Un Estado manchado de vergüenza, corrupción y populismo
En el programa de esta semana, analizamos las próximas elecciones en Colombia.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que hay presidentes que se despiden dejando obras y otros, “dejando excusas y heridas”. Bajo esa premisa, afirmó que Gustavo Petro está por salir del gobierno de Colombia “con más penas que glorias”, dejando a un Estado “manchado de vergüenza, corrupción y populismo”. Recordó que Petro “ejerció el poder con imposición ideológica como forma de gobierno” y que “no fue un accidente”. Fue un proyecto que quiso avanzar “la agenda de la izquierda radical”, y que no logró consolidarse porque “en Colombia sobreviven instituciones que, maltrechas pero firmes, pusieron límites”.
También destacó las lecciones que deja este período oscuro para la democracia colombiana. Señaló que Petro “normalizó la cercanía con dictaduras, la complicidad con regímenes criminales” y la “defensa abierta de narcoestados y grupos terroristas disfrazados de causas políticas”. A pesar de esto, resaltó que “la sociedad colombiana evitó que el experimento degenerara en una dictadura abierta”, aunque advirtió que el daño persiste porque el populismo “no termina con su salida” y porque Petro busca una “sucesión ideológica”, no una continuidad democrática.
Para finalizar, Gutiérrez advirtió que el futuro de Colombia “no depende de Petro ni de su candidato, sino de la capacidad de la sociedad para reaccionar”. Recalcó que cuando las élites callan, “el populismo avanza” y cuando se negocian principios por estabilidad, “terminan perdiendo ambas cosas”. Colombia “merece democracia real, no plebiscitos manipulados; Estado de derecho, no justicia selectiva; libertad, no consignas”, afirmó. Y cerró recordando que la historia enseña que los países no se pierden solo por culpa de malos gobernantes, sino “por la resignación de los buenos ciudadanos”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Daniel Raisbeck, analista político e historiador, y a Vanessa Vallejo, economista, columnista y analista política, sobre las próximas elecciones en Colombia.
Raisbeck inició señalando que Iván Cepeda, el candidato del oficialismo, es “más peligroso que Petro”. Señaló que Petro, pese a sus intenciones antidemocráticas, es una persona poco disciplinada, lo que le deja un margen de acción limitado. Por el contrario, Cepeda es alguien “muy metódico”, con una educación familiar marxista revolucionaria: “Él tiene claro que va por una constituyente para cambiar la Constitución”, aseguró.
Respecto a la gran cantidad de candidatos de oposición, el entrevistado comentó que le parece “una irresponsabilidad”, mientras que la izquierda avanza: “Los candidatos [de centro a centro derecha] deberían unirse a alguien que sí tiene posibilidad de llegar”. Si la oposición no gana las elecciones, Rasibeck considera que el peligro de Cepeda reside principalmente en la claridad de realizar una constituyente. Además, aseguró que profundizaría el proyecto petriste: “Si la gente no se da cuenta de que hay que votar por alguien muy diferente a Petro y Cepeda, Colombia estaría condenada al fracaso y sería mucho más difícil rescatarla”.
Por otro lado, Raisbeck aseguró que el legado de Petro en Colombia incluye dejar al país “al borde de la quiebra, con un déficit del 8 % o mayor y una crisis de seguridad terrible”, donde grupos armados controlan “el 70 % o más de los municipios del país”. Además de haber destruido el sistema de salud y el sistema privado de pensiones.
Por su parte, Vallejo señaló que el daño más profundo que deja Gustavo Petro en Colombia es haber permitido “que el crimen ligado al narcotráfico tomara tanto espacio en el país”. Lo cual se refleja en las “extensas poblaciones donde la guerrilla y el narcotráfico son los que mandan”, pero también en el dinero que destinan estos grupos a “la justicia, en el Congreso” y en las demás esferas políticas.
Además, señaló que las elecciones sí podrían estar condicionadas por la violencia. Por un lado, mencionó que “hay muchos candidatos que dicen que les da miedo hacer campaña” tras el asesinato de Miguel Uribe Turbay. Por otro lado, también “hay comunidades que están completamente tomadas por el narcotráfico y hay personas a las cuales se les dice en los pueblos que si no gana ‘tal’ candidato, van a haber consecuencias”, añadió.
Para finalizar, Vallejo señaló que en cara a las elecciones, es necesario que los colombianos salgan “a votar bien”, y que se informen y compartan información.
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Dionisio Gutiérrez inició con una advertencia necesaria sobre Iberoamérica, recordando que “la historia de la región es una crónica de ausencias voluntarias y silencios cómplices”. Señaló que, durante décadas, las élites económicas, académicas y sociales “optaron por mirar la política como un lodazal desde la orilla”, convencidas de que otros se harían cargo del desorden, mientras ese lodazal crecía hasta “terminar inundándolo todo”.
Antonetti inició asegurando que el abandono de las élites es algo con lo que se ha peleado “desde hace varias décadas”. A su juicio, “la vieja política se ha quedado en discursos que ya no sirven”, y está atrasada por no ir “al ritmo de las nuevas tecnologías”.
Por su parte, Henaro comenzó su intervención señalando uno de los problemas que enfrenta la región: “Cuando las élites capturan árbitros, normalizan la impunidad y sustituyen las instituciones por operativos, es cuando el país se vuelve un Estado débil”. Asimismo, afirmó que la democracia no es posible cuando no existen división de poderes, un Estado profesional y meritocrático y élites que vertebren el proceso político.


Aznar expresó que este libro intenta “comprender, estudiar y explicar lo que estamos viviendo. Un cambio de era que está fundamentado en dos grandes cuestiones: [primero], el fin del orden internacional (…) y su sustitución por la competencia entre poderes y, segundo, la revolución tecnológica que estamos viviendo”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que la historia, “que tiene memoria larga y castiga la terquedad”, demuestra que es una locura pretender que los tiranos conduzcan una transición democrática. Advirtió que pedirle a una dictadura que administre la libertad es “como pedir al lobo que presida el congreso de ovejas, o encomendar al pirómano la reconstrucción del pueblo que él mismo redujo a cenizas”. En ese contexto, señaló lo que ocurre en la Venezuela de Delcy, Cabello y Padrino, donde los dictadores solo descubren su supuesta vocación democrática cuando “el miedo les toca la espalda”: “Nunca es por virtud, siempre es por pánico. No se convierten, se disfrazan. No rectifican, calculan”.
Quiroga inició asegurando que una transición encabezada por Delcy Rodríguez es “insostenible”, pues la captura de Maduro lo quita de la ecuación, pero “sigue el resto y su naturaleza no cambia”. Además, señaló que la cooperación de Rodríguez con Estados Unidos ahora se debe a la capacidad coercitiva que ejerce el país norteamericano sobre ella. Sin embargo, al momento de levantar esa capacidad coercitiva, su naturaleza seguirá siendo la misma: “corruptos, delincuentes, asesinos”.

Antonio Ledezma advirtió que la caída de Nicolás Maduro no puede interpretarse como el fin del régimen, sino como el descabezamiento del
Dionisio Gutiérrez inició invitando a la reflexión que acompaña los primeros días de cada año, cuando “los humanos sentimos la necesidad de hacer balance, mirar lo vivido, medir lo aprendido y preguntarnos qué queremos para el futuro”. En ese ejercicio, afirmó, es clave comprender que “la felicidad, esa palabra tan perseguida como mal entendida, no es un milagro ni un privilegio, sino una ecuación humana y compleja y por eso imperfecta”.
Rojas reflexionó sobre la “felicidad razonable” como una meta posible, concreta y humana. Subrayó que no se trata de una emoción pasajera, sino de una construcción personal: “la felicidad razonable significa que hay que aspirar a algo concreto”, basada en “una personalidad equilibrada” y en “un proyecto de vida coherente y realista” sostenido en cuatro pilares: “amor, trabajo, cultura y amistad”.
Dionisio Gutiérrez inició compartiendo que durante 2025 perdió a su mejor amigo y una madre perdió a su hijo. Reflexionando sobre lo grande que es su dolor, apenas puede imaginar el dolor de la madre, “una entre tantas que este año vieron apagarse una luz que no volverá”. Distintas circunstancias, “el destino, la violencia, las guerras, se han llevado demasiados hijos, dando golpes que nos dejan desnudos ante la fragilidad de la vida”.
Rojas Estapé inició recordando que todas las personas lidiamos con una pérdida de un ser querido a lo largo de la vida. Sin embargo, lo natural es que “esa persona sea mayor: un padre o un abuelo. Lo malo es cuando esa persona es un hijo”. Señaló que la pérdida de un hijo es “una tragedia, un trauma y es incomprensible, y el cerebro cuando no entiende las siente inseguridad, activa el modo alerta”. Explicó que en este modo alerta, se activa “una sensación de que el mundo ya no es un lugar seguro donde vivir, porque las cosas normales ya no son normales”.
Dionisio Gutiérrez inició el programa recordando que “hay momentos en la vida de las naciones en los que los ciudadanos deben mirarse al espejo y preguntarse quiénes son, quiénes desean ser”. Señaló que hoy, América Latina vive precisamente uno de esos momentos, uno en el que “la libertad, esa llama frágil y sagrada, está siendo asfixiada por manos que nunca debieron tocarla”.
Espinosa de los Monteros inició recordando que las democracias son frágiles y que, cuando el nivel de formación cívica es bajo, “acaban ganando opciones populistas” que sacan ventaja del desgaste institucional. Esto explicaría el surgimiento del populismo en la región.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que “desde la imprenta hasta la electricidad, el hombre ha convivido con el cambio”, pero advirtió que nunca antes la humanidad había enfrentado una disrupción como la actual: “Con la Inteligencia Artificial estamos ante una revolución que puede iluminar o extraviar el porvenir de la humanidad, según el uso que hagamos de ella”.
Juan David Gutiérrez advirtió que existen profesiones particularmente expuestas ante la inteligencia artificial generativa. Señaló que áreas como “diseño de imágenes, edición de texto, traducción” enfrentan un riesgo mayor, pues allí las máquinas ya realizan tareas “más rápido y en mejores condiciones”. Al mismo tiempo, reconoció que en campos como la arquitectura, la medicina, la ingeniería, el derecho y las finanzas “vienen cambios drásticos”, aunque insistió en que, al requerir juicios de valor, estos sectores verán “desplazamientos parciales del trabajo, pero no reemplazo”.
Por su parte, Santiago Gómez afirmó que la inteligencia artificial exige transformar las prácticas docentes. Señaló que “debemos modificar las conductas y las metodologías” y que la educación requiere “un reemplazo y una modificación de los ejercicios de aula” para aprovechar realmente estas herramientas.