Lo que la República no debe permitir
En el programa de esta semana, analizamos cómo la captura de la justicia debilita el Estado de derecho, amenaza la separación de poderes y pone en riesgo la libertad, la democracia y la seguridad jurídica en América Latina.
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre el riesgo que representa la captura de la justicia para una democracia: “Una república puede soportar malos ministros, peores diputados y hasta una generación de gobernantes mediocres. Lo que no puede es sobrevivir si desaparece la justicia independiente porque cuando los jueces dejan de obedecer a la ley y obedecen al poder, el ciudadano pierde su último refugio y la nación se convierte en feudo de criminales”.
También explicó cómo los políticos corruptos buscan controlar el sistema judicial para garantizar su impunidad: “Antes de robar a gran escala, procuran capturar a quienes podrían juzgarlos. Desacreditan a los tribunales, reforman sus reglas, nombran obedientes, intimidan fiscales, fabrican expedientes y persiguen a los jueces que conservan conciencia”. Además, señaló que “hablan de democratizar la justicia, pero en realidad quieren permiso para delinquir e impunidad para disfrutar del botín”.
Gutiérrez también hizo referencia a casos concretos en la región, al señalar que “en México, con la elección popular de jueces, Morena politizó la justicia, la puso a su servicio y le dio el tiro de gracia a la democracia mexicana”. Asimismo, recordó que “en España, desde el Ejecutivo se multiplican los ataques contra jueces, fiscales, investigadores y organismos que después de descubrir la corrupción descarada del socialismo se niegan a mirar hacia otro lado”. Sobre Guatemala, afirmó que “hasta hace poco, desde el Ministerio Público y algunos tribunales se persiguió a operadores de justicia, periodistas y ciudadanos. La justicia, que debía perseguir a las mafias, terminó como herramienta de las mafias”.
Para finalizar, Gutiérrez destacó que “defender la independencia judicial no es una preocupación de abogados. Es defender la libertad, el patrimonio, el trabajo y la dignidad de todos”. También subrayó que “la división de poderes no es un adorno constitucional, es la muralla que impide que el gobernante se convierta en dictador”, y concluyó con un llamado a la sociedad: “cuando cae el último tribunal independiente, el ciudadano deja de ser ciudadano. Y pasa a ser súbdito”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Rodrigo Pombo, abogado especialista en derecho constitucional y administrativo, y a Lucas Ghersi, abogado especialista en derecho constitucional, sobre los riesgos de la captura de la justicia, la importancia de la independencia judicial y los desafíos para fortalecer el Estado de derecho en América Latina.
Pombo inició explicando por qué los gobiernos buscan controlar el sistema judicial. Afirmó que, con el auge del neoconstitucionalismo, “de lo que se trata es de dominar el sistema judicial”, pues el Ejecutivo busca controlar a “quien toma, en últimas, la última palabra, que es la rama judicial”. Según explicó, las dictaduras y los populismos recurren a esta estrategia porque la justicia “legitima una decisión”, la “legitima en última instancia” y hace que las decisiones “suenen colegiadas, motivadas, constitucionales” cuando en realidad responden al poder político.
Sobre la independencia judicial, Pombo sostuvo que “la cuota inicial de la independencia y de la calidad de la producción tiene que ver con una separación tajante, no solo formal, sino real del poder político”. En ese sentido, advirtió que mecanismos como “la elección popular de jueces”, la designación de magistrados por parte del Ejecutivo o la influencia política sobre las altas cortes “atentan contra la calidad, la independencia de la justicia” y, en consecuencia, afectan “la dignidad, la protección de los derechos fundamentales” y “el equilibrio real, efectivo de poderes”.
Al referirse al caso colombiano, destacó que, pese a sus dificultades, el país ha logrado fortalecer su sistema judicial. Explicó que “los jueces cada día se han profesionalizado más” y que la rama judicial representa “ese conservadurismo en el buen sentido de la palabra, sobre todo como control, dique iluminado contra la arbitrariedad”. Asimismo, aseguró que el Consejo de Estado “se portó realmente bien contra las fauces del neopopulismo de Gustavo Petro y el socialismo del siglo XXI”.
Respecto a las reformas judiciales impulsadas en otros países de la región, Pombo advirtió que cuando el poder político filtra la elección de los jueces, el resultado es “tiranía, absolutismo, neopopulismo del más ramplón y burdo”. Agregó que, al seleccionar jueces con criterios políticos, “lo que estás es premiando la arbitrariedad, no la motivación, no la decisión sosegada, no la decisión fundamentada en la Constitución”, y calificó ese modelo como “simple y llanamente populismo judicial”. Sobre la elección popular de jueces en México, concluyó que es “una aberración desde todo punto de vista”.
Finalmente, Pombo planteó algunas medidas para fortalecer la independencia judicial en América Latina. Entre ellas, propuso “períodos más largos de tiempo”, “sistemas mixtos” para la elección de altas magistraturas, “buscar una cualificación muy elevada en las altas cortes” y “exigir una efectividad en el cumplimiento de las sentencias y una celeridad en la administración de justicia”.
Por su parte, Ghersi inició explicando que la captura de la justicia responde a una lógica propia de los países con instituciones débiles. Se refirió a la escuela de la elección pública para señalar que “en sociedades con instituciones débiles como en América Latina, en vez de competir económicamente, los grupos de interés compiten políticamente”, y advirtió que una de las formas de hacerlo es “a través de la captura o de la búsqueda de influencia en los organismos judiciales”. Agregó que algunos actores “se hacen amigos de los jueces, del sistema de justicia para mantener su poder en el mercado o perseguir a sus competidores”.
Sobre la responsabilidad de las élites frente a este fenómeno, Ghersi afirmó que, históricamente, “en América Latina más bien justificaron y apañaron ese tipo de maniobras de la captura”. Asimismo, subrayó que el desafío consiste en fortalecer las instituciones para impedir que intereses particulares dominen el sistema judicial. En ese sentido, sostuvo que “se requiere un Poder Judicial muy independiente, muy profesional, que los mejores estén en el sistema judicial”, pues “si no captamos buen talento para el sector público, es mucho más fácil para los intereses capturar el sistema”.
Al abordar las consecuencias económicas de la captura judicial, Ghersi aseguró que esta problemática “es el corazón o el ADN de la pregunta de por qué América Latina sigue siendo pobre”. Explicó que “si no hay seguridad jurídica, todo el mundo de las inversiones se retrae”, ya que los ciudadanos dejan de hacer planes de largo plazo y solo confían en su círculo cercano por temor a que “los contratos no se vayan a poder ejecutar”. Por ello, concluyó que “de verdad tenemos que dar prioridad a la reforma del sistema judicial”.
Respecto a la elección popular de jueces en México, Ghersi sostuvo que “ha habido, sin duda, un deterioro del Estado de derecho” y afirmó que el modelo “que inventaron en Bolivia y luego copiaron en México es algo que debilita terriblemente la justicia”. Explicó que, a diferencia de otros países, el mecanismo mexicano permite que “los partidos políticos presenten jueces”, lo que incrementa la influencia política sobre el sistema judicial.
Finalmente, Ghersi destacó que una justicia independiente debe garantizar siempre el respeto al debido proceso. Afirmó que “en la justicia real se respeta siempre el debido proceso” y advirtió que tanto los procesos excesivamente largos como los demasiado rápidos pueden ser arbitrarios. Para recuperar una justicia capturada, concluyó que se necesita “paciencia en las instituciones” y “construcción de capital humano”, además de invertir en la formación de jueces y fiscales, fortalecer los mecanismos de selección y preservar la separación de poderes.
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Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre una parte de la juventud contemporánea que, pese a haber nacido en el mejor momento material de la historia, asume como natural la abundancia, las libertades y los derechos conquistados por generaciones anteriores. En ese contexto, advirtió que “disfruta de una abundancia que no produjo, de derechos que no conquistó, de tecnologías que no inventó y de libertades por las que otros arriesgaron la vida; pero, en lugar de preguntarse cómo conservar y ampliar ese legado, exige más, de inmediato y sin costo”. Asimismo, recordó el concepto de Ortega del “señorito satisfecho”, que recibe la civilización como si todo le fuera debido y desconoce el esfuerzo que hizo posible ese bienestar.
Gelpi señaló que los jóvenes disfruten de los beneficios del capitalismo, pero desprecien ese mismo modelo es paradójico: “El capitalismo democrático ha logrado la mayor disminución de la pobreza en nuestra historia. Sin embargo, una parte importante de los jóvenes desconfía del sistema porque vive en la cara más negativa: tiene servicios públicos, tiene servicios sociales, pero no es capaz de independizarse. Bajo este contexto, considera que más que una confrontación ideológica, lo que hay es “una frustración vital” con la sensación de que no se puede avanzar: “desde el mundo liberal y capitalista, debemos impulsar ese motor de alguna manera porque si no, los populistas nos van a devorar”. Aunque añadió que es cierto que no es posible que los Estados satisfagan todas esas necesidades.
Por su parte, Álvarez señaló que figuras como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, venden una narrativa errónea al afirmar que solo existe una mayoría, la clase trabajadora: “Incluso Marx y Engels describían el comunismo con el proletariado y la burguesía”. Además, señaló que el hablar bajo estos términos crea la narrativa de que “estamos sometidos ante el rico, ante el que oprime”, cuando realmente en una sociedad libre todos somos agentes económicos.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina continúa atrapada en el conflicto, la pobreza y la devastación por el voto: “El voto equivocado le impone, con demasiada frecuencia, gobernantes corruptos y autoritarios”, quienes, además, “intentan que nuestros países sean cautivos de la demagogia y la sumisión que produce pueblos de esclavos en lugar de naciones de ciudadanos”.
Villamarín advirtió que el desconocimiento anticipado de los resultados electorales por parte del oficialismo colombiano es un riesgo para la democracia del país. A su juicio, el presidente Gustavo Petro y su sector político buscan “darle una lectura politizada, ideologizada y torcida a todo lo que no les conviene” y “acusan siempre de trampa al adversario”, pese a que llegaron al poder mediante el mismo sistema electoral que ahora cuestionan.
Por su parte, Flores señaló que la izquierda populista ha sido hábil “en tratar de afianzarse o imponerse en el poder”. A pesar de eso, ve positivo que nuestros sistemas electorales sean “participativos y transparentes”. Además, aseguró que los ciudadanos latinoamericanos logran reconocer que la narrativa que se ha tratado de imponer sobre fraude es falsa: “No se vale que estén gritando fraude cuando pierden. Seamos honorables”.
Dionisio Gutiérrez inició refiriéndose a la crisis que atraviesa Venezuela y al momento decisivo que enfrenta el país tras la caída de Maduro: “La tiranía de Caracas ha sido golpeada, el dictador cayó, la verdad del desastre quedó expuesta con brutalidad y, sin embargo, la libertad sigue detenida en un umbral incierto”. Aseguró que la transición es aún inconclusa y que hay un régimen que conserva estructuras de poder.
Arias aseguró que la tragedia provocada por el terremoto en Venezuela no puede entenderse de forma aislada, sino como consecuencia de más de dos décadas de deterioro institucional. A su juicio, “el verdadero drama” no es el fenómeno natural en sí, sino que el país “no está institucionalmente apto para recibirlo”.
Por su parte, Montes de Oca afirmó que América Latina atraviesa una nueva oportunidad para dejar atrás el ciclo del populismo, aunque advirtió que el éxito dependerá de que los países sean capaces de construir una alternativa duradera. A su juicio, la región vive un momento similar al de la década de 1990, con una serie de gobiernos que han comenzado a desplazar a la izquierda, mientras “aquel viejo Foro de São Paulo parece ahora acurrucado en Brasil”, donde incluso el liderazgo de Lula da Silva enfrenta un escenario de incertidumbre.

Pedro Trujillo inició señalando que América Latina atraviesa un momento de rechazo al populismo de izquierda, aunque advirtió que aún es prematuro hablar de un cambio definitivo. Afirmó que “hay un rechazo total” a esos regímenes en varios países de la región, pero también advirtió que “la mitad de la población de todos esos países (...) quieren vivir en un país que no está de acuerdo a la otra mitad”, lo que refleja “una polarización extrema que impide decir (...) si estamos en un cambio o es transitorio”.

Lechín comenzó señalando que la clave para entender que la libertad económica no es una consigna de ricos, sino una condición para crear clases medias fuertes es comprender que “los ricos siempre existen”, ya sea porque han trabajado por ese dinero o porque son políticos que lo han robado: “La zona de ricos nunca queda vacía, por lo tanto, no nos deben preocupar los ricos en términos filosóficos. Lo que nos debe preocupar siempre son los pobres”.

Ghersi señaló que en América Latina el problema con los gobiernos abiertamente autoritarios y aquellos que desean serlo es que en estos países “el poder no está limitado. La Constitución y la ley son utilizadas para perseguir al disidente, eliminar las libertades y hacer demagogia económica empobreciendo a nuestros pueblos”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre el momento decisivo que enfrenta Colombia y la necesidad de que la nación examine su rumbo con honestidad y responsabilidad. Afirmó que “hay horas en que una nación debe mirarse al espejo de su historia y preguntarse si todavía conserva el pulso moral necesario para salvarse a sí misma. Para Colombia, esta es una de esas horas”.
Raisbeck inició señalando que, de ganar Cepeda, el heredero de Petro, Colombia podría estar a un paso de caer bajo la categoría de régimen híbrido: “El candidato es cercano a las FARC y también está lanzando una propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente. Sabemos qué pasa cuando estos izquierdistas radicales bolivarianos cambian la Constitución: lo hacen para quedarse en el poder y, por supuesto, para implementar un régimen autoritario socialista”.
Por su parte, Chacón señaló que en Colombia existen dos modelos: “El modelo de Petro y de Iván Cepeda que es un modelo de izquierda que busca estatizar la economía, privilegiar las negociaciones de paz y que apuesta por una Asamblea Constituyente. Por el otro lado, con Abelardo de la Espriella, ha dicho que impondrá orden, que encarna un movimiento ciudadano con una serie de valores, entre ellos la patria, la familia, la seguridad y la propiedad privada, y que se ha comprometido a impulsar reformas en el marco de la Constitución, no para cambiar toda la arquitectura institucional, sino modificar temas como la Jurisdicción Especial de Paz que tendrá que pasar por el Congreso”.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que la corrupción representa una amenaza aún más grave para el desarrollo de una nación que las crisis económicas o los conflictos comerciales: “La corrupción empobrece a una nación más que una recesión, una sequía o una guerra comercial”. Además, advirtió sobre las consecuencias de los malos gobiernos al señalar que “cuando el autoritarismo, la corrupción y la incompetencia se sientan en el poder, no solo se vacían las arcas públicas, se vacía también la confianza de la gente y se destruye la moral cívica”.
Llamas inició señalando que el declive del Partido Socialista en España inició en 2004 con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero: “A partir de ahí, inicia un punto de inflexión de populismo, donde un partido de perfil socialdemócrata termina convirtiéndose en un perfil bolivariano”.
Por su parte, Saleh resaltó que ver finalmente a la justicia llegar a Zapatero es “una reivindicación de años de denuncias que derivaron en amenazas y descalificaciones de todo tipo”. Sobre la investigación, señaló que “será trascendental para Venezuela e Iberoamérica”, pues es solo la punta del iceberg de una “estructural criminal transnacional”.
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo que el Perú se acerca “a una de esas elecciones en las que no solo se elige a un gobernante, sino el tipo de país que se quiere ser”. En medio de la polarización, la desconfianza y el cansancio con la política, señaló que los peruanos deben evitar “caer en la trampa de Roberto Sánchez, un candidato que se presenta como novedad”, pero no lo es.
Fujimori inició reconociendo que a lo largo de su vida, desde los 19 años en que se convirtió en primera dama, ha aprendido el sentido del deber, pero su lección más importante ha sido que “el poder es efímero, pero el servicio es eterno”.