina enfrenta “una combinación letal de factores”: altos niveles de desigualdad, corrupción, ineficacia institucional y una amplia disponibilidad de armas. Señaló que las economías ilícitas, como “el mercado de las drogas, la minería ilegal y la extorsión”, ofrecen incentivos que “alientan la participación y el control de los grupos criminales”.