Articulo largo

Encuesta de opinión pública - octubre 2026

Articulo largo

Este estudio de opinión busca conocer el sentir de los guatemaltecos en diversos temas económicos, sociales y políticos, y facilitar la toma de decisiones asertivas de los agentes públicos y privados.

 

Fundación Libertad y Desarrollo, en alianza con la prestigiosa encuestadora internacional CID Gallup, presentó los resultados del estudio de opinión pública correspondiente a octubre de 2026. 

 

Las entrevistas se realizaron entre el 12 de septiembre y 1 de octubre de 2026, con una muestra aleatoria de 1213 ciudadanos. El estudio cuenta con un margen de error de ±2.8 puntos y un nivel de confianza del 95 %.

 

Los resultados ofrecen una radiografía del sentir ciudadano respecto a temas económicos, sociales y políticos:

 

 

  • El rumbo del país: El 89 % de los encuestados considera que el país va por el camino equivocado.
     
  • Costo de vida y economía familiar: El 76 % afirmó que el costo de la vida ha aumentado mucho en los últimos cuatro meses, mientras que el 58 %  indicó que su situación económica familiar empeoró en el último año.
     
  • Aumento en las preocupaciones: El 52 % identificó el costo de la vida como la principal preocupación que afecta a su familia, lo que representa un incremento significativo frente al 29 % registrado en enero de 2026. 
     
  • Aprobación presidencial: El 78% de los participantes desaprueba la gestión de Bernardo Arévalo como presidente. Además, el 36 % considera que desempeña “muy mal” sus labores y 38 % “mal”.
     
  • Apatía política: El 71 % de los encuestados indicó darle “poca o ninguna” importancia a los asuntos políticos del país, lo que sugiere un marcado desinterés ciudadano.
     
  • Perspectiva de cambio: El 48 % considera que las elecciones de segundo grado recientes no cambiarán el rumbo del país. 
     
  • Evaluación de figuras públicas: Ernesto “Neto” Bran vuelve a posicionarse como el personaje con el mayor índice de favorabilidad, alcanzando un 51 % de aprobación. 
     
  • Perspectiva electoral: El 58 % de los encuestados afirmó tener la intención de votar en las próximas elecciones generales. Sin embargo, el 69 % cree que el narcotráfico influirá en las mismas, mientras que el 68 % respalda que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) impida la inscripción de ciertas candidaturas. 

 

Los resultados de esta edición reflejan un profundo pesimismo sobre el rumbo del país y un marcado desencanto político en la población. La preocupación por el costo de la vida prácticamente se ha duplicado en menos de un año, impactando de forma directa en la alta desaprobación de la gestión presidencial (78%). Este escenario apoya el sentimiento generalizado de apatía y desconfianza hacia las instituciones públicas y los procesos electorales.

Fundación Libertad y Desarrollo incluye en este estudio de opinión la sección sobre los niveles de aprobación y conocimiento de figuras políticas con el objetivo de dar un aporte a la calidad del debate público. Como lo hemos hecho a través de los años, asumimos una vez más la responsabilidad y el compromiso cívico de brindar certeza a los procesos electorales por medio de datos confiables y garantizados gracias a los estudios de la empresa CID Gallup.

 

En la presentación de la encuesta contamos con la presencia de periodistas y comunicadores, empresarios, académicos e investigadores, así como tomadores de decisiones, quienes posteriormente discutieron los resultados y sus implicaciones.

 

Puede descargar la encuesta completa haciendo clic en el botón de descargar en la esquina superior derecha.

 

 

¿Cuándo estará la política a la altura de los pueblos?

Articulo largo
Programa

En el programa de esta semana, analizamos la crisis de confianza en las democracias latinoamericanas, el avance del populismo y el autoritarismo, la creciente influencia de China, la debilidad de las instituciones y los desafíos que plantean el crimen organizado y la polarización política para el futuro de la región

 

Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina lleva demasiado tiempo esperando que la política esté a la altura de sus pueblos. Advirtió que “una parte importante de la dirigencia política convirtió el servicio público en cueva de malhechores, el partido en agencia de colocaciones, el presupuesto en instrumento de poder o en botín y al ciudadano en alguien a quien se visita durante las campañas y se olvida al día siguiente”. 

También mencionó que la política debería atraer personas preparadas, honestas y capaces de administrar, escuchar, decidir y rendir cuentas. Sin embargo, “en demasiados países ocurre lo contrario”. La gente valiosa se aleja y “el espacio abandonado lo ocupan aventureros, mediocres y oportunistas”. En ese sentido, afirmó que “cuando una sociedad renuncia a la exigencia, termina gobernada por quienes tampoco se exigen a sí mismos”.

Gutiérrez también hizo un llamado a las élites y a los ciudadanos a asumir su responsabilidad: “Las élites no pueden declararse espectadoras inocentes”. Y recordó que “cuando los mejores abandonan la plaza pública, la plaza no queda vacía. La ocupan otros”.

Asimismo, destacó que una democracia necesita instituciones, pero también carácter. Requiere ciudadanos que comprendan que “la libertad no consiste solamente en exigir derechos, sino en asumir obligaciones”; que gobernar no es repartir favores, que la ley no debe doblarse ante el poderoso y que el adversario no es un enemigo. 

Gutiérrez llamó a recuperar la decencia, “para decir la verdad aunque cueste votos. Para administrar dinero ajeno con más cuidado que el propio. Para reconocer un error. Para marcharse cuando corresponde. Para entender que gobernar es recibir temporalmente una responsabilidad, no adquirir una propiedad”.

Afirmó que las naciones no están condenadas a repetir eternamente sus fracasos y planteó la necesidad de una generación de jóvenes presentes, ciudadanos más exigentes, empresarios conscientes de su responsabilidad pública, periodistas valientes y servidores públicos que todavía creen que hacer bien las cosas importa. 

Para finalizar, Gutiérrez concluyó que “los pueblos no necesitan salvadores. Necesitan instituciones que funcionen, dirigentes que sirvan y ciudadanos que nunca renuncien a exigirles ambas cosas”. 

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Víctor Mijares, profesor de ciencia política y estudios globales, y a Stephanie Henaro, internacionalista con maestría en geopolítica y seguridad, sobre la crisis de confianza en las democracias latinoamericanas y los retos que enfrenta la región. 

Mijares inició destacando que el creciente atractivo de China en América Latina responde más a los errores de Estados Unidos que a una supuesta superioridad del modelo chino. Destacó que Pekín ha mantenido “un paso constante” en la incorporación de recursos naturales y en proyectos de infraestructura, mientras que su política exterior “ha vendido” la idea de estar “mucho más interesada en los negocios que en la política o la ideología”. En contraste, señaló que en Washington “sus objetivos políticos y estratégicos pareciera primar”, lo que genera “resistencias y temores muy atávicos en el alma latinoamericana”.

Mijares también explicó por qué las nuevas generaciones latinoamericanas parecen mostrar menos rechazo hacia modelos autoritarios como el chino. A su juicio, “el cambio generacional” ha alejado los recuerdos de las dictaduras, que para muchos jóvenes son “recuerdos muy viejos” y “muy remotos”. China, en cambio, es percibida como “una alternativa viable” y como “un socio confiable”, pues no se le ve como “un competidor político que quiera exportar ideología” o “un modelo de gobierno particular”.

Para Mijares, el caso venezolano representa una excepción que demuestra precisamente el valor de la libertad cuando esta se pierde. Explicó que el fuerte apego de los venezolanos a la democracia nace “del anhelo” y “del reconocimiento de que la democracia puede ser efectivamente el modelo que permita el libre ejercicio de las voluntades, la libertad económica, la alternancia en el poder”. Por eso, considera “bastante natural” que los venezolanos tengan “ese apego por algo que no tienen”.

Ante la creciente polarización política en países como Colombia y Perú, sostuvo que preservar la democracia exige poner las instituciones por encima de las diferencias políticas. En ese sentido, defendió una fórmula que considera fundamental: “el Estado de derecho, la división de poderes y, por supuesto, el respeto por las leyes y las instituciones”.

Sobre Argentina, Mijares destacó que el proceso de reformas económicas puede fortalecer la confianza democrática cuando los ciudadanos perciben resultados concretos. Señaló que “cuando comienza a ver la luz al final del túnel, comienza a darse cuenta que efectivamente, sí se podían hacer los cambios”. También resaltó que, pese a las advertencias de quienes anticiparon un giro autoritario, el proceso ha sido “perfectamente democrático y perfectamente reformista” y orientado “hacia el liberalismo económico”.

Finalmente, frente al avance del crimen organizado, Mijares advirtió que combatirlo no es solamente una cuestión de seguridad, sino una condición para preservar los sistemas democráticos. Consideró que “es absolutamente necesario que se luche contra ese crimen organizado para sostener la democracia”.

Por su parte, Henaro advierte que la crisis de confianza en las democracias latinoamericanas no necesariamente nace de un rechazo a la democracia, sino de la frustración ante sistemas que no logran resolver los problemas cotidianos. Explicó que los ciudadanos están recurriendo a la “prueba y error”, pero alertó que ese proceso “puede llevar al desinterés de la democracia”, no porque necesariamente se busque una dictadura, sino porque “se busca algún sistema que dé resultados”.

Para Henaro, una de las claves para recuperar la confianza está en profesionalizar el Estado y separar la administración pública de los intereses partidistas. “Vemos muchos proyectos políticos, pero muy pocos proyectos de Estado”, señaló. Por ello, considera necesario “regresar a las bases, al servicio público y dejar los intereses políticos afuera”, pues los intereses políticos “no nos han permitido avanzar”.

La frustración ciudadana también puede abrir espacio al populismo. Henaro sitúa el origen de este fenómeno en una crisis simultánea de la democracia y la globalización: “lo que prometía mejorar la calidad de vida no lo hizo ni la democracia ni la globalización”. Ese malestar, explicó, se traduce en “respuestas rápidas como el populismo”, tanto de izquierda como de derecha, cuyo “común denominador” es “la irresponsabilidad fiscal”. Su conclusión es contundente: “El populista sabe cómo gastar dinero, pero no sabe cómo hacer dinero”.

Ante la crisis de los partidos políticos, Henaro sostiene que la ciudadanía ha dejado de confiar en las instituciones y ha comenzado a confiar más en las personas. Para revertir esta tendencia, considera indispensable contar con “personas comprometidas, capaces de edificar proyectos políticos que comienzan a sembrar una nueva base” y que provengan “de la vía civil”. La sociedad, afirmó, está cansada de que sean “siempre los mismos, vendiendo lo mismo solamente con otra etiqueta”.

En materia de libertad de expresión, Henaro defendió el fortalecimiento de instituciones independientes frente al riesgo de que los gobiernos se conviertan en árbitros de la verdad. “Necesitamos fortalecer organismos autónomos”, afirmó, porque “cuando un gobierno es el que decide qué es verdad o qué es mentira, se pierde la libertad de expresión”. 

Henaro también alertó sobre el distanciamiento de las nuevas generaciones respecto de la memoria de las dictaduras. “Se ha perdido el miedo a llegar a ese extremo”, afirmó. Por ello, considera necesario explicar a los jóvenes “qué se podría perder” y recordarles “cómo nos costó llegar a donde estamos”, porque la democracia es “el resultado de una lucha”.

Sobre México, Henaro advirtió que el crimen organizado ha avanzado de manera sostenida desde los años noventa y que su expansión ya no se limita al narcotráfico. Según explicó, los grupos criminales se han diversificado hacia “las extorsiones, la trata de personas, los secuestros” y otras actividades, mientras “la economía formal se ha visto en peligro”. Aunque reconoció esfuerzos recientes para modificar la estrategia de seguridad, sostuvo que “sigue sin ser suficiente” porque los mexicanos continúan sin contar con “instituciones capaces de hacer valer la justicia”.

Finalmente, Henaro planteó que la recuperación democrática también depende de un cambio en la propia ciudadanía: “El reto para los ciudadanos latinoamericanos es dejar de ser habitantes y convertirnos en ciudadanos”. Para lograrlo, propuso “leer nuestras leyes, hacerlas valer y sobre todo elevar nuestros niveles de tolerancia”, con una premisa clara: “si nosotros no exigimos, entonces quién”.

Para ver el programa completo, haga clic aquí. 

Cuando el petróleo financia dictaduras

Articulo largo
Programa

En el programa de esta semana, analizamos cómo la energía se convirtió en un arma geopolítica, el impacto del conflicto en Irán y el estrecho de Ormuz sobre el petróleo y el diésel y las decisiones que están profundizando la vulnerabilidad energética de América Latina.

 

Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre las naciones que utilizan su fuerza para construir y mejorar la vida de sus ciudadanos, frente a los gobiernos que entienden el poder como una herramienta para someter, intimidar e imponer silencio: “No conviene confundir a los pueblos con quienes los gobiernan. El problema no son los rusos, los chinos ni los iraníes; son los sistemas políticos que concentran tanto poder que las decisiones de unos pocos condicionan la vida de millones”.

También se refirió a la invasión rusa de Ucrania y al costo humano que continúa provocando: “Rusia ofrece la expresión más brutal. Su cobarde invasión a Ucrania continúa violando la soberanía de una nación democrática y el costo humano sigue creciendo”. Y agregó que “No hay grandeza en lanzar ejércitos contra el vecino para corregir con sangre aquello que un tirano sociópata considera una injusticia histórica. Aquello es la vieja barbarie del poder en tiempos modernos”.

Sobre Irán, Gutiérrez señaló que “durante años, su régimen ha utilizado organizaciones terroristas como instrumentos de influencia regional”, y destacó que “a lo interno, siguen las ejecuciones, las detenciones arbitrarias y una represión interna extrema”. Asimismo, afirmó que “el precio de esa política, además del ciudadano iraní privado de libertad, lo paga el mundo entero”.

Al referirse a China, reconoció su peso económico y tecnológico, pero cuestionó el papel de su gobierno: “China, por su lado, es una gran potencia económica y tecnológica, pero su gobierno mantiene severas restricciones a las libertades civiles, sostiene el complejo militar-industrial ruso y apoya al criminal régimen iraní”. También sostuvo que “una potencia responsable debería utilizar su extraordinaria capacidad para reducir conflictos, no para contribuir —directa o indirectamente— a prolongarlos”.

Gutiérrez advirtió que “la ambición sin límites termina convirtiendo al poderoso en una caricatura de sí mismo” y que “una civilización empieza a extraviarse cuando el poder deja de reconocer límites”. Frente a ello, defendió principios fundamentales de las sociedades libres: “Libertad, Estado de derecho, división de poderes, propiedad, pluralismo y dignidad humana no son caprichos occidentales. Son conquistas civilizatorias que permiten al individuo vivir sin quedar sometido a la potestad del gobernante”.

También señaló que las democracias deben actuar con coherencia al defender esos principios: “El mundo democrático tampoco puede reclamar superioridad moral si abandona esos principios cuando resultan incómodos. Defenderlos exige coherencia, fortaleza y una política exterior capaz de distinguir entre coexistencia y complacencia”.

Para finalizar, Gutiérrez recordó que las consecuencias del poder sin límites trascienden las fronteras: “Las guerras, la intimidación y el patrocinio de la violencia no se quedan encerrados en los palacios donde se deciden. Cruzan fronteras, encarecen la vida, destruyen oportunidades y llenan cementerios”. 

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Ignacio Montes de Oca, escritor y periodista, y a Paulo de León, cofundador de Central American Business Intelligence, sobre el panorama geopolítico y el aumento en los costos de energía.

Montes de Oca inició por la importancia del estrecho de Ormuz y otras rutas marítimas, señalando que “es el 20 % de la riqueza la que se mueve no solamente de petróleo, sino también del gas que abastece a todo el mundo”. Añadió que el impacto alcanza directamente a los consumidores: “ese 20 % es lo que hace que el petróleo impacte en nuestra billetera”.

 

Sobre el papel de China en el conflicto energético, destacó que cuenta con importantes reservas y, al mismo tiempo, mantiene una relación estratégica con Irán: “Acumuló 1.6 millones de barriles de petróleo, con lo cual puede ‘tirar’ seis meses de conflicto sin despeinarse”. Además, afirmó que “es el principal comprador de petróleo de Irán, tanto como el 98 % y el principal proveedor de armas”, por lo que, a su juicio, “Irán aguanta gracias a ese respaldo de China, no solo financiero sino también militar”.

 

Al abordar los ataques ucranianos contra la infraestructura petrolera rusa, Montes de Oca explicó que el impacto sobre la capacidad energética de Rusia también tiene consecuencias militares. “Ucrania es la única forma que tiene de doblegar a Rusia”, afirmó. En ese sentido, explicó que “sin combustible, sin petróleo refinado, no se puede mover la economía. Si no se mueve la economía, entonces su maquinaria bélica tampoco funciona como debería funcionar”. Según su análisis, los ataques a la logística energética rusa están teniendo efectos en el campo de batalla.


Sobre Venezuela, sostuvo que el papel del petróleo y la relación de Washington con el gobierno venezolano están condicionando la transición política. Explicó que “el asociarse la Casa Blanca con una dictadura aleja la posibilidad de transición”, y contrastó las prioridades de Washington con las demandas de los venezolanos: “Los venezolanos dicen no es solamente prosperidad, también libertad, de eso se trata”.


Finalmente, al analizar las oportunidades de Argentina frente al auge de Vaca Muerta y el sector energético, Montes de Oca destacó el potencial de los recursos naturales, aunque también señaló sus limitaciones. “Sin lugar a dudas, si es una es la gran apuesta. El petróleo, la minería, o sea, todo lo que son las políticas extractivas”. Sin embargo, advirtió que el país enfrenta un dilema por su limitada capacidad de refinación y el impacto de los precios internacionales.

 

Por su parte, de León explicó que la actual presión sobre los precios de la energía responde, en buena medida, a una brecha entre oferta y demanda. Al analizar el mercado del diésel, señaló que “hay una crisis de las refinerías de diesel, particularmente en Europa y en América” y advirtió que, mientras la población y la clase media latinoamericana continúan creciendo, “quieren más petróleo y energía, pero la oferta no ha alcanzado el mismo ritmo”.

Sobre los subsidios a los combustibles, cuestionó las decisiones que buscan contener los precios en el corto plazo: “aquí es donde se junta el populismo con la ignorancia económica”. Frente a ello, planteó que las soluciones pasan por “estimular una oferta responsable” y por “una explotación responsable de los recursos que incentiven con buena regla la inversión”. Según explicó, “la demanda sigue creciendo a un ritmo más rápido que la oferta”.

También destacó las distorsiones que generan en los mercados y defendió una reducción de impuestos como alternativa: “Que cada quien decida con su dinero si gasta más o menos”. Añadió que los subsidios “distorsionan los mercados y generan detrás un aparato burocrático que es el que tiene que pagar el subsidio”.

De León también señaló que el precio de los combustibles en América Latina está condicionado no solo por los impuestos, sino por las deficiencias de infraestructura. “Es una mezcla de impuestos altos”, afirmó, pero agregó que “los costos de distribución se han disparado”. Como ejemplo, explicó que “en Estados Unidos el costo de transportar los productos como la energía o como la gasolina, más o menos es 8 % del costo de producción y en Latinoamérica es 25 %”. 

Finalmente, de León planteó la reducción de impuestos como una de las decisiones que podría favorecer la actividad económica. “Yo creo que también se nos ha olvidado que bajar impuestos es bueno, bajar impuestos estimula la inversión y estimula el consumo y le devuelve el dinero a la gente”, afirmó. Y resumió su posición señalando: “Bajar impuestos sería algo bueno. Yo creo que funciona y ha funcionado, pero a los burócratas no les gusta eso”.

 

Para ver el programa completo, haga clic aquí. 

 

 

¿Cómo sobrevive una nación sin educación?

Articulo largo
Programa

En el programa de esta semana analizamos los principales desafíos que enfrenta la educación. 

 

Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre la educación y la manera en que los gobiernos suelen privilegiar las obras visibles frente a una tarea que exige tiempo, disciplina y visión de largo plazo:“La educación, en cambio, no suele prestarse al espectáculo. Exige paciencia, rigor y una visión que vaya mucho más allá del siguiente período electoral”. 

También destacó la importancia de una educación de calidad para la libertad y el futuro de las naciones: “Cuando un país deja de enseñar a pensar, a leer con profundidad, a razonar, a distinguir entre verdad y opinión, a trabajar con disciplina y a exigir calidad, empieza a hipotecar su libertad”. En ese sentido, afirmó que “la ignorancia produce fantasmas y mediocridad satisfecha” y recordó que “educar no consiste únicamente en llenar cabezas de información, sino en formar carácter, criterio y responsabilidad”.

Gutiérrez también cuestionó los intereses que han intervenido en los sistemas educativos y señaló que “demasiados sistemas educativos han sido secuestrados por intereses que poco tienen que ver con los alumnos”. Por esta razón, “el estudiante termina pagando el precio de una cobardía que no eligió”, aseguró.

Asimismo, señaló la responsabilidad de las élites y de toda la sociedad en materia educativa: “No habrá economía moderna, instituciones sólidas ni democracia estable si quienes llegan a la vida adulta no tienen las herramientas intelectuales y morales para sostenerlas”. También recordó que la educación no depende únicamente de los sistemas públicos, pues “el maestro puede abrir la puerta, pero el alumno tiene que cruzarla”.

Para finalizar, Gutiérrez enfatizó que aprender requiere esfuerzo y que la sociedad debe recuperar una cultura que valore el conocimiento: “Aprender exige esfuerzo. Y el esfuerzo, aunque parezca palabra antigua, sigue siendo una de las virtudes más modernas”. Concluyó advirtiendo que “una nación que abandona a sus jóvenes se abandona a sí misma”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Amber Gove, economista e investigadora en educación, y a Ronald Flores, director del departamento de educación en la Universidad Francisco Marroquín, sobre los desafíos que enfrentan los sistemas educativos y cómo enfrentarlos. 

Gove abordó los principales desafíos que enfrenta la educación en América Latina y advirtió que las brechas de aprendizaje que aparecen en las pruebas PISA comienzan mucho antes de los 15 años. Explicó que estos desafíos se veían venir desde el 2019 con las pruebas en niños de 8 años. 

Sobre las razones detrás de estos rezagos, señaló que la evidencia ya muestra qué funciona para enseñar las habilidades fundamentales: “Sabemos por la ciencia de la lectura y la ciencia de la enseñanza que hay maneras que realmente funcionan para enseñar la lectura y la matemática a las edades tempranas”. Por ello, destacó la necesidad de fortalecer las capacidades de los docentes: “Debemos apoyar a estos docentes para realmente enseñar bien, medir bien y seguir lo que las investigaciones nos dicen que deben hacer”.

Gove también puso el foco en la importancia de atraer y preparar a los mejores profesionales para la docencia. “Son responsables para crear el futuro, literalmente crear y cuidar del futuro”, afirmó. 

Sobre el uso de la tecnología y la inteligencia artificial en las aulas, llamó a evitar una incorporación sin suficiente evidencia. Explicó que algunas investigaciones muestran que poner directamente la tecnología en manos de los niños no necesariamente produce buenos resultados y planteó que es “mejor usarlo como herramienta de apoyo para los docentes”. En particular, consideró que “sería demasiado temprano para poner inteligencia artificial en frente de todos los niños. Es mejor en las manos de los docentes”, acompañada de capacitación y apoyo para utilizarla adecuadamente.

Ante la pregunta de si un niño que llega a los 12 años con importantes rezagos todavía puede recuperar el aprendizaje perdido, Gove fue enfática: “Todo niño es rescatable”. Aunque reconoció que es más fácil evitar que las brechas se acumulen, sostuvo que “se puede recuperar con mucho esfuerzo y mucho apoyo”. También destacó las ventajas que ofrecen el español y el portugués para la enseñanza de la lectura, así como experiencias implementadas en países de la región que utilizan métodos prácticos y medición de resultados.

Finalmente, Gove planteó tres prioridades que, a su juicio, deberían estar en el centro de cualquier reforma educativa. La primera: “que todos sus niños deben salir del tercer grado con la capacidad de leer y hacer matemática”. La segunda, garantizar que los docentes cuenten con los materiales y el apoyo necesarios para alcanzar esa meta. Y la tercera, involucrar a las familias y considerar las necesidades de los estudiantes en todo aspecto humano.

Por su parte, Flores considera que los malos resultados educativos deben asumirse como “un llamado a la acción”, pues “lo que está en juego es nuestro futuro”. Al mismo tiempo, llamó a entender los cambios que atraviesan los jóvenes sin caer en el pesimismo: “No caigamos en menospreciar la capacidad de los jóvenes de adaptarse a esa nueva forma de aprender y comunicarse”.

Sobre la transformación en la manera de acceder al conocimiento, Flores explicó que “los jóvenes están cambiando porque ha cambiado la forma de transmisión de conocimientos, ideas y entretenimiento”. A su juicio, la sociedad está transitando “de una cultura lectora a una cultura audiovisual”, un cambio que tendrá efectos que todavía no es posible dimensionar completamente.
Flores destacó el papel de la educación como vehículo de movilidad y esperanza. Recordó que “la expectativa y la esperanza que teníamos como generación de que la educación era una forma de obtener mejores oportunidades, de cambiar nuestra situación de vida” ha sido fundamental para las aspiraciones individuales. Por eso, advirtió: “Nosotros como sociedad no podemos perder esa esperanza porque es el gran movilizador de las aspiraciones individuales y sociales”.

Sobre la inteligencia artificial en las aulas, Flores pidió cautela ante los primeros resultados disponibles. Explicó que todavía “es muy temprano llegar a conclusiones de tendencia” y que será necesario observar su evolución durante los próximos años. Sin embargo, identificó un riesgo concreto en el uso de estas herramientas: “El peor impacto es cuando los alumnos piensan que ya no necesitan pensar por sí mismos, ya no necesitan aprender porque todas las respuestas que ellos creen que necesitan se las va a dar la inteligencia artificial. Y no es así”.

Finalmente, Flores puso el énfasis en el papel de las personas y las instituciones que acompañan directamente a los estudiantes. Concluyó que lo más importante y básico es “educar a la próxima generación para que tengamos una oportunidad de tener un mejor futuro”.

Para ver el programa completo, haga clic aquí. 

Cuando el crimen organizado decide quién gobierna

Articulo largo
Programa

En el programa de esta semana, analizamos el avance de la inseguridad y el crimen organizado en América Latina, la debilidad institucional que permite su expansión y la necesidad de generar oportunidades económicas para enfrentar sus causas de fondo.

 

Dionisio Gutiérrez inició recordando que las naciones sufren cuando aumenta el crimen, pero que se quiebran cuando las instituciones que deberían contenerlo se corrompen o son capturadas por quienes viven de violar la ley. Explicó que “una policía ineficiente puede corregirse, una fiscalía lenta puede reformarse, un tribunal débil puede fortalecerse; pero cuando policías, fiscales, jueces, alcaldes, diputados o ministros empiezan a responder a redes criminales, intereses mafiosos o políticos corruptos, el problema cambia de naturaleza. Ya no estamos frente a un Estado débil. Estamos frente a un Estado criminal”.

También señaló las consecuencias que enfrenta el ciudadano cuando el Estado es ocupado por funcionarios corruptos y organizaciones criminales: “Los primeros buscan poder; los segundos, impunidad. Se encuentran, se necesitan y terminan construyendo un sistema donde la ley estorba, la justicia se negocia y el presupuesto público se convierte en botín”.

Gutiérrez advirtió que la captura de las instituciones transforma aquello que parecía una anomalía en una cultura: “Cuando el Estado es capturado por una cuadrilla de pícaros con títulos oficiales; cuando las instituciones dejan de cumplir su función, la sociedad pierde la estructura que hace posible la convivencia civilizada”.

También mencionó la responsabilidad de las élites y de quienes se mantienen al margen de la vida pública:  “Cuando la gente capaz abandona las instituciones, las instituciones no quedan vacías. Las ocupan otros”. Y recordó que “la democracia no funciona solamente porque haya elecciones”, sino cuando las instituciones cumplen su función y existe una cultura política capaz de castigar la corrupción en lugar de premiarla.

Para finalizar, Gutiérrez afirmó que “la batalla por la seguridad es, en el fondo, una batalla por la calidad del Estado”. Así como destacó que “los países fracasan porque sus instituciones fracasan” y que “no hay ciudadanía exitosa dentro de Estados débiles”. 

 

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Jonatán Lemus, doctor en ciencias políticas, sobre el avance de la inseguridad y el crimen organizado en América Latina.

 

Lemus advirtió que la inseguridad en América Latina está estrechamente vinculada con la fortaleza de las instituciones. A su juicio, “la debilidad de las instituciones tiene mucho que ver” con la expansión de la violencia, pues “las instituciones son necesarias para contener [este fenómeno]”. Explicó que el delito puede ser contenido cuando existe “una certeza de que el delito, la violencia utilizada de forma ilegítima, va a ser castigada”.

Sobre el llamado modelo salvadoreño, Lemus señaló que su aplicación en otros países enfrenta importantes dificultades. Explicó que el esquema depende de “suspender derechos constitucionales”, del encarcelamiento masivo y de un conjunto de medidas que algunos denominan “populismo punitivo”. Sin embargo, destacó que existe un elemento fundamental: “lo clave al final es el control institucional”. Según Lemus, sin ese control sobre los distintos poderes del Estado, “todo el modelo básicamente deja de funcionar”.

El analista también diferenció el desafío que enfrentan países como México frente al que enfrentó El Salvador. En México, explicó, “es muy diferente enfrentar el problema cuando te enfrentas a carteles de droga mucho más organizados”, además de que existen diferencias entre los gobiernos estatales y el federal en el control de las fuerzas policiales. Para Lemus, estas complejidades hacen que “la amenaza” sea mucho más difícil de enfrentar.

También destacó que “las políticas de mano dura son muy populares”, afirmó, pero subrayó que “la naturaleza del líder que impulsa a estas políticas es importante”. Al comparar las trayectorias de El Salvador y Ecuador, sostuvo que la estabilidad de la base política de un gobierno puede ser determinante, especialmente porque para los líderes que llegan como outsiders “es mucho más difícil mantener apoyo cuando no logran dar resultados inmediatos”.

Respecto de Brasil, Lemus señaló que la falta de una respuesta estatal efectiva puede llevar a la ciudadanía a respaldar soluciones de corto plazo. Explicó que, ante la ausencia de “una acción decidida del Estado”, algunos ciudadanos pueden ver en los grupos de vigilancia una respuesta a la problemática. Sin embargo, advirtió que este tipo de políticas “son de corto plazo” y que su respaldo puede surgir “más por una especie de frustración, que por una solución sostenible en el tiempo”.

Lemus también abordó la relación entre crimen organizado y democracia. Explicó que la violencia puede generar un círculo difícil de romper: “la violencia debilita las instituciones, y las instituciones débiles dan más paso para más violencia”. Además, señaló que las organizaciones criminales pueden intervenir en los procesos políticos mediante la violencia y el financiamiento de campañas, aprovechando las oportunidades que surgen en contextos democráticos.

El analista advirtió además que el crimen organizado ya no debe entenderse únicamente como una estructura paralela al Estado. Afirmó que las estructuras actuales son una fusión, al señalar que las organizaciones criminales han extendido sus actividades hacia ámbitos como la trata de personas e incluso el control de determinados servicios públicos. “Todavía quizás hay tiempo para actuar, pero creo que cada vez se hace más tarde”, agregó.

Finalmente, Lemus vinculó la inseguridad con la falta de oportunidades económicas. “Sin duda alguna creo que es una de las causas de fondo al no haber oportunidades”, señaló. Explicó que la violencia y la falta de perspectivas también contribuyen a la migración, pues las personas buscan no solo escapar de la violencia, sino también acceder a “una oportunidad para tener una vida digna”. En este sentido, sostuvo que los Estados pueden “eliminar las trabas para las inversiones, dar certeza a esas inversiones” e impulsar proyectos de infraestructura que permitan que los países prosperen y reduzcan los incentivos para que sus ciudadanos “se unan a una organización criminal o para migrar”.

 

Para ver el programa completo, haga clic aquí. 

 

Su lenguaje: dinero, control, impunidad y poder

Articulo largo
Programa

En el programa de esta semana analizamos la evolución de las mafias en América Latina, su penetración en las instituciones y los desafíos que enfrenta la región para recuperar la seguridad y el control del Estado.

 

Dionisio Gutiérrez inició abordando el alto costo que América Latina ha pagado por la alianza entre la política y el crimen, con Estados penetrados por mafias, gobiernos que negocian con organizaciones criminales y estructuras públicas que terminan sirviendo a quienes deberían combatir. Advirtió que “cuando eso ocurre, la república deja de ser casa de ciudadanos, la ley se vuelve selectiva, la justicia pierde autoridad y la política, en vez de ordenar la convivencia, administra miedo, impunidad y clientelismo”.

También explicó que el crimen organizado no responde a una ideología y puede utilizar distintos discursos para alcanzar sus objetivos: “Puede vestirse de izquierda o de derecha, hablar de justicia social o de mano dura, envolverse en discursos revolucionarios o conservadores. Su lenguaje verdadero es otro: dinero, control, impunidad y poder”. Y señaló que cuando encuentra políticos dispuestos a asociarse con él, “el resultado es devastador”.

Gutiérrez recordó que América Latina ha tenido demasiados gobiernos que, en lugar de enfrentar a las mafias, han pactado con ellas por corrupción, cálculo político o ambas razones. 

Asimismo, señaló que el daño del crimen organizado va mucho más allá de los asesinatos y las cifras de criminalidad, pues “las mafias destruyen confianza. Expulsan inversión. Obligan a emigrar. Corrompen policías, jueces y fiscales. Intimidan a periodistas. Financian campañas. Compran alcaldes. Penetran congresos”. Y advirtió que, cuando llegan a cierto punto, “ya no necesitan esconderse del poder porque forman parte de él”.

Para finalizar, Gutiérrez afirmó que América Latina necesita recuperar instituciones capaces de enfrentar al crimen dentro de la ley: “Estados fuertes, pero fuertes en la ley. Policías capaces, pero sometidas a controles. Fiscales independientes. Jueces protegidos. Cárceles gobernadas por el Estado y no por criminales”. Y remarcó que los gobiernos deben entender que “negociar la soberanía con las mafias es traicionar a la nación. Y ninguna sociedad libre puede aceptar eso como destino”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Juan Luis Sanz, periodista, sobre la evolución de las mafias en América Latina, su penetración en las instituciones y los desafíos que enfrenta la región para recuperar la seguridad y el control del Estado.

 

Sanz explicó que el crimen organizado actual es “una red de poder político, de poder económico y de control territorial”, mucho más diversificada y tecnificada que en el pasado. A su juicio, comprender su dimensión en América Latina exige reconocer “un factor de constante infiltración o alianza con estructuras políticas y con estructuras estatales”.

 

Sobre la llamada guerra contra las drogas, Sanz sostuvo que nunca tuvo posibilidades reales de ser ganada, pues “el consumo de drogas va a continuar”. Consideró que plantear las estrategias de seguridad desde “una lógica guerrerista y con términos absolutos” constituye una simplificación que dificulta discutir qué objetivos son realmente alcanzables. Además, señaló que las grandes iniciativas contra el narcotráfico han estado “más asociadas a intereses geopolíticos que a una verdadera preocupación por la salud pública”.

 

Al abordar la extorsión, destacó que su eficacia para las estructuras criminales radica en que constituye “una fórmula muy barata y muy eficaz de capitalización de control territorial” y representa “una fuente de liquidez inmediata, constante”. La falta de denuncias, explicó, también responde a que esta práctica “está normalizada” entre muchas de las personas y negocios que la padecen, mientras existe poca confianza en que las autoridades la consideren una prioridad.

 

Frente al debate sobre el aumento de la violencia en la región, Sanz llamó a evitar diagnósticos simplistas. Aunque reconoció que existen incrementos dramáticos en países como Ecuador y Haití, señaló que “en general, la tasa promedio de homicidios en América Latina se mantiene alrededor de un 20%”. La región, advirtió, “sigue siendo la región del mundo que, en comparación con su población, sufre más violencia y genera, por tanto, más violencia”, pero cuestionó que pueda hablarse de una “espiral de violencia” de manera generalizada.

 

El periodista también abordó la expansión del crimen organizado hacia actividades como la minería ilegal y el comercio de oro. Explicó que el metal se ha convertido en un atractivo para las mafias porque “se ha revalorizado de una manera enorme”, aunque advirtió que no es el único instrumento utilizado: “las criptomonedas son una herramienta poderosa y cada vez más utilizada por las estructuras criminales”. En general, sostuvo que “todo lo que sea difícil de controlar desde los Estados” constituye una herramienta poderosa para las organizaciones criminales.

 

Al referirse a la penetración de las mafias en la economía legal, Sanz rechazó la idea de que estas operaciones ocurren sin ser detectadas. “Yo no creo que suceda sin que nadie lo vea venir”, afirmó. A su juicio, ocurre “cuando quien lo ve venir se suma a la corriente del beneficio” y cuando las políticas de seguridad carecen de continuidad y consistencia. También destacó que muchas organizaciones criminales “han nacido en las cárceles y seguimos dándole la espalda a esa realidad”.

 

Finalmente, Sanz planteó que la principal herramienta ciudadana para enfrentar el problema en el mediano y largo plazo es “el voto consciente y la reflexión”. Frente a la popularidad de las llamadas soluciones mágicas contra la criminalidad, llamó a “protegernos de la información y de la trampa de las soluciones mágicas” y a respaldar a actores políticos de los que exista “la mayor certeza posible de que no tienen vínculos criminales”. Esto, sostuvo, es indispensable para preservar “una policía o un ejército o unas fuerzas de seguridad limpias que trabajen desde la inteligencia y desde la reflexión y desde la calidad técnica y no desde la propaganda para proteger a un gobierno de turno”.

 

Para ver el programa completo, haga clic aquí. 

 

 

No por miedo al futuro, sino por respeto a la vida

Articulo largo
Corto

En el programa de esta semana, analizamos el fenómeno El Niño y sus implicaciones económicas y sociales. 

 

Dionisio Gutiérrez inició recordando que, a lo largo de la historia, el ser humano ha tenido que enfrentar no solo sus propios errores, sino también los “humores de la naturaleza”: sequías, inundaciones, incendios, tormentas y terremotos. Y, cuando estos fenómenos ocurren, dejan “violencia, destrucción, pobreza, migración y dolor. Cambia paisajes, vacía pueblos, arruina cosechas, obliga a familias enteras a empezar de nuevo”, señaló. Es así como recordamos que no somos dueños del mundo, sino huéspedes. 

 

A pesar de que la Tierra siempre ha tenido ciclos de más frío o calor, resaltó la importancia de reconocer que “una humanidad más numerosa, más urbana y más productiva deja una huella mayor sobre el planeta que la sostiene”. Bajo esa línea, insistió en que no se debe convertir el cuidado de la naturaleza en “una religión política” o en “excusa para limitar libertades”. Sin embargo, hay que ser conscientes de que los recursos no son infinitos. 

 

Por otro lado, señaló que los “golpes de la naturaleza no castigan a todos por igual”, pues “Quien tiene recursos reconstruye”, pero “quien nada tiene, pierde incluso aquello que parecía imposible perder”. Por eso, recordó la importancia de la solidaridad como pilar de la civilización. 

 

Para finalizar, Gutiérrez aseguró que el hombre libre “no es aquel que hace cualquier cosa, sino aquel que entiende las consecuencias de sus actos”. Por eso, llamó a trabajar por el desarrollo sostenible: “Podemos producir más y mejor sin destruir. Podemos crecer sin ensuciarlo todo. Podemos innovar para utilizar menos recursos y preservar más naturaleza. Podemos vivir en ciudades más limpias, proteger bosques y recuperar ríos sin renunciar al progreso ni convertir la prosperidad en pecado”.

 

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Alex Guerra, doctor en geografía y medio ambiente, y a Lisardo Bolaños, economista y doctor en políticas públicas, sobre el fenómeno natural El Niño y sus implicaciones económicas y sociales. 

 

Guerra inició explicando que El Niño altera las lluvias y las temperaturas a escala global y “acentúa los extremos del agua”. En América Latina, sus efectos son distintos según la región: mientras Centroamérica enfrenta sequías y una fuerte reducción de las lluvias, otras zonas reciben precipitaciones excesivas e inundaciones. Para él, lo preocupante es que ambos fenómenos generan impactos sobre “ecosistemas, poblaciones y agricultura”.

También advirtió que este episodio ocurre sobre un planeta que ya registra temperaturas más elevadas. Explicó que la intensidad de El Niño está determinada por el aumento de la temperatura del Pacífico ecuatorial y señaló que “en la actualidad, esa temperatura ha ido subiendo”. A partir de ello, consideró que “se espera que este sea el evento de El Niño más intenso que conocemos”.

En la agricultura, el primer impacto de El Niño aparece en la disponibilidad de agua. Guerra explicó que los cultivos de secado, que dependen completamente de las lluvias, son especialmente vulnerables cuando la reducción de precipitaciones coincide con el momento en que necesitan más agua. El resultado ya puede observarse en distintos cultivos: “el maíz en muchos lugares están secos, en otros creció, pero no tiene mazorca y en otros si tiene la mazorca, tiene algunos granitos escasos”. A esto se suma el aumento de las temperaturas, que “estresa también los cultivos” incluso cuando existe acceso al riego.

Sobre la gestión del agua, Guerra destacó que América Latina cuenta con una enorme riqueza hídrica, pero enfrenta importantes deficiencias institucionales. “América Latina es la región más rica en recursos hídricos del mundo” y utiliza menos del 5% de sus reservas, pero “la gestión de esa agua está muy rezagada”. Por ello, sostuvo que el desafío consiste en mejorar “la infraestructura, el financiamiento y la gobernanza”.

A su juicio, una mejor gestión permitiría transformar el agua de una fuente de vulnerabilidad en una oportunidad de desarrollo: “tenemos que mejorar para aprovecharla y que el agua, en lugar de ser fuente de destrucción, de impactos, de pobreza, de hambre, de conflictos, sea fuente de bienestar y prosperidad para esta región tan rica”.

El impacto más inmediato se observa en el corredor seco de Centroamérica. Guerra señaló que durante 2026 hay lugares donde “la reducción de las lluvias ha sido de un 80 %” y que algunos agricultores “perdieron totalmente sus cultivos”. Advirtió que, conforme se agoten las reservas de alimentos de las familias, aumentará la dificultad para garantizar su alimentación durante los meses siguientes.

Frente a las inundaciones, señaló que son “el fenómeno que mayor impacto tiene en la región y a nivel mundial”. Aunque existen soluciones para reducir sus efectos, requieren planificación e infraestructura. El problema, según explicó, es que “lamentablemente, lo que hacemos es atender las emergencias en lugar de trabajar en la prevención”.

Finalmente, Guerra llamó a superar la polarización ideológica alrededor del cambio climático. Más allá de las discusiones sobre sus causas, sostuvo que “los impactos y los retos son reales”. Por ello, consideró necesario encontrar “un equilibrio entre lo social, económico y la naturaleza” y, sobre todo, organizarse para ser resilientes como sociedad. 

 

Por su parte, Bolaños advirtió que uno de los principales problemas frente a los fenómenos climáticos es la dificultad de los gobiernos para pensar más allá del corto plazo. “Nos cuesta ver mucho más allá del mes” y, en el ámbito político, “nos cuesta ver más allá de los años [en el gobierno]”, señaló. A su juicio, esta limitación provoca que los países subestimen riesgos que pueden tardar años en repetirse: “Así que es un tema de miopía”.

Sobre los efectos económicos de una crisis climática, Bolaños explicó que la recuperación puede extenderse mucho más allá del impacto inicial. Aunque un fenómeno natural puede afectar la economía durante un año, “el proceso de reconstrucción económica para el gobierno, para las personas, para las empresas, puede tardar de 3 a 5 años”. Advirtió además que las medidas adoptadas para contener la inflación, como el aumento de las tasas de interés, pueden dificultar todavía más la reconstrucción.

Bolaños también recordó que la combinación de shocks externos no es nueva para América Latina. Hizo referencia a 1982, cuando la región enfrentó simultáneamente “la crisis de la deuda al mismo tiempo que El Niño”. En el escenario actual, señaló que el incremento y la variabilidad de los precios del petróleo dificultan la planificación de largo plazo.

Frente al impacto de las crisis climáticas sobre los alimentos, Bolaños destacó la necesidad de pensar desde ahora en mecanismos de adaptación. Planteó “cómo empezamos a cambiar algunos de los cultivos”, desarrollar “mejores formas de generar agricultura”, construir “más terrazas que nos permitan reducir los impactos de las tormentas repentinas con inundaciones” y desarrollar “semillas que nos ayuden a resistir de mejor manera las sequías o las inundaciones”. Para él, la respuesta requiere también “invertir de manera conjunta en mecanismos que nos ayuden a soportar” estos problemas.

Sobre las respuestas de política pública, Bolaños reconoció que los gobiernos muchas veces priorizan demostrar que están actuando antes que resolver efectivamente el problema. “Nos gusta muchas veces querer mostrar que hemos hecho algo, aunque ese algo no necesariamente resuelva el problema”, afirmó. También advirtió que “a veces negamos que tenemos un problema” y comparó esta actitud con postergar una consulta médica hasta que una enfermedad se agrava. “Eso es muy similar en política pública”, concluyó.

Finalmente, Bolaños vinculó directamente la prudencia fiscal con la capacidad de un país para preservar su margen de acción ante las crisis. “Total y absolutamente”, respondió al planteamiento de que unas cuentas públicas sanas constituyen una forma de libertad. Recordó nuevamente los efectos de las crisis de 1982, 2001 y 2007, y sostuvo que “mientras más endeudados con malas políticas fiscales, terminamos enfrentando después la incapacidad para hacerle frente a otras prioridades”. Por ello, llamó a los ciudadanos a “cuestionar al poder” y a desconfiar de “lo fácil que les gusta dar ‘dulcito’” frente a la necesidad de ofrecer “las respuestas a largo plazo que necesitamos”.

 

Para ver el programa completo, haga clic aquí. 

 

Los gobernantes HDP que hipotecan el futuro

Articulo largo
Programa

En el programa de esta semana, analizamos la trampa del populismo, el uso del gasto público con fines políticos y sus consecuencias para el desarrollo económico de América Latina.

 

Dionisio Gutiérrez inició con una fábula sobre un gobernante que repartía monedas que no eran suyas, mientras una multitud aplaudía sin preguntar quién había llenado la bolsa ni qué ocurriría cuando se agotara. A partir de esta historia, explicó una de las grandes desgracias de Iberoamérica: “la trampa fiscal del populismo”.

Gutiérrez señaló que gobiernos incapaces de crear prosperidad han aprendido a distribuir dependencia, convirtiendo el presupuesto en un mercado de lealtades mediante subsidios, empleos públicos innecesarios y derechos proclamados sin financiación sostenible. Advirtió que “la ayuda social se pervierte cuando el gobernante no busca levantar al ciudadano, sino mantenerlo arrodillado y agradecido” y que “el subsidio deja de ser puente y se convierte en corral”.

También describió la realidad económica de la región: “América Latina produce poco, debe mucho y promete demasiado. Esa combinación no es política social; es una cuenta regresiva”. Explicó que el populista gobierna pensando en la próxima encuesta y evita decir que los bienes son escasos, que cada derecho material exige recursos y que alguien debe trabajar, invertir, ahorrar y pagar impuestos.

Gutiérrez recordó el desenlace que América Latina conoce bien: “Primero, llega el regalo. Después, el déficit. Luego, la deuda, los impuestos, la inflación, la fuga de capitales y el deterioro de los servicios. Finalmente, cuando ya no queda riqueza que repartir, el mismo gobierno que prometía abundancia comienza a racionar la escasez”.

También sostuvo que los populistas comprometen el futuro de las nuevas generaciones para obtener beneficios políticos inmediatos: “Los populistas gastan el porvenir de los jóvenes para comprar el aplauso del presente”. Y afirmó que su verdadera ideología es “el poder corrupto”, mientras “el dinero público es su herramienta; la dependencia, su método; la impunidad, su aspiración”.

Afirmó que “un Estado digno protege al necesitado, pero también crea las condiciones para que deje de necesitarlo”. Y, finalmente, advirtió que “la trampa ya está armada” y que cada promesa sin respaldo acorta la mecha. Cuando llegue la crisis, quienes promovieron ese modelo conservarán sus privilegios, mientras el pueblo descubrirá que “el populismo se pagaba con su futuro”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Hernán Bonilla, presidente del Centro de Estudios para el Desarrollo en Uruguay, y a Hugo Maul, economista, sobre el uso del gasto público con fines políticos y sus consecuencias para el desarrollo económico de América Latina.

 

Bonilla inició resaltando que la dinámica populista se repite bastante en el continente: “Detrás está la idea de que muchos de los problemas que enfrentamos se pueden resolver con mayor gasto público, mayor inversión del Estado”. Sin embargo, aseguró que esta es una “trampa” y las “expectativas de la gente se ven decepcionadas”. 

 

Respecto al uso del dinero público para influir en elecciones, señaló que es otra maniobra más del populismo y termina siendo contraproducente: “Ese dinero que se incrementa en transferencias, como hay que cubrirlo emitiendo dinero, aumenta la inflación y llega la inestabilidad macroeconómica”. Agregó que pasa lo mismo con el aumento del déficit, que termina siendo excusa para “aumentar los impuestos” cuando eso pudo haberse evitado con la disminución del gasto público. 

 

Bonilla mencionó que el caso de Perú es uno de los pocos en que la política y la economía se han disociado: “Un caos político tremendo (...), pero un banco central independiente que lograba mantener ciertas reglas del juego”. Sin embargo, a su juicio, ese modelo “estaba llegando a su límite” y subraya la importancia de redirigir a “un camino de desarrollo”. 

 

Para concluir, señaló que es importante “resistir la tentación populista”, pues muchas veces “las recetas mágicas terminal mal y aunque pueda sonar bien en el presente, y sea una promesa de corto plazo más atractiva que el duro camino del crecimiento, siempre terminan siendo mentiras y atajos que conducen a callejones sin salida”. 

 

Por su parte, Maul señaló que América Latina no ha logrado afianzar un modelo de desarrollo, lo cual “deja a grupos poblaciones vastas sin acceso a un buen empleo, con ingresos insuficientes y los políticos ofrecen pan para hoy y hambre para mañana”. Ante este contexto, muchas personas “no tienen nada que perder” y caen “víctimas” de estas medidas populistas, añadió. 

 

Respecto a cómo comprender que lo “gratuito” se cobra en realidad mediante impuestos inflación, deuda o menos oportunidades, indicó que “el gobierno no produce nada. Los gobiernos se comen los recursos que le han sacado a los consumidores”. Agregó que es un problema que se venda al Estado como una “especie de personificación de Dios que puede crear riqueza”, pero el problema viene cuando es hora de pagar. 

 

Por otro lado, aseguró que el populismo necesita un relato y un enemigo: “El relato somos los pobres. ¿Por culpa de quién? De los ricos. Por lo tanto, cualquier cosa que sea haga por el pueblo y el sacrificado sea el rico, es lo demandan estos líderes”. Sin embargo, señaló que en los países donde se practican estas decisiones “no hay incentivos para invertir”. 

 

Para finalizar, Maul señaló que en América Latina se necesitan “Estados funcionales en las funciones básicas: seguridad, justicia y mínimo de educación y salud”. Añadió que el problema también recae en el electorado, cayendo en “falacias a la hora de las elecciones”. 

 

Para ver el programa completo, haga clic aquí. 

 

 

No hay potencia sin libertad

Articulo largo
Programa

En el programa de esta semana analizamos el avance de China como potencia global, los riesgos de su modelo autoritario y la creciente dependencia tecnológica y política de América Latina.

Dionisio Gutiérrez inició señalando que China es hoy una gran potencia, aunque advirtió que poder no es lo mismo que grandeza ni garantiza liderazgo. Explicó que las naciones verdaderamente grandes no se miden solo por lo que producen o conquistan, sino por la dignidad que reconocen a cada uno de sus ciudadanos libres. En ese sentido, afirmó que “El Partido Comunista ha confundido obediencia con estabilidad, silencio con consenso y miedo con legitimidad”.

También se refirió a los problemas de los sistemas cerrados y a las consecuencias de concentrar el poder: “Cuando una sola persona piensa por millones, los errores no se corrigen, se multiplican”. Asimismo, señaló que en estos sistemas los funcionarios maquillan las cifras, los empresarios entienden que la lealtad política vale más que la innovación y la sociedad termina viviendo dentro de una ficción construida para complacer al poder.

Sobre la política exterior de China, cuestionó su manera de relacionarse con el mundo y afirmó que “China no se relaciona con el mundo como miembro responsable de una comunidad internacional, sino como un imperio que calcula puertos, minerales, rutas, votos y dependencias”. También señaló que puede generar dependencia e imponer silencio, pero no necesariamente conseguir confianza o liderazgo moral: “Puede comprar gobiernos, pero no admiración; puede generar dependencia, pero no confianza; puede imponer silencio, pero no liderazgo moral”.

Para finalizar, Gutiérrez destacó la contradicción central del proyecto chino: “Quiere los frutos de una sociedad abierta manteniendo las raíces de una sociedad cerrada”. Y concluyó que China probablemente seguirá siendo poderosa, pero que su ambición de convertirse en el país dominante del mundo se aleja por los métodos que utiliza para alcanzarla. En sus palabras, “Ninguna nación puede dirigir a la humanidad si teme a sus propios ciudadanos”. Así como también advirtió que “la fuerza puede obligar, pero no inspirar; que el dinero puede comprar influencia, pero no respeto; y que un cerebro único, por poderoso que parezca, jamás podrá sustituir la inteligencia libre de millones de seres humanos”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Eduardo Fernández, doctor en ciencia política y profesor universitario, sobre los desafíos que enfrenta América Latina ante el nuevo orden internacional, la pérdida de soberanía por la dependencia de sistemas autoritarios y la necesidad de fortalecer el Estado de derecho, la división de poderes y las democracias liberales.

Fernández advirtió sobre los riesgos de la dependencia tecnológica frente a China, especialmente por la expansión de su infraestructura digital y sistemas de vigilancia. Señaló que estas tecnologías penetran silenciosamente y generan “dinámicas de dependencia” entre los países y el proveedor, con “menos transparencia”, “más opacidad” y mayor control sobre la provisión, almacenamiento y procesamiento de la información. A su juicio, China está utilizando esta estrategia de manera deliberada: “es el país más video-vigilado del mundo” y está exportando esa tecnología, “generando ciertas dinámicas de dependencia muy peligrosas”.

Sobre las consecuencias para la soberanía, Fernández fue contundente al afirmar que en estos casos “ni hay libertad ni hay soberanía”. Explicó que, progresivamente y “sin transparencia, con mucha opacidad”, los países pierden “la capacidad de decidir sobre el futuro mismo” y también “la libertad”. Advirtió además que esta vulnerabilidad se agrava por la asimetría de información en áreas como la alta tecnología y la ciberseguridad.

Fernández también cuestionó el atractivo del modelo autoritario chino. Reconoció que su capacidad para tomar decisiones rápidamente puede resolver problemas en el corto plazo, pero advirtió que, a largo plazo, la “división de poderes, el imperio de la ley, la estructura de derechos y libertades de las personas, la cultura de la transparencia, la cultura de la competencia” van desapareciendo. Por ello, concluyó que “no es un modelo para exportar” y que, en definitiva, “resta en favor de la libertad, no suma”.

Al abordar los problemas de América Latina, Fernández sostuvo que las élites tienen una responsabilidad fundamental. Advirtió que, cuando estas fallan, “surgirá un outsider que intentará proveerlo a la sociedad”. En ese sentido, planteó una idea central: “el líder autocrático es consecuencia y no causa”. Para Fernández, el origen está en “el fallo de las élites, el fracaso de las élites a la hora de construir democracias liberales con valores republicanos”.

Sobre el papel de América Latina en el nuevo escenario internacional, Fernández advirtió que un exceso de dependencia de sistemas autoritarios puede convertir a la región “en un terreno de juego en lugar de un actor soberano con capacidad de decisión”. Sin embargo, destacó que mantiene una visión positiva: “América Latina tiene mucho futuro a pesar de los problemas. Soy optimista y creo que tiene mucho futuro”.

En materia de política exterior, Fernández identificó la previsibilidad y la confianza como condiciones esenciales para construir alianzas duraderas: “Un país serio, cuando trata de política exterior, tiene que ser predecible, tiene que ser confiable”. Advirtió que la erosión de estos principios ha dejado al mundo marcado por “riesgo e incertidumbre”, mientras que “la predecibilidad es cada vez es un bien de lujo”.

Fernández consideró además que el principal desafío de Occidente no es necesariamente militar, sino político. Aunque reconoció que las democracias occidentales “siguen siendo fuertes” en términos militares, sostuvo que “quizás sus políticos no son tan fuertes” y que sus élites “no están a la altura del tiempo histórico que tenemos”. Para él, el problema sigue siendo “de voluntad”, “de compromiso” y, nuevamente, “de predecibilidad”.

Finalmente, Fernández planteó las prioridades que América Latina debería asumir para fortalecer su posición internacional: “profundizar en el imperio de la ley, mejorar el Estado de derecho y la división de poderes”, abrirse al mundo y al comercio internacional y “esforzarse por construir mejores democracias liberales”. Advirtió que la región cuenta actualmente con “democracias electorales pero no liberales” y que el desafío es evitar que ese proceso termine conduciendo a “autocracias electorales”.

Para ver el programa completo, haga clic aquí. 

 

Una vuelta al mundo

Articulo largo
Programa

En el programa de esta semana, analizamos los desafíos por la incertidumbre geopolítica, los conflictos internacionales y la erosión del orden global, así como la importancia de la responsabilidad individual y la esperanza activa frente a tiempos de crisis.

 

Dionisio Gutiérrez relató la historia de Martín, un joven que, en medio de la incertidumbre que vive el mundo, buscaba respuestas ante los conflictos, la inestabilidad y la falta de certezas sobre el futuro. A través de ese relato, reflexionó sobre las guerras, el poder, las dificultades económicas y los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones.

En ese contexto, destacó el encuentro de Martín con una panadera, quien le ofreció una lección sobre la responsabilidad individual. Ante el pesimismo del joven de que “todo iba mal”, ella respondió: “Todo no. Muchas cosas van mal. No es lo mismo”. Y cuando Martín le preguntó cuál era la diferencia, afirmó: “cuando muchas cosas están mal, uno empieza por la que tiene delante”.

Gutiérrez señaló que esa actitud representa una forma de esperanza basada en la acción y explicó que “Ahí estaba la esperanza, como disciplina. Esperar no era imaginar que los tiranos se volverían prudentes, que las élites abandonarían de pronto su miopía o que los mercados repartirían automáticamente oportunidades. Esperar era negarse a concederle al miedo la última palabra”.

Para finalizar, Gutiérrez recordó que, aunque el mundo atraviesa un momento complejo, la historia demuestra que siempre existen motivos para confiar: “El mundo vive una hora difícil. Sería necio negarlo. Pero más necio aún sería olvidar que cada época oscura ha intentado convencer al ser humano de que la luz ya no volverá. Y, sin embargo, siempre vuelve”. Concluyó afirmando que esa luz puede encontrarse “en una panadería, en una conciencia despierta, en una decisión humilde y firme de no rendirse”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Pedro Trujillo, especialista en análisis estratégico, seguridad y defensa, sobre los principales desafíos geopolíticos que enfrenta Occidente, el conflicto entre Estados Unidos e Irán, el papel de China y Rusia, la seguridad energética y el deterioro del orden internacional.

Trujillo advirtió que los acuerdos internacionales han perdido valor cuando las partes carecen de credibilidad. A su juicio, tanto Estados Unidos como Irán han convertido los compromisos en instrumentos circunstanciales: “los pactos se cumplen de buena fe”, pero en este caso “no sirven para nada”. Alertó que esta dinámica solo genera “incertidumbre”, el peor escenario para las relaciones internacionales.

Sobre la disputa en el estrecho de Ormuz, sostuvo que la estrategia iraní constituye “una extorsión absoluta” y un “chantaje” dirigido a presionar a Occidente mediante el control de una de las rutas comerciales más importantes del mundo. Añadió que el problema es que “no todo el mundo lo ve así”, lo que dificulta una respuesta internacional firme.

Respecto a la estrategia militar de Teherán, Trujillo afirmó que Irán busca “extender el conflicto” a otros países para incrementar la presión sobre Washington. Explicó que esta forma de operar responde a una “guerra híbrida y asimétrica”, cuyo objetivo es obligar a Estados Unidos a negociar en condiciones favorables para el régimen iraní.

En materia energética, señaló que la reducción de la reserva estratégica estadounidense representa un desafío de largo plazo. Indicó que el problema no es únicamente haber consumido una parte importante de las reservas, sino que “reponerla lleva mucho tiempo”, lo que limita la capacidad de resistencia en un conflicto prolongado.

Asimismo, explicó que el encarecimiento del transporte marítimo ya está trasladándose al costo de vida. Recordó que el incremento en los seguros y en los tiempos de navegación termina impactando “el pan, la patata, el tomate” y prácticamente toda la cadena de consumo. También cuestionó la falta de respuestas de los gobiernos frente a una carestía que podría prolongarse.

En cuanto al papel de las grandes potencias, consideró que Rusia y China actúan coordinadamente para debilitar a Estados Unidos. Afirmó que ambas aprovechan la lógica de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” y sostuvo que Pekín “silenciosamente, está haciendo su juego”, mientras proporciona apoyo estratégico a sus aliados.

Trujillo también criticó la ausencia de liderazgo europeo frente a la crisis internacional. Aseguró que la Unión Europea permanece al margen de las principales decisiones por “falta de liderazgo” y por su incapacidad de definir una política común, dejando el escenario internacional en manos de otras potencias.

Sobre la crisis migratoria en España, calificó la actuación del gobierno de Pedro Sánchez como “el fracaso más estrepitoso en la historia moderna” frente a una situación que, a su juicio, era previsible. Añadió que resulta “inconcebible” que decenas de miles de personas pudieran concentrarse en la frontera sin que existiera una advertencia previa.

Al referirse a la situación política española, afirmó que existen indicios de una actuación orientada a distraer la atención de los escándalos internos. Consideró que resulta difícil encontrar una explicación racional a los acontecimientos recientes y lamentó la respuesta del gobierno ante los incendios y la crisis en Ceuta.

Respecto a China, sostuvo que el país desarrolla una “guerra multimodal”, basada no solo en el empleo de capacidades militares, sino también en herramientas económicas, tecnológicas, cibernéticas y de influencia política. Destacó que esta estrategia permite a Pekín competir mediante sistemas mucho más baratos y eficientes que los utilizados por Occidente.

Sobre el Indo-Pacífico, valoró positivamente el fortalecimiento de las alianzas entre Estados Unidos, Japón y otros socios regionales. Consideró que todavía existe margen para construir “una suerte de relación defensiva” que actúe como un “muro de contención” frente a las aspiraciones estratégicas de China.

Finalmente, advirtió que Occidente enfrenta una limitación industrial para sostener conflictos prolongados. Explicó que la producción de sistemas de defensa no responde a una economía de guerra y que “no existe esa capacidad” para fabricar armamento al ritmo que demandan los actuales escenarios de conflicto, una situación que podría hacerse más evidente hacia finales de año.

Para ver el programa completo, haga clic aquí.

 

Articulos Relacionados

Newslatter

¡Suscríbete!
 

Recibe nuestras publicaciones y noticias