¿Cómo sobrevive una nación sin educación?
En el programa de esta semana analizamos los principales desafíos que enfrenta la educación.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre la educación y la manera en que los gobiernos suelen privilegiar las obras visibles frente a una tarea que exige tiempo, disciplina y visión de largo plazo:“La educación, en cambio, no suele prestarse al espectáculo. Exige paciencia, rigor y una visión que vaya mucho más allá del siguiente período electoral”.
También destacó la importancia de una educación de calidad para la libertad y el futuro de las naciones: “Cuando un país deja de enseñar a pensar, a leer con profundidad, a razonar, a distinguir entre verdad y opinión, a trabajar con disciplina y a exigir calidad, empieza a hipotecar su libertad”. En ese sentido, afirmó que “la ignorancia produce fantasmas y mediocridad satisfecha” y recordó que “educar no consiste únicamente en llenar cabezas de información, sino en formar carácter, criterio y responsabilidad”.
Gutiérrez también cuestionó los intereses que han intervenido en los sistemas educativos y señaló que “demasiados sistemas educativos han sido secuestrados por intereses que poco tienen que ver con los alumnos”. Por esta razón, “el estudiante termina pagando el precio de una cobardía que no eligió”, aseguró.
Asimismo, señaló la responsabilidad de las élites y de toda la sociedad en materia educativa: “No habrá economía moderna, instituciones sólidas ni democracia estable si quienes llegan a la vida adulta no tienen las herramientas intelectuales y morales para sostenerlas”. También recordó que la educación no depende únicamente de los sistemas públicos, pues “el maestro puede abrir la puerta, pero el alumno tiene que cruzarla”.
Para finalizar, Gutiérrez enfatizó que aprender requiere esfuerzo y que la sociedad debe recuperar una cultura que valore el conocimiento: “Aprender exige esfuerzo. Y el esfuerzo, aunque parezca palabra antigua, sigue siendo una de las virtudes más modernas”. Concluyó advirtiendo que “una nación que abandona a sus jóvenes se abandona a sí misma”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Amber Gove, economista e investigadora en educación, y a Ronald Flores, director del departamento de educación en la Universidad Francisco Marroquín, sobre los desafíos que enfrentan los sistemas educativos y cómo enfrentarlos.
Gove abordó los principales desafíos que enfrenta la educación en América Latina y advirtió que las brechas de aprendizaje que aparecen en las pruebas PISA comienzan mucho antes de los 15 años. Explicó que estos desafíos se veían venir desde el 2019 con las pruebas en niños de 8 años.
Sobre las razones detrás de estos rezagos, señaló que la evidencia ya muestra qué funciona para enseñar las habilidades fundamentales: “Sabemos por la ciencia de la lectura y la ciencia de la enseñanza que hay maneras que realmente funcionan para enseñar la lectura y la matemática a las edades tempranas”. Por ello, destacó la necesidad de fortalecer las capacidades de los docentes: “Debemos apoyar a estos docentes para realmente enseñar bien, medir bien y seguir lo que las investigaciones nos dicen que deben hacer”.
Gove también puso el foco en la importancia de atraer y preparar a los mejores profesionales para la docencia. “Son responsables para crear el futuro, literalmente crear y cuidar del futuro”, afirmó.
Sobre el uso de la tecnología y la inteligencia artificial en las aulas, llamó a evitar una incorporación sin suficiente evidencia. Explicó que algunas investigaciones muestran que poner directamente la tecnología en manos de los niños no necesariamente produce buenos resultados y planteó que es “mejor usarlo como herramienta de apoyo para los docentes”. En particular, consideró que “sería demasiado temprano para poner inteligencia artificial en frente de todos los niños. Es mejor en las manos de los docentes”, acompañada de capacitación y apoyo para utilizarla adecuadamente.
Ante la pregunta de si un niño que llega a los 12 años con importantes rezagos todavía puede recuperar el aprendizaje perdido, Gove fue enfática: “Todo niño es rescatable”. Aunque reconoció que es más fácil evitar que las brechas se acumulen, sostuvo que “se puede recuperar con mucho esfuerzo y mucho apoyo”. También destacó las ventajas que ofrecen el español y el portugués para la enseñanza de la lectura, así como experiencias implementadas en países de la región que utilizan métodos prácticos y medición de resultados.
Finalmente, Gove planteó tres prioridades que, a su juicio, deberían estar en el centro de cualquier reforma educativa. La primera: “que todos sus niños deben salir del tercer grado con la capacidad de leer y hacer matemática”. La segunda, garantizar que los docentes cuenten con los materiales y el apoyo necesarios para alcanzar esa meta. Y la tercera, involucrar a las familias y considerar las necesidades de los estudiantes en todo aspecto humano.
Por su parte, Flores considera que los malos resultados educativos deben asumirse como “un llamado a la acción”, pues “lo que está en juego es nuestro futuro”. Al mismo tiempo, llamó a entender los cambios que atraviesan los jóvenes sin caer en el pesimismo: “No caigamos en menospreciar la capacidad de los jóvenes de adaptarse a esa nueva forma de aprender y comunicarse”.
Sobre la transformación en la manera de acceder al conocimiento, Flores explicó que “los jóvenes están cambiando porque ha cambiado la forma de transmisión de conocimientos, ideas y entretenimiento”. A su juicio, la sociedad está transitando “de una cultura lectora a una cultura audiovisual”, un cambio que tendrá efectos que todavía no es posible dimensionar completamente.
Flores destacó el papel de la educación como vehículo de movilidad y esperanza. Recordó que “la expectativa y la esperanza que teníamos como generación de que la educación era una forma de obtener mejores oportunidades, de cambiar nuestra situación de vida” ha sido fundamental para las aspiraciones individuales. Por eso, advirtió: “Nosotros como sociedad no podemos perder esa esperanza porque es el gran movilizador de las aspiraciones individuales y sociales”.
Sobre la inteligencia artificial en las aulas, Flores pidió cautela ante los primeros resultados disponibles. Explicó que todavía “es muy temprano llegar a conclusiones de tendencia” y que será necesario observar su evolución durante los próximos años. Sin embargo, identificó un riesgo concreto en el uso de estas herramientas: “El peor impacto es cuando los alumnos piensan que ya no necesitan pensar por sí mismos, ya no necesitan aprender porque todas las respuestas que ellos creen que necesitan se las va a dar la inteligencia artificial. Y no es así”.
Finalmente, Flores puso el énfasis en el papel de las personas y las instituciones que acompañan directamente a los estudiantes. Concluyó que lo más importante y básico es “educar a la próxima generación para que tengamos una oportunidad de tener un mejor futuro”.
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Dionisio Gutiérrez inició recordando que las naciones sufren cuando aumenta el crimen, pero que se quiebran cuando las instituciones que deberían contenerlo se corrompen o son capturadas por quienes viven de violar la ley. Explicó que “una policía ineficiente puede corregirse, una fiscalía lenta puede reformarse, un tribunal débil puede fortalecerse; pero cuando policías, fiscales, jueces, alcaldes, diputados o ministros empiezan a responder a redes criminales, intereses mafiosos o políticos corruptos, el problema cambia de naturaleza. Ya no estamos frente a un Estado débil. Estamos frente a un Estado criminal”.
Lemus advirtió que la inseguridad en América Latina está estrechamente vinculada con la fortaleza de las instituciones. A su juicio, “la debilidad de las instituciones tiene mucho que ver” con la expansión de la violencia, pues “las instituciones son necesarias para contener [este fenómeno]”. Explicó que el delito puede ser contenido cuando existe “una certeza de que el delito, la violencia utilizada de forma ilegítima, va a ser castigada”.
Dionisio Gutiérrez inició abordando el alto costo que América Latina ha pagado por la alianza entre la política y el crimen, con Estados penetrados por mafias, gobiernos que negocian con organizaciones criminales y estructuras públicas que terminan sirviendo a quienes deberían combatir. Advirtió que “cuando eso ocurre, la república deja de ser casa de ciudadanos, la ley se vuelve selectiva, la justicia pierde autoridad y la política, en vez de ordenar la convivencia, administra miedo, impunidad y clientelismo”.
Sanz explicó que el crimen organizado actual es “una red de poder político, de poder económico y de control territorial”, mucho más diversificada y tecnificada que en el pasado. A su juicio, comprender su dimensión en América Latina exige reconocer “un factor de constante infiltración o alianza con estructuras políticas y con estructuras estatales”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que, a lo largo de la historia, el ser humano ha tenido que enfrentar no solo sus propios errores, sino también los “humores de la naturaleza”: sequías, inundaciones, incendios, tormentas y terremotos. Y, cuando estos fenómenos ocurren, dejan “violencia, destrucción, pobreza, migración y dolor. Cambia paisajes, vacía pueblos, arruina cosechas, obliga a familias enteras a empezar de nuevo”, señaló. Es así como recordamos que no somos dueños del mundo, sino huéspedes.
Guerra inició
Por su parte, Bolaños advirtió que uno de los principales problemas frente a los fenómenos climáticos es la dificultad de los gobiernos para pensar más allá del corto plazo. “Nos cuesta ver mucho más allá del mes” y, en el ámbito político, “nos cuesta ver más allá de los años [en el gobierno]”, señaló. A su juicio, esta limitación provoca que los países subestimen riesgos que pueden tardar años en repetirse: “Así que es un tema de miopía”.
Dionisio Gutiérrez inició con una fábula sobre un gobernante que repartía monedas que no eran suyas, mientras una multitud aplaudía sin preguntar quién había llenado la bolsa ni qué ocurriría cuando se agotara. A partir de esta historia, explicó una de las grandes desgracias de Iberoamérica:
Bonilla inició resaltando que la dinámica populista se repite bastante en el continente: “Detrás está la idea de que muchos de los problemas que enfrentamos se pueden resolver con mayor gasto público, mayor inversión del Estado”. Sin embargo, aseguró que esta es una “trampa” y las “expectativas de la gente se ven decepcionadas”. 
Dionisio Gutiérrez inició señalando que China es hoy una gran potencia, aunque advirtió que poder no es lo mismo que grandeza ni garantiza liderazgo. Explicó que las naciones verdaderamente grandes no se miden solo por lo que producen o conquistan, sino por la dignidad que reconocen a cada uno de sus ciudadanos libres. En ese sentido, afirmó que “El Partido Comunista ha confundido obediencia con estabilidad, silencio con consenso y miedo con legitimidad”.
Fernández advirtió sobre los riesgos de la dependencia tecnológica frente a China, especialmente por la expansión de su infraestructura digital y sistemas de vigilancia. Señaló que estas tecnologías penetran silenciosamente y generan “dinámicas de dependencia” entre los países y el proveedor, con “menos transparencia”, “más opacidad” y mayor control sobre la provisión, almacenamiento y procesamiento de la información. A su juicio, China está utilizando esta estrategia de manera deliberada: “es el país más video-vigilado del mundo” y está exportando esa tecnología, “generando ciertas dinámicas de dependencia muy peligrosas”.
Dionisio Gutiérrez relató la historia de Martín, un joven que, en medio de la incertidumbre que vive el mundo, buscaba respuestas ante los conflictos, la inestabilidad y la falta de certezas sobre el futuro. A través de ese relato, reflexionó sobre las guerras, el poder, las dificultades económicas y los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones.
Trujillo advirtió que los acuerdos internacionales han perdido valor cuando las partes carecen de credibilidad. A su juicio, tanto Estados Unidos como Irán han convertido los compromisos en instrumentos circunstanciales: “los pactos se cumplen de buena fe”, pero en este caso “no sirven para nada”. Alertó que esta dinámica solo genera “incertidumbre”, el peor escenario para las relaciones internacionales.
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre el riesgo que representa la captura de la justicia para una democracia: “Una república puede soportar malos ministros, peores diputados y hasta una generación de gobernantes mediocres. Lo que no puede es sobrevivir si desaparece la justicia independiente porque cuando los jueces dejan de obedecer a la ley y obedecen al poder, el ciudadano pierde su último refugio y la nación se convierte en feudo de criminales”.
Pombo inició explicando por qué los gobiernos buscan controlar el sistema judicial. Afirmó que, con el auge del neoconstitucionalismo, “de lo que se trata es de dominar el sistema judicial”, pues el Ejecutivo busca controlar a “quien toma, en últimas, la última palabra, que es la rama judicial”. Según explicó, las dictaduras y los populismos recurren a esta estrategia porque la justicia “legitima una decisión”, la “legitima en última instancia” y hace que las decisiones “suenen colegiadas, motivadas, constitucionales” cuando en realidad responden al poder político.
Por su parte, Ghersi inició explicando que la captura de la justicia responde a una lógica propia de los países con instituciones débiles. Se refirió a la escuela de la elección pública para señalar que “en sociedades con instituciones débiles como en América Latina, en vez de competir económicamente, los grupos de interés compiten políticamente”, y advirtió que una de las formas de hacerlo es “a través de la captura o de la búsqueda de influencia en los organismos judiciales”. Agregó que algunos actores “se hacen amigos de los jueces, del sistema de justicia para mantener su poder en el mercado o perseguir a sus competidores”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre una parte de la juventud contemporánea que, pese a haber nacido en el mejor momento material de la historia, asume como natural la abundancia, las libertades y los derechos conquistados por generaciones anteriores. En ese contexto, advirtió que “disfruta de una abundancia que no produjo, de derechos que no conquistó, de tecnologías que no inventó y de libertades por las que otros arriesgaron la vida; pero, en lugar de preguntarse cómo conservar y ampliar ese legado, exige más, de inmediato y sin costo”. Asimismo, recordó el concepto de Ortega del “señorito satisfecho”, que recibe la civilización como si todo le fuera debido y desconoce el esfuerzo que hizo posible ese bienestar.
Gelpi señaló que los jóvenes disfruten de los beneficios del capitalismo, pero desprecien ese mismo modelo es paradójico: “El capitalismo democrático ha logrado la mayor disminución de la pobreza en nuestra historia. Sin embargo, una parte importante de los jóvenes desconfía del sistema porque vive en la cara más negativa: tiene servicios públicos, tiene servicios sociales, pero no es capaz de independizarse. Bajo este contexto, considera que más que una confrontación ideológica, lo que hay es “una frustración vital” con la sensación de que no se puede avanzar: “desde el mundo liberal y capitalista, debemos impulsar ese motor de alguna manera porque si no, los populistas nos van a devorar”. Aunque añadió que es cierto que no es posible que los Estados satisfagan todas esas necesidades.
Por su parte, Álvarez señaló que figuras como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, venden una narrativa errónea al afirmar que solo existe una mayoría, la clase trabajadora: “Incluso Marx y Engels describían el comunismo con el proletariado y la burguesía”. Además, señaló que el hablar bajo estos términos crea la narrativa de que “estamos sometidos ante el rico, ante el que oprime”, cuando realmente en una sociedad libre todos somos agentes económicos.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina continúa atrapada en el conflicto, la pobreza y la devastación por el voto: “El voto equivocado le impone, con demasiada frecuencia, gobernantes corruptos y autoritarios”, quienes, además, “intentan que nuestros países sean cautivos de la demagogia y la sumisión que produce pueblos de esclavos en lugar de naciones de ciudadanos”.
Villamarín advirtió que el desconocimiento anticipado de los resultados electorales por parte del oficialismo colombiano es un riesgo para la democracia del país. A su juicio, el presidente Gustavo Petro y su sector político buscan “darle una lectura politizada, ideologizada y torcida a todo lo que no les conviene” y “acusan siempre de trampa al adversario”, pese a que llegaron al poder mediante el mismo sistema electoral que ahora cuestionan.
Por su parte, Flores señaló que la izquierda populista ha sido hábil “en tratar de afianzarse o imponerse en el poder”. A pesar de eso, ve positivo que nuestros sistemas electorales sean “participativos y transparentes”. Además, aseguró que los ciudadanos latinoamericanos logran reconocer que la narrativa que se ha tratado de imponer sobre fraude es falsa: “No se vale que estén gritando fraude cuando pierden. Seamos honorables”.