When the Future is at Stake
En el programa de esta semana, analizamos el panorama geopolítico y sus implicaciones económicas.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que vivimos en un mundo en el que “las certezas se han vuelto escasas”. Señaló que la realidad actual está marcada por tensiones geopolíticas que se multiplican y por alianzas que se recalcan, mientras que el orden internacional que ofreció equilibrio durante décadas hoy se fragmenta. En este escenario, advirtió que “la economía global muestra señales de insuficiencia para generar oportunidades”, dejando a millones de personas viendo cómo el progreso se convierte en una “promesa distante”.
Sobre la relación entre el poder y el mercado, Gutiérrez planteó la interrogante de causa y efecto: “¿Se tensan las relaciones geopolíticas porque la economía deja de ofrecer prosperidad o se deteriora la economía porque la política no funciona?”. Recordó que ambas son dos caras de la misma moneda y que, así como la política necesita efectividad para tener legitimidad, “la economía necesita estabilidad para florecer”.
También mencionó las consecuencias sociales de este desajuste, explicando que cuando el crecimiento es irregular y la movilidad social se debilita, surgen amenazas latentes: “Cuando las sociedades perciben que el sistema ya no cumple su promesa de progreso, aparecen el populismo, el nacionalismo agresivo y los extremos ideológicos”. Estos fenómenos, aseguró, suelen destruir mucho más de lo que pretenden corregir.
Para finalizar, Gutiérrez afirmó que a estas crisis tradicionales se suma la llegada de la Inteligencia Artificial, que, si bien promete multiplicar capacidades, también plantea dudas sobre el empleo y el control de la información. Por ello, concluyó que “la incertidumbre sobre cómo será el mundo dentro de diez años es mayor que en cualquier momento de la historia”, subrayando la urgencia de recuperar la estabilidad para devolver la esperanza a las próximas generaciones.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Hugo Maul, economista, y a Javier Núñez, economista y consultor, sobre el panorama geopolítico y sus implicaciones económicas.
Maul inició advirtiendo que, a pesar de la distancia geográfica, la región no es inmune a los conflictos en Medio Oriente debido a la interconexión de los mercados. Explicó que cualquier impacto en la oferta petrolera nos afecta, ya que un faltante de energía derivará inevitablemente en “un racionamiento de mercado y eso implica precios más altos”.
Sobre la creciente influencia de China en el continente, Maul se mostró cauteloso y enfatizó la importancia de no priorizar lo económico por encima de lo ético. Afirmó ser “partidario de la democracia y de Taiwán”, argumentando que por encima del poderío militar o financiero, lo fundamental es “reafirmar los valores de la libertad, la defensa de los derechos individuales y el respeto a los derechos humanos”, elementos que, a su juicio, no se cumplen a cabalidad en el gigante asiático.
Respecto a los obstáculos internos que frenan el desarrollo regional, señaló que la inseguridad no es solo un problema social, sino también un freno económico directo. Advirtió que el crimen organizado se ha consolidado como un impedimento crítico para el crecimiento y que la falta de un entorno seguro termina por asfixiar la inversión.
Sobre el futuro económico en los hogares, Maul advirtió que nos enfrentamos a una gran incertidumbre. Explicó que el avance de la inteligencia artificial pone en riesgo los sistemas económicos y educativos tradicionales, advirtiendo que podríamos estar ante “problemas graves de generación de empleo” en un plazo tan corto como 18 a 24 meses.
Por su parte, Nuñez inició advirtiendo que, pese a la relativa calma actual, todavía es muy pronto para descartar consecuencias dramáticas por el conflicto en Irán. Explicó que se han visto cambios muy abruptos en los precios del petróleo, por lo que afirmó que “la verdadera dimensión de los efectos la estamos por descubrir en las próximas semanas”.
Sobre la posibilidad de una crisis energética global, señaló que, aunque el fin del invierno en Europa es una ventaja, el mundo enfrenta un momento crítico pues “después de una época en la cual se apostó por las energías verdes (...) el mundo de nuevo volteó a verlas hacia las energías tradicionales”, encontrando una pausa en la innovación de producción que llega en un muy mal momento.
Sobre el panorama en Venezuela y las proyecciones de crecimiento acelerado, Nuñez se mostró escéptico y consideró que el tema “se ha sobredimensionado”. Resaltó los desafíos estructurales del país, indicando que su petróleo no es de la calidad óptima para refinar y enfrenta costos de extracción sumamente elevados. Al respecto, fue enfático al señalar que, aunque Venezuela crezca porcentualmente por partir de niveles muy bajos, “que vaya a tener un impacto masivo en el mercado es muy difícil, al menos en los próximos años”, debido a que su producción actual de 700 u 800 mil barriles sigue siendo muy limitada para las necesidades globales.
Para ver el programa completo, haga clic aquí.

Carreiro inició reconociendo que la prolongación de la guerra en Medio Oriente dependerá “de lo que quiere Estados Unidos y de la capacidad de resistencia del régimen iraní”, el cual parece estar resistiendo bien hasta ahora. Agregó que a pesar de ser uno de los momentos más inestables de su historia, el régimen de los ayatolás parece no estar en su punto de quiebre.
Por su parte, Montes de Oca inició señalando que es importante ver la imagen completa, no centrarse solo en Irán: “Hay una disputa entre un accidente que está buscando un punto de equilibrio entre las viejas alianzas y los Estados Unidos y, por el otro lado, un eje compuesto principalmente por Rusia y China con algunos estados subsidiarios, con Irán como protomotor del terrorismo a nivel internacional”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre el momento de incertidumbre que vive el mundo y la crisis de liderazgo en el Occidente democrático: “Hay momentos en la historia en que el mundo parece sostener la respiración. No por asombro, sino por incertidumbre”. Señaló que el Occidente libre, que en otro tiempo fue “faro del orden internacional”, hoy se encuentra “distanciado de sí mismo, dividido en debates internos mientras las sombras avanzan”.
Vara inició señalando que el conflicto que debe preocuparnos más ahora mismo es el de Irán: “Es un conflicto que puede tener ondas expansivas muy importantes en el mundo”. Además, señaló que es una gran amenaza, pues cuentan con un “arsenal de misiles balísticos” y esta guerra ahora mismo resulta “muy efectiva para acabar con las capacidades económicas de un adversario”. Añadió que este programa resulta incluso como una amenaza existencial, como en el caso de Israel.
Dionisio Gutiérrez inició recordando cómo hace 67 años, la Revolución cubana se presentó al mundo como una gesta redentora, pero terminó siendo “una larga pesadilla para una nación privada de su libertad”. Señaló que aquel proceso tuvo “más éxito exportando su relato falso y criminal que el azúcar, el tabaco y el ron juntos. Cuba vendió mito mientras perdía realidad. Gritó consignas mientras agotaba cosechas. Prometió romanticismo mientras llenaba sus cárceles de disidentes”.
Lechín inició subrayando que a pesar del deseo de ver a Cuba libre, no hay información certera de “qué tan porosa está su inteligencia político-militar”, la cual tiene o ha tenido presencia en países como México, Brasil, Argentina y Chile.
Por su parte, Castro indicó que los cubanos tienen esperanza: “Somos un pueblo que ha vivido 67 años bajo una tiranía de corte estalinista que nos hizo perder hasta las esperanzas. Lo que hemos visto luego de la captura de Nicolás Maduro nos ha traído nuevamente la añorada libertad”.

Saleh advirtió que el sistema represivo en Venezuela “está intacto” y que cualquier aparente apertura responde más a tácticas de supervivencia que a una voluntad real de cambio. Aunque reconoce que el régimen chavista recibe presión externa, insiste en que “ahí están los jueces, los fiscales, los torturadores” y que Diosdado Cabello continúa “manejando ferozmente la represión y un control de la violencia como nunca antes”.
Por su parte, Avendaño sostuvo que el régimen chavista no actúa por convicción, sino por presión directa de Washington. Señaló que están “yendo en contra de todo lo que ellos en algún momento profesaron”, pero “no lo hacen por convicción, sino por presión y por miedo”. Añadió que el cumplimiento parcial de exigencias internacionales no obedece a un compromiso democrático, sino a la necesidad de supervivencia: “Han ido cumpliendo los reclamos de Estados Unidos. Incluso si eso ha implicado el desmantelamiento del propio Estado chavista”.
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre una de las amenazas más graves que enfrenta América Latina: la alianza entre el crimen organizado y el poder político. “Cuando el crimen organizado y los políticos se dan la mano, la política se degrada y la democracia se desfigura”, afirmó. Y explicó que, en esas circunstancias, “el Estado, que nació para proteger a los ciudadanos, se vuelve instrumento de imposición; la ley, que debía ser límite, se convierte en coartada; y la política, que es el arte de ordenar la convivencia, degenera en oficio turbio donde prosperan los peores”.
Posada inició señalando que a pesar de que Gustavo Petro “se hizo elegir con las banderas de la paz total”, en realidad ha gobernado con impunidad y ha ofrecido “ventajas unilaterales a los grupos narcoterroristas”. Es así como para ella, el peor legado que deja Petro es el de pensar que en Colombia “ser criminal paga” y abraza a quien incumple la ley y “no al que ha sido respetuoso de ella”.
Trujillo inició señalando que el fracaso en la construcción de democracias republicanas funcionales en América Latina puede explicarse a partir de dos fenómenos. Primero, el haber dejado entrar al crimen organizado, y segundo, por una generación joven desencantada, poco reflexiva que participa menos por el desencanto democrático: “Converge el crimen tradicional en la política con una suerte de olvido, de despreocupación de gente joven que quiere soluciones inmediatas”.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que hay presidentes que se despiden dejando obras y otros, “dejando excusas y heridas”. Bajo esa premisa, afirmó que Gustavo Petro está por salir del gobierno de Colombia “con más penas que glorias”, dejando a un Estado “manchado de vergüenza, corrupción y populismo”. Recordó que Petro “ejerció el poder con imposición ideológica como forma de gobierno” y que “no fue un accidente”. Fue un proyecto que quiso avanzar “la agenda de la izquierda radical”, y que no logró consolidarse porque “en Colombia sobreviven instituciones que, maltrechas pero firmes, pusieron límites”.
Raisbeck inició señalando que Iván Cepeda, el candidato del oficialismo, es “más peligroso que Petro”. Señaló que Petro, pese a sus intenciones antidemocráticas, es una persona poco disciplinada, lo que le deja un margen de acción limitado. Por el contrario, Cepeda es alguien “muy metódico”, con una educación familiar marxista revolucionaria: “Él tiene claro que va por una constituyente para cambiar la Constitución”, aseguró.
Por su parte, Vallejo señaló que el daño más profundo que deja Gustavo Petro en Colombia es haber permitido “que el crimen ligado al narcotráfico tomara tanto espacio en el país”. Lo cual se refleja en las “extensas poblaciones donde la guerrilla y el narcotráfico son los que mandan”, pero también en el dinero que destinan estos grupos a “la justicia, en el Congreso” y en las demás esferas políticas.
Dionisio Gutiérrez inició con una advertencia necesaria sobre Iberoamérica, recordando que “la historia de la región es una crónica de ausencias voluntarias y silencios cómplices”. Señaló que, durante décadas, las élites económicas, académicas y sociales “optaron por mirar la política como un lodazal desde la orilla”, convencidas de que otros se harían cargo del desorden, mientras ese lodazal crecía hasta “terminar inundándolo todo”.
Antonetti inició asegurando que el abandono de las élites es algo con lo que se ha peleado “desde hace varias décadas”. A su juicio, “la vieja política se ha quedado en discursos que ya no sirven”, y está atrasada por no ir “al ritmo de las nuevas tecnologías”.
Por su parte, Henaro comenzó su intervención señalando uno de los problemas que enfrenta la región: “Cuando las élites capturan árbitros, normalizan la impunidad y sustituyen las instituciones por operativos, es cuando el país se vuelve un Estado débil”. Asimismo, afirmó que la democracia no es posible cuando no existen división de poderes, un Estado profesional y meritocrático y élites que vertebren el proceso político.

Aznar expresó que este libro intenta “comprender, estudiar y explicar lo que estamos viviendo. Un cambio de era que está fundamentado en dos grandes cuestiones: [primero], el fin del orden internacional (…) y su sustitución por la competencia entre poderes y, segundo, la revolución tecnológica que estamos viviendo”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que la historia, “que tiene memoria larga y castiga la terquedad”, demuestra que es una locura pretender que los tiranos conduzcan una transición democrática. Advirtió que pedirle a una dictadura que administre la libertad es “como pedir al lobo que presida el congreso de ovejas, o encomendar al pirómano la reconstrucción del pueblo que él mismo redujo a cenizas”. En ese contexto, señaló lo que ocurre en la Venezuela de Delcy, Cabello y Padrino, donde los dictadores solo descubren su supuesta vocación democrática cuando “el miedo les toca la espalda”: “Nunca es por virtud, siempre es por pánico. No se convierten, se disfrazan. No rectifican, calculan”.
Quiroga inició asegurando que una transición encabezada por Delcy Rodríguez es “insostenible”, pues la captura de Maduro lo quita de la ecuación, pero “sigue el resto y su naturaleza no cambia”. Además, señaló que la cooperación de Rodríguez con Estados Unidos ahora se debe a la capacidad coercitiva que ejerce el país norteamericano sobre ella. Sin embargo, al momento de levantar esa capacidad coercitiva, su naturaleza seguirá siendo la misma: “corruptos, delincuentes, asesinos”.