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2020 and the Easter that was not
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Director del Área Política de Fundación Libertad y Desarrollo. Licenciado en Ciencia Política, catedrático y analista político en el programa Sin Filtro de Guatevisión.
06 Apr 2020

Nadie esperaba una Semana Santa sin procesiones, ni alfombras o el Centro Histórico y La Antigua Guatemala sin movimiento. No imaginábamos vivir un 2020 sin nuestras tradiciones y en medio de una pandemia.

Pamplona tiene las Ferias de San Fermín, Andalucía la Semana Santa de Sevilla. México tiene el Grito de la Independencia y el Día de los Muertos. Colombia tiene el Carnaval de Barranquilla; Brasil el carnaval de Río. Estados Unidos tiene el Super Bowl, el 4 de julio, Acción de Gracias y el Desfile de las Rosas.

Guatemala tiene su Semana Santa.

Sin duda, ninguna actividad en Guatemala moviliza la cantidad de personas, inyecta la cantidad de recursos económicos, expone al unísono tantos elementos propios del patrimonio artístico nacional, tiene tanto valor histórico o genera una experiencia sensorial tan completa, como la Semana Santa.

Vale la pena recordar que si bien las procesiones de Semana Santa tiene un origen religioso, con el paso de los años, el fenómeno ha trascendido a otros ámbitos de la vida social al punto en que se ha convertido en un Patrimonio propio de los guatemaltecos precisamente por su valor social, artístico y cultural.

Antigua Guatemala se colma de turistas interesados en conocer la experiencia visual de las procesiones y las alfombras. Sólo el quinto domingo de cuaresma, cuando recorre las calles empedradas la procesión de San Bartolomé Becerra, ingresan a la ciudad colonial más de medio millón de personas.

El impacto económico de la temporada es muy importante. En 2011, el buen amigo Mario García Lara junto al Grupo Satélite determinaron que la Semana Santa en Antigua genera un movimiento económico de alrededor de $85 millones de dólares (por inflación y crecimiento real debió rondar los $120 millones en 2019), los cuales se focalizan en hoteles, restaurantes, transporte, comercio vinculado al turismo, artesanías y en el sector informal. A ello sumemos los ingresos que se agencia la municipalidad por los cobros de parqueo o por ingreso al municipio y los arbitrios por asignación de locales comerciales.

En el Centro Histórico, miles de personas retoman el control sobre ese espacio público que se ha ido perdiendo ante el bullicio urbano y la delincuencia. Solo entre Jueves y Viernes Santo, se estima que la zona 1 recibe casi 1 millón de visitantes, quienes van en búsqueda de experiencias culturales que además de las procesiones, incluye la gastronomía de la época, la floristería estacional, los diseños artísticos de andas, o simplemente la experiencia de caminar por el centro en búsqueda de la procesión o del sagrario.

A ello sumemos algunos valores propios del patrimonio vinculado a la época. La imaginería de pasión guatemalteca es quizá una de las más reconocidas a nivel mundial, al punto en que obras de escultores como Mateo de Zúñiga y Juan Ganuza encontraron su camino hasta templos y colecciones privadas en Iberoamérica, España e Italia. Las marchas que se interpretan en las procesiones de Semana Santa, son -después de la marimba- el segundo mayor aporte de Guatemala a la música occidental. Obras de autores nacionales se han incorporado al repertorio musical de la semana mayor andaluza e italiana.

La relación entre la Semana Santa y la historia política del país también es de suma relevancia. La imagen de Jesús de la Merced, de la cual era devoto el Presidente Rafael Carrera, ostenta el grado de “Coronel del Ejército” y el título de “Patrón Jurado Contra las Calamidades”. En tiempos de pandemia, vale recordar que la imagen ha sido procesionada en momentos de calamidad: en 1717, salió en procesión luego de la erupción del Volcán de Fuego; en 1724 y 1774 luego de plagas de chapulines; en 1783 por la peste que acabó con el ganado y 1801 por la peste de langosta; en 1857 en rogativa por la paz ante la invasión de William Walker y los filibusteros; y en 1976 luego de los terremotos del 4 de febrero.

Desde mediados del siglo XVI a la fecha, las procesiones nunca se suspendieron. Ni siquiera en tiempos de la Reforma Liberal y su dogma secularizador y anti-clerical llegaron al extremo de cancelar procesiones.

Esta es una consecuencia extraordinaria del Covid-19. Todo el folclor que gira alrededor de la Semana Santa quedó en suspenso. Las imágenes y las andas quedaron guardadas; los espacios públicos vacíos. El derrame económico no llegó. Los platillos, los dulces y bebidas tradicionales no se prepararon. Las marchas sonaron en Spotify y no en las calles. Los 50,000 cucuruchos se quedaron en casa con las túnicas guardadas. El corozo y las jacarandas escasearon. Y ni el Patrón contra las Calamidades salió a las calles, porque a diferencia de las anteriores, esta calamidad obligó a que todos se quedaran en casa.

Para los cucuruchos y devotos religiosos, este 2020 trajo una nueva forma de hacer penitencia: no cargar y no tener procesiones. Y para todos los que amamos esta tradición tan guatemalteca, la esperanza de que al quedarnos en casa haremos posible que en 2021 estemos todos y nos saludemos en filas.

The Digital Age in Times of the Coronavirus
36
Directora de Comunicación y Prensa de la Fundación Libertad y Desarrollo. Comunicadora Social graduada de la Universidad Rafael Landívar. 
10 Apr 2020

En tiempos de cuarentena, internet parece ser el territorio para el encuentro social y laboral, así como también el acceso a la información, consumos culturales y religiosos.

A medida que el coronavirus se propaga exponencialmente en todo el mundo, el distanciamiento social generalizado es nuestra mejor arma contra la transmisión desenfrenada. Dadas estas circunstancias, estamos descubriendo que el teletrabajo se puede aplicar a más gremios de los que pensábamos; que las reuniones virtuales también pueden ser con amigos y con familia; y que las consultas médicas pueden hacerse por un chat. 

En tanto hace algunos meses expertos aseguraban que pasar menos tiempo en el móvil mejoran la concentración, productividad y creatividad; hoy la cuarentena nos obliga a tener una rutina donde el territorio digital tiene un rol importante en la sanidad mental y emocional de las personas y sostiene una parte de la limitada actividad que pueden tener las empresas.

Sherry Turkle, Profesora de Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, asegura que el internet, especialmente las redes sociales están migrando a un enfoque que busque crear comunidades más fuertes. Cada contenido y cada institución ahora debe presentar un por qué, una razón de ser en medio de la crisis. Deben hablar con la verdad y demostrar que están al servicio de la comunidad; especialmente los gobiernos. No se puede desperdiciar comunicación en cosas superficiales y mucho menos perder la credibilidad de los seguidores.

Los intereses por la información también han cambiado. Páginas que antes no estaban en al radar de las personas, ahora son visitadas por millones para obtener información actualizada del COVID-19, como lo son el Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades o el Centro de Recursos de Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins.

Hemos regresado a los días en donde ser experto tiene un peso importantísimo en cualquier comunicación oficial que se realice. Ha sido fácil burlarse o criticar a los expertos hasta que llegó una pandemia, donde los principales entrevistados en medios de comunicación son médicos, epidemiológos y economistas con larga trayectoria. La crisis ha obligado a las personas a aceptar que la experiencia es importante. Y quiero creer que esto se quedará en el largo plazo y que tendrá frutos en futuras elecciones donde populistas como AMLO desaparecerán del mapa por no ser políticos capaces de manejar a un país.

Mientras descubrimos cuál será nuestra vida después del COVID-19, se está intentado predecir algunos cambios que vendrán junto con el nuevo auge de la vida digital; desde un boom de empresas enfocadas en realidad virtual hasta las nuevas teorías sobre educación en línea.

En el ámbito político Ethan Zuckerman, director del MIT Center for Civic Media, habla sobre cómo los congresos se volverán virtuales. Si bien su análisis se basa sobre el congreso americano, es un buen momento para que los congresistas o diputados en el mundo regresen a sus distritos, reconozcan mejor las necesidades de sus comunidades y comiencen a legislar virtualmente.

Incluso podríamos pensar en que las elecciones podrían realizarse de forma remota y virtual. Bolivia dejó en incertidumbre la fecha de sus elecciones por no tener claro cuándo terminará toda la crisis del Coronavirus y Estados Unidos está considerando elecciones digitales o por correspondencia. Las circunstancias del futuro ameritará re pensar las formas de la democracia.

En tiempos de cuarentena, internet parece ser el territorio para el encuentro social y laboral, así como el acceso a la información, acercamieto con líderes políticos y consumos culturales y religiosos. El ser humano se ha reinventado un sin fin de veces a lo largo de la historia para asegurar su supervivencia. Es la primera pandemia donde tenemos la carta de la tecnología y es aquí donde debemos comenzar a encontrar salidas, propuestas y cambios, tanto en la salud como en lo económico, social y político.

 

Referencias:

https://www.nytimes.com/interactive/2020/04/07/technology/coronavirus-internet-use.html
https://www.politico.com/news/magazine/2020/03/19/coronavirus-effect-economy-life-society-analysis-covid-135579

La era digital en tiempos del Coronavirus
36
Directora de Comunicación y Prensa de la Fundación Libertad y Desarrollo. Comunicadora Social graduada de la Universidad Rafael Landívar. 
10 Apr 2020

En tiempos de cuarentena, internet parece ser el territorio para el encuentro social y laboral, así como también el acceso a la información, consumos culturales y religiosos.

A medida que el coronavirus se propaga exponencialmente en todo el mundo, el distanciamiento social generalizado es nuestra mejor arma contra la transmisión desenfrenada. Dadas estas circunstancias, estamos descubriendo que el teletrabajo se puede aplicar a más gremios de los que pensábamos; que las reuniones virtuales también pueden ser con amigos y con familia; y que las consultas médicas pueden hacerse por un chat. 

En tanto hace algunos meses expertos aseguraban que pasar menos tiempo en el móvil mejoran la concentración, productividad y creatividad; hoy la cuarentena nos obliga a tener una rutina donde el territorio digital tiene un rol importante en la sanidad mental y emocional de las personas y sostiene una parte de la limitada actividad que pueden tener las empresas.

Sherry Turkle, Profesora de Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, asegura que el internet, especialmente las redes sociales están migrando a un enfoque que busque crear comunidades más fuertes. Cada contenido y cada institución ahora debe presentar un por qué, una razón de ser en medio de la crisis. Deben hablar con la verdad y demostrar que están al servicio de la comunidad; especialmente los gobiernos. No se puede desperdiciar comunicación en cosas superficiales y mucho menos perder la credibilidad de los seguidores.

Los intereses por la información también han cambiado. Páginas que antes no estaban en al radar de las personas, ahora son visitadas por millones para obtener información actualizada del COVID-19, como lo son el Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades o el Centro de Recursos de Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins.

Hemos regresado a los días en donde ser experto tiene un peso importantísimo en cualquier comunicación oficial que se realice. Ha sido fácil burlarse o criticar a los expertos hasta que llegó una pandemia, donde los principales entrevistados en medios de comunicación son médicos, epidemiológos y economistas con larga trayectoria. La crisis ha obligado a las personas a aceptar que la experiencia es importante. Y quiero creer que esto se quedará en el largo plazo y que tendrá frutos en futuras elecciones donde populistas como AMLO desaparecerán del mapa por no ser políticos capaces de manejar a un país.

Mientras descubrimos cuál será nuestra vida después del COVID-19, se está intentado predecir algunos cambios que vendrán junto con el nuevo auge de la vida digital; desde un boom de empresas enfocadas en realidad virtual hasta las nuevas teorías sobre educación en línea.

En el ámbito político Ethan Zuckerman, director del MIT Center for Civic Media, habla sobre cómo los congresos se volverán virtuales. Si bien su análisis se basa sobre el congreso americano, es un buen momento para que los congresistas o diputados en el mundo regresen a sus distritos, reconozcan mejor las necesidades de sus comunidades y comiencen a legislar virtualmente.

Incluso podríamos pensar en que las elecciones podrían realizarse de forma remota y virtual. Bolivia dejó en incertidumbre la fecha de sus elecciones por no tener claro cuándo terminará toda la crisis del Coronavirus y Estados Unidos está considerando elecciones digitales o por correspondencia. Las circunstancias del futuro ameritará re pensar las formas de la democracia.

En tiempos de cuarentena, internet parece ser el territorio para el encuentro social y laboral, así como el acceso a la información, acercamieto con líderes políticos y consumos culturales y religiosos. El ser humano se ha reinventado un sin fin de veces a lo largo de la historia para asegurar su supervivencia. Es la primera pandemia donde tenemos la carta de la tecnología y es aquí donde debemos comenzar a encontrar salidas, propuestas y cambios, tanto en la salud como en lo económico, social y político.

 

Referencias:

https://www.nytimes.com/interactive/2020/04/07/technology/coronavirus-internet-use.html
https://www.politico.com/news/magazine/2020/03/19/coronavirus-effect-economy-life-society-analysis-covid-135579

¿Por qué Corea, Taiwán y Japón tienen tasas de contagio de COVID-19 más bajas que algunos países occidentales?
28
Edgar Ortiz es el Director del Área Jurídica en Fundación Libertad y Desarrollo, es catedrático universitario y participa como analista político en diferentes medios de comunicación. 
08 Apr 2020

Oficialmente China notificó a la OMS del nuevo virus, ahora conocido como COVID-19, el 31 de diciembre de 2019. El brote comenzó en Wuhan, China. El gobierno chino respondió con medidas draconianas y declaró durante 76 días un cierre de la ciudad de Wuhan, que tiene ni más ni menos que 11 millones de personas. Este Martes Santo (hora de Centroamérica) terminó el cierre oficial.

Al 7 de abril se registraban 1.414.738 casos en todo el mundo, de los cuales teóricamente 82,718 corresponden a China. Digo teóricamente porque hay serias dudas sobre la veracidad de la información oficial china, como reportó un informe de la CIA al que tuvo acceso Bloomberg.

Sobre datos más confiables, sabemos que los 5 países con más casos reportados de COVID-19 al 7 de abril son Estados Unidos, España, Italia, Francia y Alemania. Lo que ha llamado la atención de muchos es que en Corea ha logrado mantener la tasa de contagios mucho mejor que los países antes mencionados. Podríamos agregar a Japón y Taiwán a la ecuación para ver que la tendencia es muy similar a la coreana.

Gráfico 1

Para tratar de superar las diferencias de tamaño de población, el gráfico visualiza la tasa de contagiados por 100,000 habitantes desde el día en que se reportó el primer contagio. Las líneas turquesa, roja y amarilla corresponden a Taiwán, Japón y Corea del Sur respectivamente. Es evidente que estos tres países sí lograron “aplanar” la curva. O al menos por ahora.

Lo más interesante, es que mientras los 5 países occidentales en cuestión practican hoy medidas estrictas de encierro para contener la propagación del virus, ni Japón, ni Corea ni Taiwán han tomado medidas tan drásticas. Incluso Japón anunció un estado de emergencia el 6 de abril, que no es un cierre como el que se aplica en varios países occidentales.

¿Qué han hecho distinto estos países entonces? ¿Qué tienen en común? Algunos buscan explicaciones culturales e invocan el excepcionalismo oriental. Destacan la disciplina de estas culturas, su respeto a la autoridad y el hecho de que tienen menos contacto físico que nosotros los latinos, por ejemplo. Obviamente algo influyen los aspectos culturales, pero la respuesta no está predominantemente en la cultura oriental, sino en las medidas eficientes que han tomado. Veamos.

Lo que caracteriza a los tres países es la respuesta temprana que tuvieron dado el aprendizaje de las experiencias previas del MERS (2003) y del SARS (2015). Los tres países tomaron medidas de restricción de viajeros desde febrero y sabían desde el principio que era crucial desarrollar y efectuar pruebas y dar un estricto seguimiento a los contactos que tuvieron los contagiados.

Corea fue el país que actuó más rápido en cuanto al suministro de pruebas. Incluso montaron sistemas de drive thru para hacer pruebas donde la gente se presentaba en su vehículo y se le practicaba un examen sin necesidad de bajarse de su automóvil. Salvo por Alemania, Taiwán y Corea practicaban pruebas a un ritmo mucho mayor a comienzos de marzo que los países occidentales seleccionados. Japón no ha sido tan avezo y quizás eso explique que de los tres países asiáticos mencionados, sea el que despierte más dudas en cuanto a la eficacia de sus medidas.

 

* La primera fecha corresponde al 21 de marzo. No hay cifras de fechas anteriores disponibles

** Corresponden al 8 de marzo y 29 de marzo

 

Además de las pruebas, como decíamos antes, la experiencia del SARS y MERS es crucial. Después de la crisis del SARS, Taiwán montó el National Health Command Center (NHCC) para diseñar políticas y protocolos para responder a epidemias como la vivida en 2003. De esa cuenta, el gobierno taiwanés estaba preparado y respondió tomando 124 medidas para hacer frente a la crisis del COVID. Entre ellas encontramos restricciones para viajeros, repartición de mascarillas, extensión de vacaciones estudiantiles, etc. Por supuesto, estas medidas incluyen control de contacto de contagiados y estrictas cuarentenas, como en otros países.

El caso coreano no es muy distinto. Ellos tomaron acción más rápida que ningún otro país en el suministro de pruebas, pero también fueron exitosos con el control de contacto de personas contagiadas. Bien conocido es el caso de la “paciente 31”, que era una superpropagadora.

Al igual que otros países asiáticos, instalaban controles usando los teléfonos móviles de las personas en cuarentena para verificar el cumplimiento del encierro. Cada persona en cuarentena debe dar cuenta de sus síntomas a diario. Estas medidas son muy intrusivas y su empleo da para una reflexión sobre el derecho a la privacidad y la salud.

Los países occidentales que mencionamos son de renta alta y tienen buenos sistemas de sanidad. Pero sus sistemas de sanidad no tienen una experiencia tan reciente de brotes de enfermedades respiratorias como los asiáticos y por eso la respuesta ha sido tardía. El factor aprendizaje es clave también para la población y por eso vemos que en Asia la respuesta de los ciudadanos a usar mascarillas y a practicar distanciamiento en la medida de lo posible ha sido mucho más rápida que en Occidente.

¿Podemos aprender algo nosotros? Sin duda. Lamentablemente, ya que el virus se ha propagado no podemos imitar a Corea o a Taiwán en la gran mayoría de sus medidas. Ya experimentamos medidas de supresión estrictas porque estamos muy tarde para emplear políticas estrictamente preventivas. Donde sí podemos tomar acción es ampliando el número de pruebas para detectar y controlar mejor la propagación del virus.

Si vuelve al gráfico 1, se dará cuenta que los primeros 30 días, contando desde el día del primer contagio, no nos dicen mucho. Es a partir del día 35 aproximadamente que comenzamos a ver la tendencia.  En nuestra región, el virus se detectó prácticamente en marzo. El día 1 para Guatemala es el 14 de marzo. Dominicana y Panamá vieron los primeros casos, lo cual hace sentido en el caso del primero por el flujo turístico y en el segundo por su interconectividad regional. Veamos el gráfico para Centroamérica:

Gráfico 2

Mucho se dice de la baja cantidad de pruebas que se han suministrado y seguramente existe un nivel considerable de subregistro. Recordemos que se habla de que hasta un 30% de infectados de COVID-19 son asintomáticos, lo cual dificulta su detección. Pese a que no tienen síntomas, pueden propagar el virus. Sí, como decíamos antes, los primeros 30 o 35 días no muestran mucho, es esperable que en las próximas dos semanas veamos un aumento considerable de casos.

Incómodos pero eternos acompañantes
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Directora del área de Estudios Latinoamericanos de la Fundación Libertad y Desarrollo. Es licenciada en Historia egresada de la Universidad Central de Venezuela.
08 Apr 2020

Los virus y microbios representan la adaptación por selección natural más acabada, por el desarrollo de su capacidad de habitar, transmitirse y propagarse de una forma cada vez más sofisticada y eficiente en fecundos huéspedes como los humanos. Por milenios, nos hemos convertido en el vehículo predilecto de estos incómodos acompañantes por nuestra propia hegemonía como especie. Se podría decir que los virus y las enfermedades infecciosas masivas son el gran costo de nuestro éxito evolutivo.

 

Cuando Hernán Cortés llegó a la ciudad de Tenochtitlán, en 1520, trajo con él no sólo a un ejército de 600 hombres, sino un contingente de viruela que arrasaría por los próximos cien años ─hasta 1618─ con más del 90% de la población de lo que alguna vez fue el Imperio Azteca, que se desplomó en ese lapso, de 20 millones a 1.6 millones de habitantes[1] [2].

Los virus, bacterias, microbios, gérmenes e infecciones siempre han escoltado a la humanidad desde sus más remotos orígenes. Por milenios, a lo largo de nuestra historia evolutiva, la humanidad ha sido el reservorio más grande de estos microorganismos y, cada tanto, surge un virus de un alcance devastador que arrasa poblaciones enteras.

Con el surgimiento de la agricultura hace 10,000 años, a partir de la llamada Revolución Neolítica, también surgen las pandemias y las enfermedades infecciosas multitudinarias: por el simple hecho de que la agricultura permitió el sostenimiento de enormes poblaciones humanas mucho más densas, sedentarias y populosas que las comunidades de cazadores-recolectores. Por ende, aumentó la capacidad de propagación a gran escala de las enfermedades[3]. Así las cosas, las también llamadas “civilizaciones hidráulicas”, asentadas en los márgenes de grandes ríos y cuerpos fluviales (y por ende, aguas residuales), fueron un prolífico caldo de cultivo para gérmenes y bacterias, particularmente con la agricultura de irrigación. La ganadería y la cría de animales para el consumo, también ha sido una fuente de enfermedades infecciosas por el contacto que hay entre los humanos y las bacterias de restos fecales y larvas animales. Y, finalmente, el almacenamiento y provisión de alimentos propio de las sociedades agrícolas-sedentarias, también ha sido desde entonces, un foco de bacterias, gérmenes y parásitos potencialmente letales que se transmiten de animales a humanos.

Posteriormente, con el surgimiento de poblaciones cada vez más urbanas y la formación acelerada de ciudades algunos siglos atrás, las rutas comerciales y las migraciones constantes; las enfermedades infecciosas han sido para la humanidad, un enemigo más letal que las guerras, las hambrunas y los desastres naturales y, desafortunadamente, un acompañante más común que los flagelos anteriores.  

Con la Revolución Industrial, las poblaciones urbanas de los grandes centros industriales y, consecuentemente, con el surgimiento de la sociedad de masas y la globalización entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX; las pandemias se han convertido en un peligro latente debido a la hiper-conectividad en las comunicaciones aéreas, que en cuestión de horas puede llevar a un virus de un continente a otro.

Los primeros registros de enfermedades infecciosas conocidas, según el geógrafo e historiador Jared Diamond, los tenemos alrededor del 1600 a. C en Egipto, en el caso de la viruela; desde el 400 a. C. en el caso de las paperas y desde el 200 a. C en el caso de la lepra. Adicionalmente, la poliomielitis fue descubierta en 1840 y el VIH en 1981.

De las pestes más letales registradas en la historia, está la Plaga Antonina (168-180), que fue una pandemia de sarampión que acabó con la vida de millones de ciudadanos romanos; la Peste Negra, en 1348, que acabaría con un tercio de la población de la Europa bajomedieval y, obviamente, la pandemia de la Gripe Española de 1918, que terminó con la vida de más de 20 millones de personas (cifras conservadoras) alrededor del mundo.

Desde el punto de vista de la historia evolutiva, los virus y microbios representan la adaptación por selección natural más acabada, por el desarrollo de su capacidad de habitar, transmitirse y propagarse de una forma cada vez más sofisticada y eficiente en fecundos huéspedes como los humanos. Por milenios, nos hemos convertido en el vehículo predilecto de estos incómodos acompañantes por nuestra propia hegemonía como especie. Se podría decir que los virus y las enfermedades infecciosas masivas son el gran costo de nuestro éxito evolutivo como civilización.

Hoy, en plena pandemia del COVID-19, si bien contamos con vacunas a muchas enfermedades infecciosas que nos han azotado por milenios, si bien tenemos antibióticos, adelantos médico-científicos, disciplinas como la epidemiología y acceso (casi) universal a la salud en buena parte del mundo; nos percibimos frágiles e impotentes para enfrentar a este nuevo virus, pero debemos entender (con un poco de perspectiva histórica y resiliencia), que no será el primero ni el último con el que tendremos que lidiar como humanidad.

 

 

[1] DIAMOND, Jared. Guns, Germs and Steel. New York. W. W. Norton & Company. 1997. Pp. 209

[2] HARARI, Yuval Noah. Sapiens. A brief history of humankind. New York. Harper Perennial. 2014.Pp. 293

[3] Esto no significa que las poblaciones humanas pequeñas y aisladas, estén libres de enfermedades infecciosas. La evidencia arqueológica sólo indica que en la organización tribal y clánica y de grupos humanos más pequeños de cazadores-recolectores nómadas del paleolítico, la propagación de enfermedades era más “contenida” y por su tamaño, no podían sostener grandes epidemias. (DIAMOND, Jared. Ob Cit. Pp. 202 et. HARARI, Yuval Noah. Ob CIt. Pp. 55)

Budget Expansion: Were All Expenses Approved Urgent and Necessary?
28
Edgar Ortiz es el Director del Área Jurídica en Fundación Libertad y Desarrollo, es catedrático universitario y participa como analista político en diferentes medios de comunicación. 
08 Apr 2020

 El Congreso aprobó la semana pasada una ampliación del presupuesto con la excusa de contrarrestar la crisis del Coronavirus.


La semana pasada explicamos en qué consistía el paquete de ayuda que aprobó el Congreso la madrugada del pasado 3 de abril. El fin de semana aprobaron otros decretos de urgencia que también ampliaron el presupuesto. Dar seguimiento al aumento total de presupuesto se hace difícil dado que las aprobaciones se hacen por montos parciales. 

En este espacio, presentamos un cuadro que resume las ampliaciones del presupuesto que hicieron los decretos 12-2020, 13-2002 y 20-2020 y una explicación para todo público de lo que significan estos cambios.

Egresos:

Como verá, el monto total de las ampliaciones presupuestarias asciende a casi Q20 mil millones. El presupuesto original para 2020 era de Q87.7 mil millones, con lo cual estas ampliaciones aumentan el presupuesto original en un 22.6%. ¿Cómo se financiará este aumento de presupuesto? De la siguiente manera:

Ingresos:

En pocas palabras, ¿en qué se gastará todo ese dinero?

Ver las tablas es un poco confuso. Explicaremos en qué se gastarán esos casi Q20 mil millones en palabras un poco más asequibles para el público general:

  1. Plan de rescate. Por la crisis causada por COVID-19: Q. 11 mil millones. Como lo explicamos, Q6 mil millones van al Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) para transferir hasta Q1,000 a personas en situación de pobreza. Otros Q3 mil millones al Fondo de Protección del Empleo que servirá para pagar Q75 diarios a los trabajadores cuyos contratos sean suspendidos y Q2 mil millones para un Fondo de Protección de Capital y Trabajo, que serán préstamos para profesionales y empresas en problemas.
  2. Otras ayudas. Hay otras ayudas que suman unos Q4.1 mil millones. Unos Q630 millones van al INDE para apoyo a la tarifa social de energía eléctrica, unos Q400 millones son para compra de alimentos que debe hacer el MAGA y Q50 millones son para ampliar el programa de protección al adulto mayor a través del Ministerio de Trabajo. Otros Q2.7 millones van al CHN para préstamos.
  3. Salud. Uno de los temas prioritarios era apoyar al sistema de salud a salir de esta crisis. En total se le asignan Q1.6 miles de millones más al Ministerio de Salud. De esos, Q426 millones serán para pago de salarios y un bono riesgo al personal de salud. Los restantes Q1.2 miles de millones serán para infraestructura hospitalaria, ventiladores, pruebas, equipo especial de protección, entre otros. Estos Q.1.6 millones apenas representa el 8% del total de ampliaciones presupuestarias.
  4. Salarios. Esta es la parte más criticable del paquete. Aquí no tenemos en cuenta los salarios del sistema de salud para quienes es comprensible el aumento de salarios. Aquí se aprobó una ampliación de Q1 mil millones para pagar los aumentos salariales que negociaron Jimmy Morales y Joviel Acevedo en su momento. Hay otros Q450 millones que van para salarios del Ministerio de Gobernación, mismos que uno puede justificar cuando las fuerzas de seguridad trabajan 24/7 por el estado de calamidad. Pero el millardo que va para el sindicato de educación es muy cuestionable.
  5. Planes de gasto público. Otro de los objetivos de estas ampliaciones presupuestarias es “impulsar” el gasto público que suman unos Q.1.3 miles de millones. En ese sentido, hay un monto de Q600 millones que irá a los Consejos Departamentales de Desarrollo (CODEDEs). Lamentablemente, la corrupción en los CODEDEs es enorme y lo más probable es que esos Q600 millones sean un botín que se repartirán los actores involucrados. También hay un presupuesto de Q724 millones para que el Ministerio de Comunicaciones ejecute varias obras.
  6. Fortalecimiento a la justicia. Se aprobaron unos préstamos que sumando llegan a Q1 millardo para fortalecimiento y modernización del sector justicia. Eso incluye un préstamo por US$60 millones para el MP y fondos para la cuestionable Oficina para la prevención de la tortura y la inoperante Contraloría de Cuentas. Eran compromisos previamente adquiridos.
  7. Servicio de la deuda. Hay Q1.2 miles de millones para pagar el servicio de la deuda pública. Quizá el único comentario que se puede hacer es si en ese rubro cabía la posibilidad de negociar algún acuerdo con los acreedores institucionales para demorar el pago de intereses dada la situación actual.

 

Como podrá apreciar el lector, hay una parte considerable de los gastos que se pudo cuestionar oportunamente. Es el caso del presupuesto para pagar al sindicato de educación. Por otra parte, hay fondos que tendrán un destino poco transparente como el dinero que irá a los CODEDES. 

Nadie puede cuestionar que los paquetes de rescate económico eran necesarios dado que una parte importante del sector productivo está paralizado por las medidas de distanciamiento social. La gran pregunta será, ¿será capaz el gobierno de ejecutar esos ambiciosos planes de ayuda? ¿llegará la ayuda a los más necesitados a tiempo y de forma transparente? ¿llegarán esos créditos a las empresas que lo necesitan de forma oportuna? ¿o cerrarán muchas empresas antes de que la ayuda llegue? Esperemos por el bien de nuestro país que el gobierno tenga éxito.

Ampliación de presupuesto: ¿eran todos los gastos aprobados urgentes y necesarios?
28
Edgar Ortiz es el Director del Área Jurídica en Fundación Libertad y Desarrollo, es catedrático universitario y participa como analista político en diferentes medios de comunicación. 
08 Apr 2020

 El Congreso aprobó la semana pasada una ampliación del presupuesto con la excusa de contrarrestar la crisis del Coronavirus.


La semana pasada explicamos en qué consistía el paquete de ayuda que aprobó el Congreso la madrugada del pasado 3 de abril. El fin de semana aprobaron otros decretos de urgencia que también ampliaron el presupuesto. Dar seguimiento al aumento total de presupuesto se hace difícil dado que las aprobaciones se hacen por montos parciales. 

En este espacio, presentamos un cuadro que resume las ampliaciones del presupuesto que hicieron los decretos 12-2020, 13-2002 y 20-2020 y una explicación para todo público de lo que significan estos cambios.

Egresos:

Como verá, el monto total de las ampliaciones presupuestarias asciende a casi Q20 mil millones. El presupuesto original para 2020 era de Q87.7 mil millones, con lo cual estas ampliaciones aumentan el presupuesto original en un 22.6%. ¿Cómo se financiará este aumento de presupuesto? De la siguiente manera:

Ingresos:

En pocas palabras, ¿en qué se gastará todo ese dinero?

Ver las tablas es un poco confuso. Explicaremos en qué se gastarán esos casi Q20 mil millones en palabras un poco más asequibles para el público general:

  1. Plan de rescate. Por la crisis causada por COVID-19: Q. 11 mil millones. Como lo explicamos, Q6 mil millones van al Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) para transferir hasta Q1,000 a personas en situación de pobreza. Otros Q3 mil millones al Fondo de Protección del Empleo que servirá para pagar Q75 diarios a los trabajadores cuyos contratos sean suspendidos y Q2 mil millones para un Fondo de Protección de Capital y Trabajo, que serán préstamos para profesionales y empresas en problemas.
  2. Otras ayudas. Hay otras ayudas que suman unos Q4.1 mil millones. Unos Q630 millones van al INDE para apoyo a la tarifa social de energía eléctrica, unos Q400 millones son para compra de alimentos que debe hacer el MAGA y Q50 millones son para ampliar el programa de protección al adulto mayor a través del Ministerio de Trabajo. Otros Q2.7 millones van al CHN para préstamos.
  3. Salud. Uno de los temas prioritarios era apoyar al sistema de salud a salir de esta crisis. En total se le asignan Q1.6 miles de millones más al Ministerio de Salud. De esos, Q426 millones serán para pago de salarios y un bono riesgo al personal de salud. Los restantes Q1.2 miles de millones serán para infraestructura hospitalaria, ventiladores, pruebas, equipo especial de protección, entre otros. Estos Q.1.6 millones apenas representa el 8% del total de ampliaciones presupuestarias.
  4. Salarios. Esta es la parte más criticable del paquete. Aquí no tenemos en cuenta los salarios del sistema de salud para quienes es comprensible el aumento de salarios. Aquí se aprobó una ampliación de Q1 mil millones para pagar los aumentos salariales que negociaron Jimmy Morales y Joviel Acevedo en su momento. Hay otros Q450 millones que van para salarios del Ministerio de Gobernación, mismos que uno puede justificar cuando las fuerzas de seguridad trabajan 24/7 por el estado de calamidad. Pero el millardo que va para el sindicato de educación es muy cuestionable.
  5. Planes de gasto público. Otro de los objetivos de estas ampliaciones presupuestarias es “impulsar” el gasto público que suman unos Q.1.3 miles de millones. En ese sentido, hay un monto de Q600 millones que irá a los Consejos Departamentales de Desarrollo (CODEDEs). Lamentablemente, la corrupción en los CODEDEs es enorme y lo más probable es que esos Q600 millones sean un botín que se repartirán los actores involucrados. También hay un presupuesto de Q724 millones para que el Ministerio de Comunicaciones ejecute varias obras.
  6. Fortalecimiento a la justicia. Se aprobaron unos préstamos que sumando llegan a Q1 millardo para fortalecimiento y modernización del sector justicia. Eso incluye un préstamo por US$60 millones para el MP y fondos para la cuestionable Oficina para la prevención de la tortura y la inoperante Contraloría de Cuentas. Eran compromisos previamente adquiridos.
  7. Servicio de la deuda. Hay Q1.2 miles de millones para pagar el servicio de la deuda pública. Quizá el único comentario que se puede hacer es si en ese rubro cabía la posibilidad de negociar algún acuerdo con los acreedores institucionales para demorar el pago de intereses dada la situación actual.

 

Como podrá apreciar el lector, hay una parte considerable de los gastos que se pudo cuestionar oportunamente. Es el caso del presupuesto para pagar al sindicato de educación. Por otra parte, hay fondos que tendrán un destino poco transparente como el dinero que irá a los CODEDES. 

Nadie puede cuestionar que los paquetes de rescate económico eran necesarios dado que una parte importante del sector productivo está paralizado por las medidas de distanciamiento social. La gran pregunta será, ¿será capaz el gobierno de ejecutar esos ambiciosos planes de ayuda? ¿llegará la ayuda a los más necesitados a tiempo y de forma transparente? ¿llegarán esos créditos a las empresas que lo necesitan de forma oportuna? ¿o cerrarán muchas empresas antes de que la ayuda llegue? Esperemos por el bien de nuestro país que el gobierno tenga éxito.

Facing the Coronavirus: the reality of the Guatemalan health system
35
Luis Miguel es Director del Área Social de Fundación Libertad y Desarrollo, catedrático universitario y tiene una maestría en Administración Pública de Escuela de Gobierno.
07 Apr 2020

El panorama para Guatemala frente a la crisis del COVID-19 no es alentador, nuestro éxito para enfrentar esta pandemia dependerá de la capacidad del gobierno de implementar medidas de emergencia y contención.

El sistema de salud guatemalteco vive en una permanente crisis provocada por la falta de recursos, el saqueo permanente del presupuesto del Estado y la falta de capacidades para diseñar e implementar políticas públicas que atiendan eficientemente las necesidades de salud de la población.

La crisis del COVID-19 colapsó los sistemas de salud de Italia y España, los cuales, según la Organización Mundial de la Salud, ocupaban los puestos 2 y 7 en el ranquin de los mejores sistemas de salud del mundo; Guatemala ocupa el puesto 78 de 100 países. Debemos estar conscientes que nuestro sistema de salud no tiene la capacidad de enfrentar esta emergencia. 

Con la aparición de un primer caso de posible contagio comunitario en Patzún, Chimaltenago; Guatemala podría comenzar a enfrentar la fase de aceleración de la epidemia. Ha llegado el momento de poner nuevamente la voz de alerta sobre el sistema de salud que nunca construimos.

Para el año 2016, el sistema de salud guatemalteco estaba compuesto por el sector público en el cual el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social atendió al 47.27% de la población, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social al 12.12% y Sanidad Militar y el Hospital de la Policía Nacional Civil al 1.21%. Por su parte, el sector privado atendió al 10.3%  de la población.

Estos datos reflejan que un 29.1% de la población no fue atendida por ningún servicio de salud formal. Estamos hablando de 4.8 millones de personas que seguramente no tienen acceso a servicios ni a tratamientos de salud o se automedican para evitar visitar un servicio de salud público o privado. 

Una gran mayoría de estas personas con acceso insuficiente o nulo a servicios de salud, residen en área rurales, mayoritariamente indígenas. Estás poblaciones además tienen muchos años afectadas por la pobreza, la insalubridad y los altos índices de desnutrición crónica, lo que reduce su capacidad de enfrentar cualquier enfermedad. 

Guatemala además cuenta con apenas 0.4 médicos por cada 1,000 habitantes. España e Italia cuentan con 4.1 por cada 1,000 habitantes, El Salvador tiene 1.6, Costa Rica 1.1, Panamá 1.6, Chile 1.1 y Colombia 2.1 médicos por cada 10,000 habitantes. El departamento de Guatemala concentra al 73% de todos los médicos del país, eso es 1 médico por cada 348 habitantes. En el otro extremo está Quiché, en donde hay 1 médico por cada 11,489 habitantes. 

Según el Banco Mundial, existen en el país 0.6 camas hospitalarias por cada 1,000 personas. Como dato comparativo Italia tiene 3.4, España 3.0, El Salvador 1.3, Costa Rica 1.2, Panamá 2.3, Chile 2.2 y Colombia 1.5 camas hospitalarias por cada 1,000 habitantes.

Los países que están teniendo algunos éxitos contra esta enfermedad, lo han hecho explotando las capacidades de sus sistemas de sanidad públicos. Guatemala es el país con el menor gasto público en salud como porcentaje del PIB de Centroamérica. Además el gasto total en salud de Guatemala es mayormente privado, como muestra el siguiente cuadro.

 

Guatemala es el único país en la región en donde el gasto privado es mayor al publico, sin embargo, en 2017, el sector público atendió precariamente a más de 10 millones de personas y el sector privado apenas a 1.7 millones. 

Lo que nos muestran los datos anteriores es que, en las condiciones económicas actuales, en donde la capacidad de gasto de muchas personas podría verse muy afectada debido a la paralización de la economía y la consecuente pérdida de empleos, un país como Guatemala se podría ver en serios problemas, pues la mayor parte de su gasto en salud se realiza en el sector privado y esto deja a una gran cantidad de población desprotegida, a merced de un sistema de salud público que ya se encuentra sobrepasado.

De hecho, desde hace muchos años tenemos datos y ejemplos de cómo los hospitales del sistema nacional de salud público están rebasados en sus capacidades, esto ha sido advertido por el Ministerio de Salud y reportados por los medios de comunicación:

  • En menos de 5 años la demanda de servicios de salud se incrementó en 10 millones de consultas pasando de 19.3 millones a 29.1 millones en 2016 y el 87.75% de las mismas fueron atendidas por el sector público, lo que llevó al colapso de varios hospitales y centros de salud en ese año.
  • La atención del Hospital General del IGSS superó su capacidad instalada. Al 31 de diciembre de 2015 habían sido trasladados 1,050 pacientes al Centro Médico Militar
  • Al año 2016, los hospitales del país tenían una capacidad operativa de 2.6 millones de casos y habían atendido 2.2 millones, operando, en promedio, a un 85% de su capacidad.
  • También en 2016, el hospital público de Jalapa, que tenía una capacidad instalada de 80 camas, para atender 29,200 casos, terminó el año con 36,205 casos, lo que significó operar en un 124% de su capacidad; en ese mismo año 6 hospitales más se encontraron funcionando en más de un 90% de su capacidad instalada. 
  • También el Hospital del IGSS en Izabal reportó la atención del 108% de casos que puede atender según su capacidad instalada (IGSS, Boletín estadístico de salud 2013). 

El panorama para Guatemala frente a la crisis del COVID-19 no es alentador, nuestro éxito para enfrentar esta pandemia dependerá de la capacidad del gobierno de implementar medidas de emergencia y contención que han resultado exitosas en otras latitudes y de lograr que los ciudadanos cumplan con las disposiciones gubernamentales. Dos tareas nada sencillas en un país con institucionalidad precaria.

El mundo del futuro cercano, con otras pandemias al acecho, demanda una reflexión profunda sobre la necesidad de salud pública de calidad, especialmente en países como Guatemala en donde la salud ya estaba en crisis antes de la pandemia.

A ciegas en un campo minado
115
Daphne Posadas es Directora del Área de Estudios Internacionales en Fundación Libertad y Desarrollo. Participa en espacios de análisis político en radio, televisión y medios digitales. Está comprometida con la construcción de un mundo de individuos más libres y responsables.
07 Apr 2020

Ante la confirmación de lo que podrían ser los primeros brotes comunitarios de coronavirus en el país es necesario la implementación de una estrategia agresiva de pruebas de detección. La cantidad escasa de insumos médicos para atender una tasa alta de contagiados hace fundamental obtener información para asignar eficientemente los recursos.

El pasado 5 de abril se confirmaron 5 casos más de covid19 en Guatemala, todos circunscritos en el municipio de Patzún, Chimaltenango. La cantidad total de infectados ya supera las 7 decenas. De acuerdo con las autoridades del Ministerio de Salud, aún no se ha logrado identificar la fuente de los contagios, lo cual los convierte en los primeros brotes comunitarios en el país. Con base en la experiencia alrededor del mundo, es a partir de este momento en que el número de pacientes positivos podría incrementarse de manera exponencial.

Al hacer un análisis comparado de las medidas que se han implementado por los países para atender la crisis, casos como los de Corea del Sur o Taiwán llaman la atención por su aparente efectividad. Pese a su cercanía con China, han logrado mantener de manera más o menos estable la tasa de contagios y mortalidad por el virus. Estos países aprendieron sus lecciones y lograron identificar las mejores estrategias para “aplanar la curva” en sus experiencias con los brotes del SARS (2002) y MERS (2015). Estas son básicamente tres: testeos masivos, uso de mascarilla y trazabilidad de los casos. Para el caso de Corea del Sur, se han efectuado casi 4,000 pruebas por cada millón de habitantes. En Guatemala, apenas 874 en total.

Además de la alta contagiosidad del coronavirus, una de las razones por las cuales resulta complicado detectarlo a tiempo es que presenta síntomas muy similares a los de una gripe común. El efecto de esto es que varias personas continúan con sus actividades cotidianas y desconocen su condición. Es precisamente en este escenario en el que se produce una ola de contagios masivos. Lo anterior, sin tomar en cuenta que, en al menos un tercio de los casos positivos, los pacientes son asintomáticos. Para dar un ejemplo, en Islandia se efectuaron pruebas a toda su población y el 50% de aquellos que resultaron positivos no presentaban síntomas.

El valor de las pruebas radica en la información que nos permiten obtener. En Guatemala hay una disponibilidad escasa de camas para cuidados intensivos, respiradores, personal médico, etc. En un panorama como este, resulta fundamental identificar hacia dónde deben estar dirigidos. Si logramos comprender quién está infectado, cómo se y dónde se produjo la infección, será posible asignar los recursos de manera correspondiente.

Hay mucha incertidumbre respecto al camino que se debe tomar para evitar que nuestro ya precario sistema de salud colapse. Las pruebas nos permiten recopilar datos y por tanto es posible hacer más eficiente la toma de decisiones respecto a la asignación de recursos. Además, tomando en cuenta el grave impacto económico que una cuarentena prologada puede provocar en nuestro país, será fundamental desarrollar decisiones tácticas para reducir el impacto de la crisis.

Este es un escenario atípico en la historia de Guatemala. Ante el desconocimiento y la incertidumbre vale la pena evaluar las experiencias de otros países e intentar mejorar nuestra respuesta a partir de esos ejemplos. Antes de que las cosas mejoren, la situación empeorará y mucho. Es por esto que nos encontramos en un momento crucial y que podría determinar el éxito o no de las medidas implementadas. Será fundamental la coordinación entre el sector público y privado para la gestión y análisis de las pruebas de detección, de lo contrario estaremos a ciegas ante un campo minado.

Enfrentando al Coronavirus: la realidad del sistema de salud guatemalteco
35
Luis Miguel es Director del Área Social de Fundación Libertad y Desarrollo, catedrático universitario y tiene una maestría en Administración Pública de Escuela de Gobierno.
07 Apr 2020

El panorama para Guatemala frente a la crisis del COVID-19 no es alentador, nuestro éxito para enfrentar esta pandemia dependerá de la capacidad del gobierno de implementar medidas de emergencia y contención.

El sistema de salud guatemalteco vive en una permanente crisis provocada por la falta de recursos, el saqueo permanente del presupuesto del Estado y la falta de capacidades para diseñar e implementar políticas públicas que atiendan eficientemente las necesidades de salud de la población.

La crisis del COVID-19 colapsó los sistemas de salud de Italia y España, los cuales, según la Organización Mundial de la Salud, ocupaban los puestos 2 y 7 en el ranquin de los mejores sistemas de salud del mundo; Guatemala ocupa el puesto 78 de 100 países. Debemos estar conscientes que nuestro sistema de salud no tiene la capacidad de enfrentar esta emergencia. 

Con la aparición de un primer caso de posible contagio comunitario en Patzún, Chimaltenago; Guatemala podría comenzar a enfrentar la fase de aceleración de la epidemia. Ha llegado el momento de poner nuevamente la voz de alerta sobre el sistema de salud que nunca construimos.

Para el año 2016, el sistema de salud guatemalteco estaba compuesto por el sector público en el cual el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social atendió al 47.27% de la población, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social al 12.12% y Sanidad Militar y el Hospital de la Policía Nacional Civil al 1.21%. Por su parte, el sector privado atendió al 10.3%  de la población.

Estos datos reflejan que un 29.1% de la población no fue atendida por ningún servicio de salud formal. Estamos hablando de 4.8 millones de personas que seguramente no tienen acceso a servicios ni a tratamientos de salud o se automedican para evitar visitar un servicio de salud público o privado. 

Una gran mayoría de estas personas con acceso insuficiente o nulo a servicios de salud, residen en área rurales, mayoritariamente indígenas. Estás poblaciones además tienen muchos años afectadas por la pobreza, la insalubridad y los altos índices de desnutrición crónica, lo que reduce su capacidad de enfrentar cualquier enfermedad. 

Guatemala además cuenta con apenas 0.4 médicos por cada 1,000 habitantes. España e Italia cuentan con 4.1 por cada 1,000 habitantes, El Salvador tiene 1.6, Costa Rica 1.1, Panamá 1.6, Chile 1.1 y Colombia 2.1 médicos por cada 10,000 habitantes. El departamento de Guatemala concentra al 73% de todos los médicos del país, eso es 1 médico por cada 348 habitantes. En el otro extremo está Quiché, en donde hay 1 médico por cada 11,489 habitantes. 

Según el Banco Mundial, existen en el país 0.6 camas hospitalarias por cada 1,000 personas. Como dato comparativo Italia tiene 3.4, España 3.0, El Salvador 1.3, Costa Rica 1.2, Panamá 2.3, Chile 2.2 y Colombia 1.5 camas hospitalarias por cada 1,000 habitantes.

Los países que están teniendo algunos éxitos contra esta enfermedad, lo han hecho explotando las capacidades de sus sistemas de sanidad públicos. Guatemala es el país con el menor gasto público en salud como porcentaje del PIB de Centroamérica. Además el gasto total en salud de Guatemala es mayormente privado, como muestra el siguiente cuadro.

 

Guatemala es el único país en la región en donde el gasto privado es mayor al publico, sin embargo, en 2017, el sector público atendió precariamente a más de 10 millones de personas y el sector privado apenas a 1.7 millones. 

Lo que nos muestran los datos anteriores es que, en las condiciones económicas actuales, en donde la capacidad de gasto de muchas personas podría verse muy afectada debido a la paralización de la economía y la consecuente pérdida de empleos, un país como Guatemala se podría ver en serios problemas, pues la mayor parte de su gasto en salud se realiza en el sector privado y esto deja a una gran cantidad de población desprotegida, a merced de un sistema de salud público que ya se encuentra sobrepasado.

De hecho, desde hace muchos años tenemos datos y ejemplos de cómo los hospitales del sistema nacional de salud público están rebasados en sus capacidades, esto ha sido advertido por el Ministerio de Salud y reportados por los medios de comunicación:

  • En menos de 5 años la demanda de servicios de salud se incrementó en 10 millones de consultas pasando de 19.3 millones a 29.1 millones en 2016 y el 87.75% de las mismas fueron atendidas por el sector público, lo que llevó al colapso de varios hospitales y centros de salud en ese año.
  • La atención del Hospital General del IGSS superó su capacidad instalada. Al 31 de diciembre de 2015 habían sido trasladados 1,050 pacientes al Centro Médico Militar
  • Al año 2016, los hospitales del país tenían una capacidad operativa de 2.6 millones de casos y habían atendido 2.2 millones, operando, en promedio, a un 85% de su capacidad.
  • También en 2016, el hospital público de Jalapa, que tenía una capacidad instalada de 80 camas, para atender 29,200 casos, terminó el año con 36,205 casos, lo que significó operar en un 124% de su capacidad; en ese mismo año 6 hospitales más se encontraron funcionando en más de un 90% de su capacidad instalada. 
  • También el Hospital del IGSS en Izabal reportó la atención del 108% de casos que puede atender según su capacidad instalada (IGSS, Boletín estadístico de salud 2013). 

El panorama para Guatemala frente a la crisis del COVID-19 no es alentador, nuestro éxito para enfrentar esta pandemia dependerá de la capacidad del gobierno de implementar medidas de emergencia y contención que han resultado exitosas en otras latitudes y de lograr que los ciudadanos cumplan con las disposiciones gubernamentales. Dos tareas nada sencillas en un país con institucionalidad precaria.

El mundo del futuro cercano, con otras pandemias al acecho, demanda una reflexión profunda sobre la necesidad de salud pública de calidad, especialmente en países como Guatemala en donde la salud ya estaba en crisis antes de la pandemia.