América Latina necesita menos relato y más realidad
En el programa de esta semana analizamos a América Latina.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre la realidad de América Latina, describiéndola como una región con inmenso talento y recursos, pero que es, ante todo, "una comunidad histórica que no ha terminado de reconciliarse con la libertad, la responsabilidad y la madurez". Señaló que, a pesar de su potencial, la región tropieza constantemente con los mismos obstáculos: el caudillo providencial, la promesa populista, "el Estado como botín y la verdad como estorbo".
También mencionó las profundas contradicciones en lo social y económico, donde se reivindican derechos pero se rehúyen deberes. Advirtió que la desigualdad se ha usado como excusa para fabricar clientelas, resultando en un sistema donde "se administra la pobreza en vez de derrotarla". En el ámbito económico, criticó la relación inmadura con la prosperidad, donde se sospecha del éxito y se castiga al que crea valor, provocando que la economía se convierta en una simple "disputa por favores, subsidios o privilegios".
Para finalizar, Gutiérrez afirmó que la región padece un trastorno de adolescencia prolongada, pues le cuesta comprender que "la democracia no es una emoción electoral, sino una arquitectura de límites". Aseguró que es urgente una rehabilitación del alma pública con "menos mesianismo y más madurez", para que América Latina deje de ser un paciente crónico y empiece a comportarse como una "civilización que decide sanar, que quiere vivir en libertad".
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Eduardo Fernández Luiña, doctor en ciencia política y profesor universitario, y a Nehomar Hernández, periodista y escritor, sobre el contexto de América Latina.
Fernández inició explicando que la debilidad política de América Latina responde, en gran medida, a una mala inserción en la globalización: “la región está mal insertada en el proceso de globalización”. A su juicio, han predominado “intereses de carácter ombliguista” que han impedido avanzar hacia “una integración regional y construir un gran mercado iberoamericano”, lo que ha derivado en una mayor fragmentación pese al enorme potencial económico que existe.
En esa línea, subrayó que el principal problema de la región radica en sus élites: “la clave, como casi siempre suele estar, está en las personas”. Señaló que “el fracaso de las élites” y la necesidad de su reconstrucción en distintos niveles, advirtiendo que su incapacidad para responder a las demandas ciudadanas “habilita ventanas de oportunidad para movimientos autocráticos” y frena el desarrollo de la región.
Respecto al contexto institucional, Fernández afirmó que el deterioro más inmediato se observa en la confianza: “el gran problema que tiene la región es la falta de credibilidad”. Indicó que existe “una crisis de confianza institucional rampante”, donde “la gente desconfía de los poderes legislativos, de los gobiernos y de los partidos políticos”, convirtiendo a estos últimos en “fuente obscena de desconfianza ciudadana”. En ese sentido, advirtió que “la confianza es muy difícil de construir y muy fácil de perder”.
Sobre el clima de inversión, sostuvo que los obstáculos también son internos: “el problema es endógeno”. Explicó que en contextos de alto riesgo político “llegan los depredadores”, lo que deteriora la calidad de la inversión extranjera. Sin embargo, consideró que si se reducen estos riesgos, “la calidad de la inversión y el atractivo crecerá exponencialmente”.
Finalmente, enfatizó que el desafío central pasa por fortalecer el capital humano y político de la región: “El gran reto es mejorar cuadros técnicos, pero también mejorar liderazgos políticos y administrativos con valores claros”. Concluyó que este proceso debe estar acompañado de “un compromiso frontal en defensa de la división de poderes y el Estado de derecho”, ya que “la cuestión es moral y de ética”.
Por su parte, Hernández indicó que el panorama político actual refleja un dilema existencial donde la democracia liberal se ha mostrado “insuficiente a la hora de dar respuestas a la mayoría de las demandas de los pueblos”. Esta desconexión ha propiciado la búsqueda de alternativas que, en muchos casos, no son “cónsonas con los sistemas que conocemos como demócratas liberales”.
Sobre la crisis de representación, Hernández advierte que no es un fenómeno aislado de la región, sino una tendencia global: “Estamos viendo la erosión de las instituciones tradicionales (...) quizá la crisis más exacerbada que ha tenido la historia contemporánea de los partidos políticos”. Añadió que esta situación es notable tanto en América Latina como en Europa, concluyendo que “todo el mundo está viendo la erosión del sistema”.
Por otro lado, Hernández señala que el voto castigo suele ser una trampa histórica. Recordó que Venezuela, en 1999, optó por un “vengador” expresado como un “golpista”, advirtiendo que en estos casos “el output nunca es el deseado” y que “lo que se promete en campaña nunca se lleva a la praxis”. A su juicio, estos liderazgos prosperan porque los partidos tradicionales “no están dejando demasiada alternativa a los ciudadanos que desesperados votan a veces por el menos malo”.
Respecto a la pérdida del control territorial frente al crimen organizado, Hernández sugirió que México es el “caso paradigmático” donde el margen de acción del Estado es “bastante limitado y en algunos casos inexistente”. Afirmó que los jefes de los cárteles “terminan siendo los dueños y señores de la política”, algo que “preocupa muchísimo en la región porque hace que el Estado pierda su poder efectivo”.
Para finalizar, de cara a los procesos electorales de 2026 en Brasil y Colombia, Hernández considera que será un momento “crucial”, especialmente ante lo que percibe como un debilitamiento de los modelos de izquierda radical, ejemplificado en el “retrato lastimoso en el que se ha convertido Cuba”.
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Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre la incertidumbre que atraviesa el mundo, donde la economía ofrece poca certeza y la política se ha degradado en una "simple administración de la mediocridad". Ante este panorama, señaló que el ciudadano común se encuentra desamparado frente a instituciones que prometen más de lo que cumplen y "liderazgos que hablan más de lo que entienden".
Flores inició explicando que, ante la inestabilidad, el cerebro tiende a proyectar escenarios catastróficos como un mecanismo de supervivencia: “El cerebro tiene esa función para protegernos de cualquier amenaza (...) todos los cambios financieros, las subidas de precio y cosas que pasan afuera me dan ese descontrol por adentro y eso genera angustia y luego ansiedad”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que vivimos en un mundo en el que “las certezas se han vuelto escasas”. Señaló que la realidad actual está marcada por tensiones geopolíticas que se multiplican y por alianzas que se recalcan, mientras que el orden internacional que ofreció equilibrio durante décadas hoy se fragmenta. En este escenario, advirtió que “la economía global muestra señales de insuficiencia para generar oportunidades”, dejando a millones de personas viendo cómo el progreso se convierte en una “promesa distante”.
Maul inició advirtiendo que, a pesar de la distancia geográfica, la región no es inmune a los conflictos en Medio Oriente debido a la interconexión de los mercados. Explicó que cualquier impacto en la oferta petrolera nos afecta, ya que un faltante de energía derivará inevitablemente en “un racionamiento de mercado y eso implica precios más altos”.
Por su parte, Nuñez inició advirtiendo que, pese a la relativa calma actual, todavía es muy pronto para descartar consecuencias dramáticas por el conflicto en Irán. Explicó que se han visto cambios muy abruptos en los precios del petróleo, por lo que afirmó que “la verdadera dimensión de los efectos la estamos por descubrir en las próximas semanas”.

Carreiro inició reconociendo que la prolongación de la guerra en Medio Oriente dependerá “de lo que quiere Estados Unidos y de la capacidad de resistencia del régimen iraní”, el cual parece estar resistiendo bien hasta ahora. Agregó que a pesar de ser uno de los momentos más inestables de su historia, el régimen de los ayatolás parece no estar en su punto de quiebre.
Por su parte, Montes de Oca inició señalando que es importante ver la imagen completa, no centrarse solo en Irán: “Hay una disputa entre un accidente que está buscando un punto de equilibrio entre las viejas alianzas y los Estados Unidos y, por el otro lado, un eje compuesto principalmente por Rusia y China con algunos estados subsidiarios, con Irán como protomotor del terrorismo a nivel internacional”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre el momento de incertidumbre que vive el mundo y la crisis de liderazgo en el Occidente democrático: “Hay momentos en la historia en que el mundo parece sostener la respiración. No por asombro, sino por incertidumbre”. Señaló que el Occidente libre, que en otro tiempo fue “faro del orden internacional”, hoy se encuentra “distanciado de sí mismo, dividido en debates internos mientras las sombras avanzan”.
Vara inició señalando que el conflicto que debe preocuparnos más ahora mismo es el de Irán: “Es un conflicto que puede tener ondas expansivas muy importantes en el mundo”. Además, señaló que es una gran amenaza, pues cuentan con un “arsenal de misiles balísticos” y esta guerra ahora mismo resulta “muy efectiva para acabar con las capacidades económicas de un adversario”. Añadió que este programa resulta incluso como una amenaza existencial, como en el caso de Israel.
Dionisio Gutiérrez inició recordando cómo hace 67 años, la Revolución cubana se presentó al mundo como una gesta redentora, pero terminó siendo “una larga pesadilla para una nación privada de su libertad”. Señaló que aquel proceso tuvo “más éxito exportando su relato falso y criminal que el azúcar, el tabaco y el ron juntos. Cuba vendió mito mientras perdía realidad. Gritó consignas mientras agotaba cosechas. Prometió romanticismo mientras llenaba sus cárceles de disidentes”.
Lechín inició subrayando que a pesar del deseo de ver a Cuba libre, no hay información certera de “qué tan porosa está su inteligencia político-militar”, la cual tiene o ha tenido presencia en países como México, Brasil, Argentina y Chile.
Por su parte, Castro indicó que los cubanos tienen esperanza: “Somos un pueblo que ha vivido 67 años bajo una tiranía de corte estalinista que nos hizo perder hasta las esperanzas. Lo que hemos visto luego de la captura de Nicolás Maduro nos ha traído nuevamente la añorada libertad”.

Saleh advirtió que el sistema represivo en Venezuela “está intacto” y que cualquier aparente apertura responde más a tácticas de supervivencia que a una voluntad real de cambio. Aunque reconoce que el régimen chavista recibe presión externa, insiste en que “ahí están los jueces, los fiscales, los torturadores” y que Diosdado Cabello continúa “manejando ferozmente la represión y un control de la violencia como nunca antes”.
Por su parte, Avendaño sostuvo que el régimen chavista no actúa por convicción, sino por presión directa de Washington. Señaló que están “yendo en contra de todo lo que ellos en algún momento profesaron”, pero “no lo hacen por convicción, sino por presión y por miedo”. Añadió que el cumplimiento parcial de exigencias internacionales no obedece a un compromiso democrático, sino a la necesidad de supervivencia: “Han ido cumpliendo los reclamos de Estados Unidos. Incluso si eso ha implicado el desmantelamiento del propio Estado chavista”.
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre una de las amenazas más graves que enfrenta América Latina: la alianza entre el crimen organizado y el poder político. “Cuando el crimen organizado y los políticos se dan la mano, la política se degrada y la democracia se desfigura”, afirmó. Y explicó que, en esas circunstancias, “el Estado, que nació para proteger a los ciudadanos, se vuelve instrumento de imposición; la ley, que debía ser límite, se convierte en coartada; y la política, que es el arte de ordenar la convivencia, degenera en oficio turbio donde prosperan los peores”.
Posada inició señalando que a pesar de que Gustavo Petro “se hizo elegir con las banderas de la paz total”, en realidad ha gobernado con impunidad y ha ofrecido “ventajas unilaterales a los grupos narcoterroristas”. Es así como para ella, el peor legado que deja Petro es el de pensar que en Colombia “ser criminal paga” y abraza a quien incumple la ley y “no al que ha sido respetuoso de ella”.
Trujillo inició señalando que el fracaso en la construcción de democracias republicanas funcionales en América Latina puede explicarse a partir de dos fenómenos. Primero, el haber dejado entrar al crimen organizado, y segundo, por una generación joven desencantada, poco reflexiva que participa menos por el desencanto democrático: “Converge el crimen tradicional en la política con una suerte de olvido, de despreocupación de gente joven que quiere soluciones inmediatas”.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que hay presidentes que se despiden dejando obras y otros, “dejando excusas y heridas”. Bajo esa premisa, afirmó que Gustavo Petro está por salir del gobierno de Colombia “con más penas que glorias”, dejando a un Estado “manchado de vergüenza, corrupción y populismo”. Recordó que Petro “ejerció el poder con imposición ideológica como forma de gobierno” y que “no fue un accidente”. Fue un proyecto que quiso avanzar “la agenda de la izquierda radical”, y que no logró consolidarse porque “en Colombia sobreviven instituciones que, maltrechas pero firmes, pusieron límites”.
Raisbeck inició señalando que Iván Cepeda, el candidato del oficialismo, es “más peligroso que Petro”. Señaló que Petro, pese a sus intenciones antidemocráticas, es una persona poco disciplinada, lo que le deja un margen de acción limitado. Por el contrario, Cepeda es alguien “muy metódico”, con una educación familiar marxista revolucionaria: “Él tiene claro que va por una constituyente para cambiar la Constitución”, aseguró.
Por su parte, Vallejo señaló que el daño más profundo que deja Gustavo Petro en Colombia es haber permitido “que el crimen ligado al narcotráfico tomara tanto espacio en el país”. Lo cual se refleja en las “extensas poblaciones donde la guerrilla y el narcotráfico son los que mandan”, pero también en el dinero que destinan estos grupos a “la justicia, en el Congreso” y en las demás esferas políticas.
Dionisio Gutiérrez inició con una advertencia necesaria sobre Iberoamérica, recordando que “la historia de la región es una crónica de ausencias voluntarias y silencios cómplices”. Señaló que, durante décadas, las élites económicas, académicas y sociales “optaron por mirar la política como un lodazal desde la orilla”, convencidas de que otros se harían cargo del desorden, mientras ese lodazal crecía hasta “terminar inundándolo todo”.
Antonetti inició asegurando que el abandono de las élites es algo con lo que se ha peleado “desde hace varias décadas”. A su juicio, “la vieja política se ha quedado en discursos que ya no sirven”, y está atrasada por no ir “al ritmo de las nuevas tecnologías”.
Por su parte, Henaro comenzó su intervención señalando uno de los problemas que enfrenta la región: “Cuando las élites capturan árbitros, normalizan la impunidad y sustituyen las instituciones por operativos, es cuando el país se vuelve un Estado débil”. Asimismo, afirmó que la democracia no es posible cuando no existen división de poderes, un Estado profesional y meritocrático y élites que vertebren el proceso político.